De qué se trata

Según una máxima del periodismo, una noticia tiene que contestar cuatro preguntas: Qué, Quién, Dónde y Cuándo (What, Who, Where, When). Se trata de la teoría de las cuatro W. Pero si queremos ir más allá, tenemos que responder la quinta W: Por qué (Why). Esa es la idea. Bienvenido.

15 de noviembre de 2011

A diez años del estallido del 2001: Roberto Iglesias

A continuación, una entrevista realizada por Daniel Calivares (@danicalivares) al gobernador de Mendoza en aquellos años, el radical Roberto Iglesias. El material fue publicado originalmente en diciembre del 2008 en El Sol (www.elsolonline.com), aunque vale la pena repasarlo. Va la versión completa.

Roberto Iglesias, gobernador durante la crisis del 2001: “El 20 de diciembre a De la Rúa lo acompañamos sólo tres gobernadores”

Por Daniel Calivares


Hace siete años, diversos puntos del país se transformaban en una marea de personas que sólo reclamaban una cosa: que el entonces ministro de Economía, Domingo Cavallo, renunciara a su cargo.
Hacia meses que venía haciendo eclosión una crisis que había comenzado con un modelo económico que se había impulsado durante la última dictadura militar y que el gobierno de Carlos Menem se había encargado de profundizar durante la década del 90.
Ese mismo modelo, que provocó que el justicialismo perdiera las elecciones contra la Alianza, encabezada por Fernando de la Rúa y Carlos Chacho Álvarez, siguió subsistiendo y terminó de sucumbir el 20 de diciembre con la renuncia del mandatario a la magistratura nacional, tras dejar a su paso miles de nuevos pobres e indigentes y más de 30 muertos por una salvaje represión desatada en Capital Federal, Córdoba y Rosario, principalmente.

En Mendoza. Mientras el gobierno de De la Rúa caía, en Mendoza, el gobernador Roberto Iglesias intentaba que en la provincia no ocurriera lo mismo que mostraban las imágenes de televisión.
No era casualidad que hubiera preocupación, de hecho, los primeros saqueos ocurridos en esos días habían comenzado en Mendoza, lo que había llevado al Gobierno provincial a hacer un reparto masivo de alimentos y a reducir cualquier intento de saqueo en supermercados u otros locales comerciales.
Al mismo tiempo, Iglesias desde hacía tiempo se mostraba crítico del Gobierno nacional y algunos de sus funcionarios opinaban de la misma forma que la gente: era hora de que Cavallo se fuera.
No obstante, ni Iglesias ni ningún otro funcionario veía que la salida para terminar la crisis también fuera la renuncia del presidente.
Siete años después de esos hechos que llevaron a que Argentina tuviera 5 presidentes en 11 días, Iglesias cuenta cómo fueron esos momentos en Mendoza y en la Casa Rosada, rememorando que él fue una de las últimas personas que estuvieron junto a De la Rúa antes de que decidiera tomar ese helicóptero que se convertiría en una imagen recordada por siempre.


¿Qué es lo que recuerda de esos días, en los que ocurrían los primeros saqueos en Mendoza?
La verdad es que no soy muy memorioso para plantear en detalle, pero puedo plantearlo globalmente. Cuando uno está metido en el problema, lo único que busca son soluciones, está tratando de mirar para ver cuáles son las medidas que hay que tomar para paliar las circunstancias de coyuntura y después ver qué hay que hacer para lo estructural. Creo que en Mendoza se observaron los primeros atisbos, aunque no sé por qué motivo. Lo importante es que nosotros veníamos con una red de cobertura. Por la problemática social aquí se fue tomando una serie de medidas, como el Plan Jefas de Hogar, que luego se transformó en un plan nacional. En ese sentido habíamos creado un red importante, por ejemplo, también estaban los Vale Más, que fueron una muy buena respuesta en la crisis, que tenía que ver con que los fondos del Estado no fueran a unos pocos sino que se diseminaran en una estructura muy pequeña de almacenes y pequeños supermercados que eran los que estaban siendo afectados también por al crisis, entonces inventamos un sistema que me parece muy bueno. Por eso digo, que
nosotros veníamos viendo esto, así que, inmediatamente, salimos a dar respuestas, a punto tal, que en Mendoza, los primeros atisbos los sorteamos y después siguieron en orden nacional hasta con muertos en Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe, en tanto que en Mendoza se pudo controlar la situación. Entonces creo que hubo previsión, respuestas rápidas, estábamos alertas a los problemas y habíamos tomado medidas anteriores a la problemática social que se venía avecinando, así que no tuvimos que pasar momentos críticos muy graves, no hubo heridos, no hubo muertos, se contuvo una problemática social gracias a la previsión y a la respuesta rápida.

