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Hace 10 años, La Marchigiana prohibía la entrada a políticos

Si hay un restaurante tradicional en Mendoza, ese es La Marchigiana. Es el preferido de empresarios y políticos, que no dudan en ocupar las mesas y sentirse como en casa. 
Hace 10 años, cuando el país se debatía entre continuar como tal o disolverse, por la tremenda crisis fiscal, el Gobierno nacional dejó de girar fondos para los comedores comunitarios, concurridísimos en aquellas épocas de vacas flacas. 
Fernando Barbera era –y es– uno  de los colaboradores más entusiastas de aquella forma de contención social directa que les daba a los más pequeños el derecho constitucional a alimentarse y, de ahí, intentar proyectarse. Cuando comenzaron a escasear los fondos para las cuestiones más elementales, siempre con la intención de pagar deuda y cumplir con las ridículas condiciones del FMI, los pibes quedaron a la deriva. 
Entonces fue cuando Barbera reunió a sus padres y a sus empleados y les planteó la idea: prohibirles la entrada a políticos y funcionarios  públicos a La Marchigiana hasta quese recompusiera el envío de fondos para los comedores comunitarios. La decisión la transmitió a través de una solicitada, que, como era de prever, levantó una polémica afiebrada. 
A 10 años de aquel hito de la fractura entre dirigencia política y sociedad, el dueño del restaurante más tradicional de Mendoza cuenta los porqués de la decisión, los errores que ahora observa y su visión como actor comprometido. 

¿Cómo surgió la idea de no dejar entrar a políticos ni funcionarios a La Marchigiana? 
Surgió porque se habían suspendido los subsidios a los comedores comunitarios. Lo que quisimos hacer fue una defensa del derecho constitucional a la alimentación. Eso, desde la parte legal, ni hablar de la parte moral y ética. Publicamos  una solicitada en la que propusimos que se suspendieran los privilegios o se bajara el número de asesores, pero que no se suspendieran los subsidios a los comedores. Y hasta tanto se restableciera el derecho de alimentación, prohibíamos la entrada de políticos y funcionarios públicos al restaurante. 

¿Fue una movida exclusiva de La Marchigiana o hubo otros involucrados? 
Fue exclusiva del restaurante. Nosotros llevábamos muchos años trabajando con comedores comunitarios, con Conin, con comedores barriales, entonces, estaba enterado del tema de primera fuente. Quizás fue un error no haberlo planteado a nivel común, con otros actores. Igual, creo que el error principal fue querer defender un derecho muy importante, como es el de la alimentación  de los chicos, tomando una acción que, por un lado, generalizaba, no diferenciaba al político corrupto del político honesto y, por otro lado, no alentaba la colaboración entre sectores. 
A lo lejos, creo que ayudó a dividir más a la sociedad. Fue una confrontación. Sí, un poco. Yo ya venía cargado con lo de los comedores comunitarios, me decían que no tenían comida para los chicos. Venías juntado bronca... Exactamente. Y por otro lado, el día que asumió (Adolfo) Rodríguez Saá  hizo un gesto como si hubiera hecho un gol, con los puños apretados y una sonrisa terrible. Yo veía esa sonrisa con el país en llamas y se me  desdibujó la cara. Uno de mis hijos,en ese entonces de 11 años, me preguntó: “¿Cuándo nos vamos a ir del país?”. En ese momento  pensé: “Si me quedo, algo tengo que hacer, tengo que participar”. Yo no estaba de acuerdo con la idea del “que se vayan todos”, sino del que participemos todos. 
Porque alguien tiene que cumplir con la función pública. Y lo tienen que hacer los políticos, que se preparan para eso. No es sólo que tienen que ser eficientes, las políticas públicas deben ser mucho  más que eficientes en el uso de los fondos, hay que ser equitativo, tener visión de largo plazo.Es un trabajo complicado.
Es mucho más complejo que manejar una empresa y tiene variables muy diferentes de las de una empresa. Si fuera por ser eficiente, deberías dejar fuera a un montón de gente, y justamente, en políticas públicas, es todo lo contrario, tienen que hacer digna la vida de todas las personas. 

¿Te arrepentiste de haber hecho esa movida?
No me arrepiento, porque me sirvió personalmente para empezar a trabajar en cosas públicas, meterme en cuestiones políticas, aunque no partidarias. También sirvió para que muchos reflexionaran. Por ejemplo, fue el punto de partida para la creación del Banco de Alimentos.
Fue una bisagra en mi forma de trabajo. Sí dolió haber lastimado a algunas  familias sin intención, porque la idea era defender el derecho a la alimentación, no lastimar a una familia. Pero, por ejemplo, al otro día vino  Gabriel Fidel (entonces subsecretario de Turismo), compañero de estudios de mi hermano que falleció; era un pibe que veía todos los días en mi casa, y me dijo: “Me sacaste las ganas de hacer política”. Yo no entendía. En el lugar en el que estaba parado, no alcanzaba a ver el impacto que podía ser para el hijo de un político o para una familia que no lo dejara entrar al restaurante, creo que no pude sacar al político de su rol y ver su lado humano, que es padre de familia,  eseaspecto no lo tuve en cuenta. Estaba convencido de que estaba defendiendo el derecho a la alimentación  de los chicos. Igual, luego sí tuve oportunidad de pedirles disculpas a varios conocidos.

