De qué se trata

Según una máxima del periodismo, una noticia tiene que contestar cuatro preguntas: Qué, Quién, Dónde y Cuándo (What, Who, Where, When). Se trata de la teoría de las cuatro W. Pero si queremos ir más allá, tenemos que responder la quinta W: Por qué (Why). Esa es la idea. Bienvenido.

28 de mayo de 2013

Hace 10 años ganaba Menem y nacía el kirchnerismo



Por Cristian Ortega
cristianortegamahan@gmail.com


El 27 de abril del 2003 fue el día elegido por el presidente interino Eduardo Duhalde para que la ciudadanía argentina, tras años de incertidumbre política, crisis económica y descalabro social, pudiera elegir a su conductor por los próximos 4 años.
Casi tres años y medio antes, el radical Fernando de la Rúa derrotaba al mismo Duhalde, con la promesa de acabar con la corrupción enquistada en el Estado de la mano del menemismo, aunque sin tocar la matriz económica, neoliberal, atada a la necesidad de un endeudamiento constante para mantener la paridad entre el peso y el dólar estadounidense.
Ese modelo explotó en diciembre del 2001, cuando la ciudadanía reaccionó al último manotazo del gobierno de la Alianza por salvar el sistema financiero a costa de limitar el uso del dinero de los ahorristas. El corralito y las medidas económicas nocivas para el común ciudadano, quienes explotaron a fuerza de manifestaciones y protestas en todo el país, más el vacío de poder al que sometió el justicialismo a De la Rúa, condujeron al fin de su gobierno, de dos años y unos días de duración.
Tras los cinco presidentes en una semana, el senador Duhalde fue designado por el Congreso presidente interino. Anuló la ley de Convertibilidad, devaluó el peso y comenzó a intentar ordenar un Estado saqueado, sin poder e incapaz de enfrentar sus más elementales obligaciones.
En junio del 2002, una manifestación de las tantas de la época protagonizada por desocupados, terminó en tragedia. Efectivos de la Policía bonaerense ejecutaron a los jóvenes activistas Maximiliano Kosteki y Darío Santillán en el puente Avellaneda. Ese hecho fue clave para que Duhalde determinara la fecha de las elecciones. Eligió el 27 de abril del 2003.


campaña. La atomizada política argentina, que poca respuesta había sabido dar a la crisis económica y social, se preparó para unas elecciones atípicas. Podrían competir la cantidad de candidatos que quisieran. Y todas las encuestas indicaban que por primera vez en la historia argentina, se debería definir en segunda vuelta al nuevo presidente, ya que ninguno lograba el mínimo necesario de votos para imponerse en primera vuelta ni se perfilaba para sacarle una diferencia importante al segundo.
El ex presidente Carlos Menem; el gobernador de San Luis, Adolfo Rodríguez Saá (presidente una semana en diciembre del 2001); el mandatario de Santa Cruz, Néstor Kirchner; la diputada nacional Elisa Carrió; el economista Ricardo López Murphy y el radical Leopoldo Moreau conformaron las cabezas de fórmula con mayores posibilidades de éxito.
Menem, Rodríguez Saá y Kirchner representaron las distintas líneas internas dentro del peronismo de la época; los otros tres candidatos fueron o eran radicales: López Murphy, Carrió y Moreau, candidato por la UCR.
El escepticismo de la ciudadanía, tras la década menemista que entre otras banderas predicaba el fin de la política, más la desilusión de la Alianza y la seguidilla de presidentes, no se disipaba, y los argentinos veían con desconfianza el proceso electoral. Asimismo, los acontecimientos de los últimos años, más la imagen de un Duhalde siempre en jaque, socavaron la autoridad presidencial.
Recién en la última semana de la campaña, los argentinos comenzaron a prestarles un poco más de atención a los candidatos. Lejos de los demás, se destacaban Menem y Kirchner.
El primero blandía su experiencia como presidente de la Nación durante 10 años, a su vez, prometía devolverle al país la estabilidad perdida, de la mano de un nuevo capítulo de la Ley de Convertibilidad o –era una posibilidad– dolarizando la economía argentina completamente.
Asimismo, Menem se encargaba de dejarles en claro a los grupos de poder y a los sectores de la derecha argentina que su plan de gobierno sería una réplica de la receta de los 90, que justamente terminó provocando el estallido del 2001. Días antes de las elecciones, Menem cenó con los empresarios mineros en el Hotel Alvear, de Capital Federal, y allí comentó: “Me gusta la derecha”.
Su casamiento con la ex Miss Mundo Cecilia Bolocco, el año anterior, derivó en el embarazo de la conductora chilena: 10 días antes de las elecciones, Menem confirmó que sería padre nuevamente.
Por otro lado, Kirchner crecía bajo el ala de Duhalde, quien lo había elegido para enfrentarse a Menem. “Es su Chirolita”, lo descalificaban al patagónico, con la idea de instalar que no tenía criterio propio y que sería un mero instrumento para que el bonaerense siguiera en el poder.
Su estilo no llamaba aún demasiado la atención. Sí el de su mujer, la legisladora nacional Cristina Fernández, quien intentaba no dar entrevistas y aparecer sólo con su marido en los medios para no socavar su limitado conocimiento.
Era una novedad entre los encuestadores de la época, que la ciudadanía argentina eligiera el “voto útil” en vez del “voto bronca” que tanto auge tuvo dos años antes, en la elecciones de medio término de octubre del 2001, cuando el desencanto con la clase política en su totalidad alcanzaba un auge que se extendería por varios meses más.
En Mendoza, con el radicalismo en el poder, el entonces gobernador Roberto Iglesias mandó a sus colaboradores a decirle a la cúpula nacional de la UCR que apoyaría a López Murphy en detrimento del candidato oficial, Moreau.
Por aquel tiempo, el centenario partido pagaba con lágrimas el descalabro de la Alianza. En esos comicios se palparía la crisis partidaria que sufrían los muchachos de Alem.