Entre que comenzaron los saqueos el 13 de diciembre y la renuncia de De la Rúa imagino que hubo varias reuniones de Gabinete ¿qué se decía en ellas sobre la situación que se estaba viviendo?
No hubo situaciones diferentes, porque yo tenía una mecánica de contacto permanente, o sea, no hubo necesidad de hacer cosas demasiados especiales. Siempre habíamos venido discutiendo permanentemente, había reuniones semanales en las cuales verdaderamente se discutía y yo tenía contacto directo con los ministros todas las semanas. Veíamos la problemática, los ministros se consultaban entre ellos, en ese sentido quiero destacar la calidad de los ministros que tuve y creo que eso habla de por qué no tuve que cambiar ministros, ni siquiera en Seguridad, área en la que ha habido tantos cambios después.

¿Qué falló de ese gobierno nacional? Porque usted ya era crítico con De la Rúa a pesar de ser ambos de la Alianza, de hecho hay una diferencia importante entre las críticas al Gobierno nacional y al provincial que comandaba usted.
Primero porque la problemática era nacional pero el problema de fondo resultó por una misma incoherencia o contradicción que tiene la sociedad. La Alianza se presentó como un proyecto muy coherente, todos los participantes de la Alianza habían peleado contra el proyecto de Menem, era el radicalismo en su conjunto y sectores del peronismo encabezados por Chacho Álvarez, por lo tanto tenía un sentido muy fuerte, por eso a los críticos de la Alianza, les digo que tengan mucho cuidado, sobre todo con algunas cosas que se están haciendo ahora, porque la Alianza era muy coherente pero no supo hacer un proyecto común para ofrecerle a la ciudadanía. La Alianza se presentó como una alternativa en contra del modelo menemista y la gente lo tomó de esa manera, pero, en realidad, la gente no quería que se cambiara, porque yo recuerdo que Duhalde salió a decir que había que devaluar y la gente se espantó, por lo que De la Rúa tuvo que salir a decir un peso, un dólar, y entonces fue la muerte de un proyecto distinto, quedamos atados al mismo proyecto de Menem. A lo mejor se había dado la lucha contra la corrupción, que era uno de los temas menemistas pero en cuanto al programa económico y social, sustancialmete, la Alianza tuvo que atarse a la convertibilidad. Salir de esta era incendiar el país, y De la Rúa, que fue un hombre que dudaba mucho, que no tenía ese carácter fuerte de otros dirigentes, no supo cómo hacer para cambiar y comenzaron las peleas dentro de la Alianza, seguimos con el mismo modelo e inexorablemente estalló. Lo que sí quiero recalcar es que al no crear un programa distinto y tener que atarse porque la sociedad lo obligó de alguna manera, entonces quedó atado al uno a uno y el punto de la cuestión era romper con la convertibilidad. Yo, sinceramente, creí que Cavallo, el padre de la convertibilidad –nunca estuve de acuerdo con él–, era el único que podía desatar esto pues era el que lo armó pero él tampoco sabía como desatarlo y el país se incendió, eso fue el problema. En cambio aquí hubo decisión, mientras que De la Rúa fue un pasar, una agonía de una enfermedad a la cual no le puso nada.

¿La renuncia de Cavallo se produjo tardíamente?
No, porque ya Cavallo era la última alternativa que quedaba, no había nadie en Economía que pudiera venir. Tal es así que cuando asumió Duhalde tuvo una serie de crisis y creyó que lo arreglaba con Remes Lenicov, pero este tampoco tenía las respuestas, y después, la venida de Lavagna que tomó las medidas en el momento oportuno, pero no había economistas. Yo recuerdo esa semana en que se fue Remes Lenicov que se dijo e hizo cualquier barbaridad.

Pero Cavallo era un emblema del gobierno menemista, ¿convocarlo no era una incoherencia si lo que se quería era alejarse de ese modelo?
Es que todo era incoherente. La realidad es que había una crisis que estallaba y había que encontrar una solución por algún lado. Hubo mucha resistencia dentro del partido a lo de Cavallo, pero, en definitiva, lo trajo Chacho, él venía insistiendo con que era Cavallo el que tenía que agarrar las riendas de Economía. Desde mi punto de vista, la única posibilidad que tenía lo de Cavallo era esta, había que tragarse un sapo pensando que el padre del que había armado esto era el único que podía desatar esto que para mí era un corsé de hierro.