¿Viviste de cerca otro caso?
Hace unos días estuve tomando un café con Carlos Balter, cuyo padre fue el médico de mi abuela, y me contaba cómo lo había vivido. Me contaba qué es La Marchigiana para él. Yo pensaba que el restaurante era mío, pero, en realidad, yo soy sólo el dueño del edificio. Para mucha gente, al ser un espacio de uso público, el restaurante es un poco de ella, por las cosas que ha vivido ahí. Hubo varios políticos de los que, por ahí, sos amigo de otros lugares y cayeron  todos en la barrida. Y seguro que a los políticos corruptos no les hizo ni cosquillas. La idea estaba  apuntada a restablecer el derecho a la alimentación, simplemente. Pero, sin dudas, llamaste la atención. Claro, era la forma de decir: “Muchachos, no nos olvidemos de los chicos, estamos en una  crisis terrible, pero los chicos tienen que seguir comiendo”.

¿La decisión se tomó de común acuerdo con los empleados? 
La decisión se tomó en conjunto con mis viejos y con los empleados. La  idea fue mía, pero lo consulté primero con la gente. Yo sabía que nos iba a impactar en las ventas, porque muchos políticos son clientes del restaurante. Les dije que era un riesgoque  pensábamos. Hubo consenso y lo hicimos. Hoy, ¿La Marchigiana le prohibiría el ingreso a alguien? No es mi intención dejar fuera a nadie, como no fue la intención principal hacerlo en el 2001. Si uno se pone muy estricto, quizás me tenga que dejar fuera a mí mismo. Yo no creo en la ética pura y absoluta, creo en la ética de lo posible, creo que uno va intentando mejorar, aprender y no es mi rol dejar fuera a nadie.

¿Cuánto duró la restricción? 
Hasta febrero del 2002, si mal no recuerdo. Hicimos la primera solicitada cuando asumió Rodríguez Saá, que fue lo que me hartó, me dije que no podía quedarme callado. Después, muchos políticos hablaron acerca de la prohibición, me comí muchos  insultos de ellos a través de los medios, eso hizo que mucha gente escribiera a los diarios en contra de los políticos. Y se armó la típica Boca-River, o estás de este lado o estás de aquel, tan argentino.
Yo esperé un tiempo y mandé una carta explicando los motivos y pidiendo disculpas a los que ameritaba; que la idea  no era separar, sino que los chicos comieran; que lo público lo deben administrar los políticos. Luego, en febrero, cuando se restableció el derecho de alimentación, con una solicitada les pedimos disculpas a los políticos honestos; cada uno sabrá si le cabe o no la disculpa.  Si hoy tomara una acción no sería dejar fuera a tal o cual, sinogenerar diálogo intersectorial  para solucionar tal  problema.
Creo que es lo que nos falta como sociedad. En todos los temas, siempre nos paramos en dos veredas y nos tiramos piedras. Y no nos sentamos a dialogar sobre cómo solucionar tal o cual cosa. Claro, tenemos que sentarnos todos a ver la mejor forma de resolver tal cuestión, y llamar a los que saben. 
Es evidente que las decisiones políticas las tiene que tomar un funcionario, la síntesis de las contradicciones debe estar en manos de los políticos, deben sintetizar para apuntar a un camino común. Pero la construcción de políticas públicas la tenemos que hacer entre todos, porque lo público es lo de todos. Tenemos que aprender eso como sociedad. ¿Cuándo vino la ONG Valos? Tras la solicitada, nació el Banco de Alimentos. Al año me invitaron a Brasil, a una cuestión de Responsabilidad Social Empresaria (RSE), de la que no había escuchado. Y me dije: “Esto es lo que quiero”, porque yo trabajaba en el restaurante, y cuando cerraba, salía a trabajar
en algún comedor, entonces, es como que había dos Fernandos, el empresario y el que trabajaba en lo social. Cuando vi la RSE, me di  cuenta de que podría ser la misma persona las 24 horas.  Aprendí que podés tener una empresa y no  tener a tu hijo con vergüenza cuando estás haciendo un negocio. Por ejemplo, compramos los uniformes en una escuela de emprendedores local, así estamos generando inclusión social a través de nuestra misma compra.

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