El último mes del 2001 se inició con el corralito, medida que tuvo efectos nefastos en la inconducente economía de aquellos años. A partir del 1 de diciembre comenzó a desmoronarse una estructura de poder que duró 25 años, desde marzo de 1976. Día por día, qué pasó en Mendoza y en Buenos Aires aquel verano en el que vivimos en peligro.
Cristian Ortega
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En unos días se cumplirán nada menos que 10 años del estallido del 19 y 20 de diciembre del 2001, cuando la mayor manifestación popular de la historia argentina expulsó del poder a Fernando de la Rúa y puso en tela de juicio a toda la clase dirigente política argentina.
Se trató de la culminación de una matriz económica y política impuesta a sangre y fuego el 24 de marzo de 1976, y que se extendió durante más de 25 años. El fin fue, nada menos, que desarmar el país industrial y justo socialmente que se construyó, no sin enfrentamientos, durante las décadas anteriores.
El modelo de la dictadura que no pudo cambiar Raúl Alfonsín y que profundizó hasta el paroxismo Carlos Menem dejó a uno de los países menos desiguales de América latina al borde de la desaparición –no es una exageración–, con la mitad de su población pobre y tasas de desempleo inéditas, con un Estado raquítico y con sus mayores recursos en manos privadas (y, en su mayoría, extranjeras) tras la década canalla de los 90.
En el 2001, con un patético Fernando de la Rúa, el notorio deterioro de las condiciones de vida y la manifiesta intención de la clase política de no cambiar la matriz económica para nunca ofender siquiera a los organismos internacionales de crédito, fue el año de la furia –sobre todo de la clase media argentina– que tomó las cacerolas y, con una vehemencia inusitada, le pasó factura a los personajes que siempre, indefectiblemente, pusieron primero los intereses del establishment nacional e internacional por sobre el bienestar del conjunto de la sociedad.
A continuación, el repaso de los acontecimientos, en Buenos Aires y también en Mendoza, de un mes que nos encontró a los argentinos preguntándonos por la existencia futura de la República, que vivió, tras el saqueo y las prácticas neoliberales, la crisis político-económica más dramática en 200 años.