La renuncia de Cavallo en su momento fue pedida por el justicialismo, el mismo partido que en su momento lo había ensalzado, ¿no es siempre una incoherencia política?.
Bueno, nosotros también fuimos incoherentes. En realidad es el mismo Chacho que ya venía proponiéndolo, el que lo llevó a Olivos a una reunión, eso era incoherente porque el mismo Álvarez era uno de los que más legitimidad tenía de quienes estaban en contra del gobierno menemista, pero creo –y creo que todos pensaron– que Cavallo era el único capacitado para desenredar esto. Él empezó con esto de que había que tener una canasta de monedas, con los temas de competitividad que podían ser la base para una salida de la convertibilidad no conflictiva. Él se sentía completamente seguro, estaba convencido de que salvaba el país.

En su opinión, ¿lo dejaron sólo a De la Rúa?
Sí, lo dejaron solo. Yo no tenía mucho para opinar, yo nunca estuve de acuerdo con De la Rúa, lo que sí, después en el gobierno había que ponerle el lomo. El 20 de diciembre lo acompañamos tres gobernadores y algunos miembros de su gabinete, ni siquiera estaba el presidente del partido, los que estábamos ahí éramos el recién electo en ese momento al frente de Corrientes, Ricardo Colombi; el gobernador de Chubut, José Luis Lizurume, y yo. El resto del partido había desaparecido. Como siempre, el radicalismo de la provincia de Buenos Aires que es el que impulsa a De la Rúa, da la gran pelea y lo lleva a la cabeza, después, de alguna manera, lo termina abandonando, se empiezan a distanciar. Yo no sé si hubo algo más, si hubo algún propósito o connivencia para derrocarlo. Esto se ha dicho mucho, pero la realidad es que sólo quedamos tres en la Casa Rosada hasta las 5 de la tarde, cuando él decidió renunciar.

Es decir, que fue testigo de uno de los momentos históricos del país. ¿Cómo era el clima que se vivía en la Casa Rosada en ese momento?
Era caótico, primero porque el 19 había habido una manifestación popular que se la habían perdido todos los activistas sociales y políticos, no se la imaginaron ni el Gobierno ni la oposición, fue una protesta absolutamente natural. Uno la veía en las calles, yo estaba allá, no había dirigentes ni banderas. En cambio, al otro día si había activistas, ahí fue gente que no sólo fue protestar ante un gobierno que se caía, sino que fue a provocar y venía en oleadas y quería tomar la Casa Rosada. A mí me consta y terminó en lo que terminó, lamentablemente. Ya era todo caótico, se escuchaban tiros, gente que se iba, el jefe de Gabinete, Colombo, estaba vencido. Había dos posturas, una era la de Gallo, que le decía a De la Rúa que no tenía que renunciar y la otra era la de Rodríguez Ballarini, que le decía que inexorablemente se tenía que ir. Recuerdo que hubo una frase, nosotros decíamos que algo había que hacer pero no había quien lo acompañara, ya que el partido y el justicialismo se habían hecho a un lado y Rodríguez Ballarini le decía a De la Rúa, “Fernando, no te dejés convencer, si vos no renunciás vas a tener que devaluar y la gente no se va olvidar de vos”, pero la gente no se olvidó de todas maneras.

Una semana después, en ocasión de la renuncia de Rodríguez Saá, él acusa a dirigentes justicialista de privilegiar la interna antes que la Nación. ¿Ocurrió lo mismo con la Alianza, el justicialismo se interesó más en obtener la presidencia que en ayudar?
Yo creo que hubo movidas políticas y de todo tipo que empujaron a De la Rúa adonde estaba. De todos modos no es justificativo, él no hizo nada por evitarlo. Inexorablemente, el país caía por un embudo hacia ese lugar, aunque se lo hubiera querido ayudar no sé si se lo hubiera podido sacar. También es cierto que en el momento del incendio, el justicialismo estaba haciendo su propia disputa interna. Tal es así que todos hablaban que en marzo del 2002 debía haber elecciones y era un estupidez, una irresponsabilidad pensar que se podía llamar a elecciones en medio de un país incendiado, solamente mentes afiebradas, enloquecidas por el poder podían pensarlo y eso es el peronismo. De todas maneras, más allá de las críticas que pueda recibir Duhalde, trató de encaminar la cosa, incluso, con el apoyo de todos los gobernadores para que no se cayera otro gobierno.