de campaña. El programa de almuerzos de Mirtha Legrand se convirtió en una parada obligada para los candidatos en carrera. En los días previos a la elección, todos pasaron. Se destacó la presencia de Kirchner con Cristina y su compañero de fórmula, Daniel Scioli, y su esposa, Karina Rabolini. La diva de los mediodías no quiso aceptar una boleta con la fórmula, porque dijo: “Voy a votar a otro”.
López Murphy en su almuerzo con Mirtha descartó un aumento para los jubilados, muy golpeados por los bajos ingresos y el recorte que les aplicó la Alianza.

la elección. El domingo 27 de abril del 2003, se realizó una de las elecciones más importantes de la historia argentina. El día transcurrió tranquilo, y, como se preveía en las encuestas de los días anteriores, la opción fue peronista.
Carlos Menem se alzó con 24% de los votos, seguido por Néstor Kirchner con 22%, quedando como los dos candidatos que competirían por la Presidencia en la segunda vuelta establecida para el domingo 18 de mayo.
En tercer lugar quedó López Murphy, con 16,6% de los votos; cuarta Carrió, con 14,4%; quinto Rodríguez Saá, con 13,9%, y último el radical Moreau, con 2,3%.
Inmediatamente, se comenzó a hablar de “modelos de país”, centrados en lo económico.
“Uno es de economía abierta sin anestesia y de integración inevitable a las corrientes económico-financieras internacionales. Con búsqueda de capitales extranjeros y una mirada gélida sobre las bajas que va dejando el modelo. Pero con estabilidad en las variables internas –promovida por la restricción de dinero en circulación– y, al menos en la experiencia conocida, con tipo de cambio fijo”, se describió en Los Andes del 28 de abril del 2003 respecto al plan de Menem.
“Otro es el de la economía más centrada sobre sí misma. Más pensada en un modelo productivo, con privilegio en la producción por sobre la competencia implacable. Y con una forma más crítica de plantarse ante los organismos financieros internacionales. En cuanto al tipo de cambio, una flotación libre, si es posible alta, para favorecer las exportaciones”, refería el mismo diario sobre la idea de Kirchner (y Roberto Lavagna, ministro de Economía de Duhalde y que continuaría en su cargo).
Rápidamente, la noche del día de la elección, con los resultados publicados, el gobernador Iglesias dejó trascender que se inclinaría por Kirchner. Y tras el discurso del 1 de mayo en la Legislatura, blanqueó su posición: “Yo no comparto algunas de las cosas que hace Kirchner, aunque otras sí. No me da lo mismo que gane cualquiera. Pero, hasta ahora, si analizo lo que hizo un candidato y otro, no me cabe ninguna duda de que lo de Menem no ha sido para nada de nuestro agrado”.
Por su parte, Menem intentó dar una señal de control absoluto de la situación, anunciando a su eventual gabinete, y ratificó a Carlos Melconian como su futuro ministro de Economía.

el que se bajó. A los pocos días, comenzaron a circular rumores que indicaban que Carlos Menem no competiría el 18 de mayo.
La razón principal era la posibilidad cierta de que Kirchner le propinara una derrota apabullante. Las primeras encuestas tras la definición de la primera vuelta, indicaban que 7 de cada 10 argentinos se inclinarían por el patagónico en detrimento del riojano.
El 5 de mayo, tomó fuerza la posibilidad de que Menem no compitiera el 18 de mayo. “Sólo a un borracho se le ocurre eso”, dijo.
El 7 de mayo, Menem almorzó con Mirtha Legrand. Admitió que corría de atrás. “Pero en el 89 pasaba lo mismo. No perdí nunca y no pienso perder”, afirmó, y se quejó: “Duhalde me odia”.
Mientras tanto, Kirchner comenzaba a comportarse como presidente. Fue recibido por Lula en Brasil y por Ricardo Lagos en Chile como presidente argentino en funciones.
En la guerra psicológica de plena campaña, Menem, ya muy atrás en las encuestas, admitió que Kirchner podría derrotarlo, e inmediatamente sembró dudas sobre si podría o no terminar su mandato. En unas confusas declaraciones, dijo Menem que temía que el pueblo se levantara contra Kirchner, y que este debiera abandonar el poder, y remató con la idea de que el “mandadero” de Duhalde tenía como plan “terminar el proyecto que quedó trunco por el golpe de Estado de 1976”, acusando sin decirlo a Néstor y a su mujer, Cristina, de haber pertenecido a Montoneros.
A seis días de la segunda vuelta, otra vez volvió a sonar con fuerza la versión de que Menem podría no competir. Finalmente, el miércoles 14 de mayo, el ex presidente anunció que no competiría en la segunda vuelta, acusando al Gobierno nacional de “maniobras”. “No está garantizado el proceso de legitimidad democrática en la segunda vuelta”, dijo.
Inmediatamente, comenzó la estrategia de Kirchner para lograr legitimizar su presidencia, a la que accedería con la menor cantidad de votos de la historia argentina: apenas 22%, unos 4,3 millones de votos.
El 25 de mayo, ante la Asamblea Legislativa en el Congreso de la Nación, Duhalde le puso la banda presidencial y comenzó un proceso político que cumple 10 años.

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