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Mostrando entradas de octubre, 2010

Cachetada a la tibieza

Cuando un tipo importante se muere, el problema lo tienen los que se quedan. Porque los defectos del ido se minimizan y las virtudes se agrandan, y frente a esa percepción, la triste realidad no tiene qué hacer.
Se murió Néstor Kirchner, un tipo que sorprendió a la política argentina con un carácter inusual para la tibieza generalizada, que decía las cosas sin anestesia, que tiraba definiciones, que se la jugaba a todo o nada por lo que creía que era lo mejor. Lo hizo apenas asumió, allá por mayo del 2003, cuando generaba muchas dudas. Era el supuesto Chirolita de Eduardo Duhalde. La hizo bien Néstor. Se hizo el sumiso, aprovechó la estructura duhaldista y llegó a la Presidencia. Era consciente de que la sociedad argentina no le iba a dar los votos necesarios si mostraba su verdadera cara: la de la confrontación, el comentario hiriente, duro, las medidas de fondo que tocaron intereses poderosísimos como nunca antes desde el 83. Su discurso descarnado fue bien aceptado, se salió de la s…

Fayad, Cleto y una interna de ensueño

“Yo me pregunto a veces qué hace la UCR defendiendo a las AFJP, donde todos sabemos que cada tres pesos que se aportaban uno se lo llevaban para administrar, con ganancias fenomenales para los directores y el sector financiero. Eso que se decía, que la plata es para los aportantes, no es así. Yo tengo una muy triste experiencia personal con ese tema. Creo que no fue correcta la posición de la UCR, he sido muy crítico de eso. Soy muy crítico con el Gobierno (nacional) pero también soy muy crítico con mi partido, porque en algunas situaciones o toma de posiciones no entiendo qué hace la UCR. Por ejemplo, qué hace mi partido al lado de la Sociedad Rural, no sé qué hace el radicalismo al lado de las AFJP, no sé qué hace el radicalismo al lado de algunos sectores económicos muy importantes. Creo que hay que tener una posición más amplia y más generosa”.
El párrafo, durísimo si se lo sabe leer, le pertenece al intendente de la Capital, Víctor Fayad, dirigente radical de peso, no tanto por la…

Sufrimiento, delirio y golazo

El Pájaro, que parece no envejecer nunca, visitó Mendoza hace unos días, promocionando ese laburo muy bien pago para ex futbolistas llamado showball.
Hablo de Claudio Paul Caniggia, ese delantero rapidísimo que se puso las camisetas de River y de Boca, que se besó con el Diego en una cancha de fútbol y que hizo el gol más gritado de la historia futbolística del país.
Fue el 24 de junio de 1990, domingo, cerca del mediodía –comimos unas empanadas buenísimas–, nada menos que ante Brasil, lo que significó que los hermanos tuvieran que hacer las valijas. O sea, insuperable orgasmo futbolístico.
Según la información que me devuelve internet –¡qué fácil es buscar información hoy en día, por favor!–, ese partido se jugó en el Stadio delle Alpi, en Turín, Italia, a las 17 hora local y con el arbitraje del francés Joel Quiniou. El golazo del Cani lo vieron en persona 61.381 hinchas.

Ensayo sobre una tragedia con final feliz

El final feliz de la tragedia de los mineros chilenos ha marcado la agenda informativa mundial.
Basta darse una vuelta por internet y mirar los diarios del mundo para darse cuenta de la magnitud de la noticia.
Luego de que la mina en la que trabajaban colapsó, 33 personas vivieron 70 días bajo tierra. Estuvieron 17 días incomunicadas, período en el que se conjeturaron las más dramáticas y desesperadas posibilidades. Era, de cajón, un desmoronamiento más de un yacimiento minero, como los que suelen ocurrir en China, donde, indefectiblemente, mueren de a centenas los trabajadores de las profundidades.
Pero no. Un guiño del destino hizo que Chile no tuviera que sufrir otro drama, como fue el terremoto de finales de febrero en el sur del país, que se ensañó con las poblaciones más pobres que viven de la pesca. Ahí vimos y conocimos la otra cara del próspero Chile que suele ponerse como ejemplo de los economistas más ortodoxos. Era la contracara de los balnearios de la zona central –exceptuan…

Tropelías que se veían venir

Era una posibilidad cierta. En los corrillos tribunalicios, entre empleados, abogados y partes, se barajaba la posibilidad. Sin embargo, nadie aseguraba que fuera a concretarse, por la simple razón de que sería, en forma manifiesta, un desbarajuste jurídico poco menos que inverosímil.
Pero pasó. Ya no hay pruritos en la Justicia federal de Mendoza. No hay ni una pizca de vergüenza, profesionalismo ni respeto a las tan mentadas formas. No, nada de eso. Todo tiene que ver con el fondo de la cuestión y con hacer zafar, como sea, a los amigos. Amigos por demás complicados en cuestiones gravísimas, que han gambeteado por años, por décadas, las investigaciones y la rendición de cuentas de lo que hicieron, o dejaron de hacer, durante los años de la última dictadura militar, período que nos persigue y no nos quiere soltar, nos hace hablar, escribir, analizar casi todo con la obligación de tener en cuenta la perspectiva de aquellos años. ¿Por qué? Porque, como se ha comprobado ampliamente, en e…