Volviendo a la Casa Rosada, hay libros como Días de Furia, de Jorge Camarasa, que afirman que a De la Rúa miembros de su gabinete le piden que ordene un cese a la represión porque había muertos y el presidente contesta que no se debe creer a los medios. ¿En ese momento se sabía en la Casa Rosada que había muertos?
A mí no me consta, lo que sí digo es que más allá de la represión que hubo, se produjeron oleadas de activistas que venían a tomar la Casa Rosada. Yo tuve que entrar por uno de los costados y eran oleadas de personas y había una defensa, los únicos que defendían eran sectores de la Policía Federal, que, desde mi punto de vista, trataron de frenar una invasión a la Casa Rosada, eso me consta. La preocupación del Gobierno era frenar el ataque a la Casa Rosada, eso es lo que yo sentí y lo otro era una preocupación por el Gobierno que estaba viendo si se iba o se quedaba. Incluso, uno veía a las personas, cada uno con sus bártulos se iba, desalojando todo. Era claro que había un estado caótico total, y yo no sé si tenían toda la información. Si hubo exceso en esa represión no lo sé, pero que hubo una defensa eso sí, porque el 19 a la noche se lo perdieron y el otro día se prepararon para tomar la Casa Rosada. Es más, estuvieron a punto de tomarla algunos que llegaron tarde en la madrugada del 20, que no sé porque no lo hicieron. A mí me consta que fue un avance sobre la Rosada, si hubo excesos, la Justicia lo tendrá que determinar, pero lo que sí hubo fue una defensa.

En Mendoza se hicieron acusaciones contra el justicialismo por los saqueos.
Sí, esa fue información que a nosotros nos llegó, que había algunos sectores, pero yo no diría que el partido en sí promocionó para que se produjeran, tal vez algunos dirigentes sí lo hicieron pero no el partido. Lo que sí es justo decir es que no nos acompañaron en momentos muy difíciles, en muchas de las medidas y tuvimos que afrontar en soledad la situación pero no podría decir que estuvieran en un boicot de este tipo.

En Mendoza no se produjeron las mismas movilizaciones que en Buenos Aires pero sí hubo pedidos de renuncia, más, teniendo en cuenta que usted era de la Alianza, ¿pensó en irse?
No, jamás. Obligaciones como esas yo creo que uno no puede dejarlas, más allá de que a uno le guste o no, o de las cosas que pasen. Creo que hay que entender que si la sociedad nos acompañó es porque comprendió que se estaba peleando a capa y espada y que se estaba haciendo todo lo que se podía por la provincia.

Hay factores parecidos a los de la década de los 90, como la desocupación,¿piensa que puede pasar algo similar a lo del 2001?
No, es totalmente distinto, hoy no debería ocurrir, hay un modelo económico distinto, una problemática mundial distinta y no estamos atados a la Convertibilidad aunque sí a caprichos de un gobierno. Tenemos un Estado con mucho dinero y aunque puedan darse situaciones conflictivas, ni por asomo se parecerán a aquellas.

La culpa del FMI


Unos días antes de la salida de De la Rúa, el FMI había pedido tomar medidas urgentes como el no pagar el aguinaldo de los trabajadores estatales, a condición de dar un nuevo crédito a la Nación.
No era la primera vez que el organismo internacional pedía ese tipo de cosas. De hecho, igual que muchos economistas, el Fondo Monetario siempre fue partidario de una reducción del gasto público, de elevar los impuestos y de lograr el déficit cero a cualquier costo.
Justamente, este tipo de sugerencias provocó que antes y después de la crisis, el organismo estuviera bajo las críticas de muchos dirigentes políticos y sociales.

¿Cómo influyeron los organismos internacionales en la crisis?
Los organismos internacionales, sobre todo el Fondo Monetario Internacional, demostraron la incapacidad para resolver cuestiones económicas, es más no sirven para nada. El FMI demostró que fue una carga y que estuvo equivocado durante mucho tiempo y que, en vez de ayudar a resolver los problemas, lo único que hacían era exigir cosas que agravaban aún más. Como pensamiento económico habría que aplazarlos y mandarlos de nuevo a todos los responsables, sobretodo en el caso del FMI, que teniendo países como el nuestro, atados a un modelo del que evidentemente había que salir, nos exigían más para darnos una ayudita, que, en realidad era un salvavidas de plomo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario