De qué se trata

Según una máxima del periodismo, una noticia tiene que contestar cuatro preguntas: Qué, Quién, Dónde y Cuándo (What, Who, Where, When). Se trata de la teoría de las cuatro W. Pero si queremos ir más allá, tenemos que responder la quinta W: Por qué (Why). Esa es la idea. Bienvenido.

11 de septiembre de 2006

11 de setiembre del 2001: ¿fue todo una mentira?



Lo que sigue es una nota escrita por mi para El Sol, el 9 de setiembre del 2006, sobre las dudas que despertaba –y despierta– la historia oficial de los atentados del 11-S.

A poco de cumplirse un año de los históricos y conmocionantes atentados del 11 de setiembre del 2001 en Nueva York y Washington llegó a las librerías del mundo un inquietante libro, La terrible impostura. Ningún avión se estrelló en el Pentágono, rezaba desde la tapa este trabajo de investigación del periodista francés Thierry Meyssan.
Por contradecir la versión oficial de los hechos, el libro no tuvo demasiada repercusión en los medios estadounidenses ni en las agencias internacionales de noticias, pero se convirtió en material de debate en miles de foros de internet.
El libro contiene, simplemente, datos, preguntas, dudas, detalles, hipótesis y cuestionamientos sobre quién realizó los atentados, quién los financió, cómo se produjeron y cuántas víctimas, en realidad, hubo. La administración de George W. Bush dio como reveladas todas estas respuestas a pocos días de concretarse el primer ataque a la gran potencia en su propio territorio.


el pentágono. El trabajo de Meyssan –nacido en 1957, periodista de investigación y presidente de la Red Voltaire, dedicada a la defensa de la libertad de expresión y la lucha contra el fundamentalismo moral y la censura,– afirma con fotos y cientos de fuentes, muchas de ellas extraídas de los medios norteamericanos en las horas y días posteriores a los atentados, que en el Pentágono no se estrelló un avión, sino que fue atacado con un misil de última generación, provisto con una carga hueca y una punta de uranio empobrecido, guiado por GPS. Asimismo, Meyssan apunta que sólo un misil de las fuerzas armadas de Estados Unidos, con los códigos de seguridad adecuados, podría haber llegado a su blanco en medio de la ciudad con la defensa antiaérea más poderosa y sofisticada del mundo.
Veamos cómo sostiene estas afirmaciones Meyssan. En primer lugar, repasa el accionar de la Fuerza Aérea de Estados Unidos. Según la información oficial, el Boing 757-200, con 64 personas a bordo, de American Airlines, desapareció de los radares de los controladores civiles y militares una hora antes de que supuestamente se estrellara contra el Pentágono. Meyssan hace una pregunta inquietante: ¿cómo es posible que un avión de enormes dimensiones no pueda ser encontrado en el espacio aéreo de la capital más custodiada del mundo y haya podido escabullírsele a los caza F-16 que lo buscaban, según la versión de la Fuerza Aérea? Fue posible, al menos para las autoridades norteamericanas.
Meyssan pone en duda la presencia de un avión en el Pentágono por la nula huella física de que un Boing se haya estrellado en ese edificio, el más grande del mundo, pero muy bajo.
Según testimonios de bomberos y personas que ocasionalmente estaban cerca del Pentágono esa mañana, no había en ningún lado, ni adentro ni afuera del Pentágono, partes del avión: ni un pedazo de ala, ni una turbina, ni tren de aterrizaje, ni nada. En caso de que se tratara de un avión de 115 toneladas, que viajaba a 900 kilómetros por hora y tiene una envergadura de 38,05 metros, piloteado por un árabe con poca experiencia, que se incrustó en uno de los laterales del cuartel general del Ejército de EEUU, sólo se llevó en su camino una farola del estacionamiento y no dañó el césped, como demuestran claramente las primeras filmaciones y fotos.
A todo esto, Meyssan le agrega el peculiar daño ocasionado. En los registros gráficos de ese día, se ve un derrumbe de 19 metros de longitud en uno de los cinco lados del edificio, cuando, como dijimos, la envergadura del avión –medida entre ala y ala– sobrepasa los 34 metros (ver foto).
Para completar los datos que le darán forma a la teoría sobre el porqué y los autores del atentado, el periodista recuerda que en el Pentágono murieron nada más que 125 personas y, de esas, sólo una era militar, un general. Los demás eran civiles que se encontraban, justamente, refaccionado esa área del Pentágono, curiosamente el lugar exacto que el fundamentalista árabe eligió para lograr el mayor daño posible.

torres y aviones. ¿Hay posibilidades de que una persona que toma clases de vuelo durante dos semanas en aparatos con capacidad para 5 pasajeros pilotee un Boing 575 y lo pueda dirigir a un blanco previamente elegido?
Esta pregunta le hizo Meyssan a una decena de pilotos comerciales de todo el mundo. La respuesta siempre fue la misma: imposible. Incluso, algunos aviadores dijeron que a ellos mismos se les haría difícil chocar contra lo que quisieran piloteando un Boing, más si se trata de objetivos tan bajos, siempre desde la perspectiva de los aviones, como el Pentágono y las Torres Gemelas.
La explicación que le encuentra Meyssan a este dilema es que los aviones que chocaron contra las torres se dirigieron por piloto automático, atraídos por balizas puestas en cada uno de los dos edificios principales del World Trade Center (WTC). De ahí la precisión en chocar en el lugar adecuado. Para Meyssan, no hay chance de que un hombre que no es piloto experimentado pueda llevar un avión de semejante porte a blancos como las Torres Gemelas.
Otra afirmación que discute el francés es la posibilidad de que el calor emanado del combustible en llamas de los aviones haya sido el causante del derrumbe de las moles. Para Meyssan, hubo explosivos estratégicamente ubicados en la base de cada rascacielos, lo que explica el tardío derrumbe del edificio número 7 del WTC, horas después de los ataques (ver Otro que duda).

víctimas. La cantidad de muertos, según la versión oficial, también inquietó al autor francés. Meyssan revela que dos horas antes de que los aviones colisionaran contra el WTC una empresa con sus oficinas en las Torres –Odigo, de mensajería electrónica–, recibió mensajes anónimos alertando sobre los ataques. Quizás los mensajes les llegaron a todos y a cada uno de los trabajadores de las torres. Meyssan relaciona este dato con algo similar a lo que ocurrió en el ataque a la oficina del FBI en Oklahoma City, en 1995, cuando, justo la tarde del atentado, los empleados habían recibido un inesperado asueto. Gracias a esta jugada del destino, sólo murieron 168 personas.
Como se sabe, luego se determinó que el atentado contra las oficinas del FBI fue obra de un grupo paramilitar de extrema derecha; ni saudíes ni iraníes, bien norteamericanos.
Teniendo en cuenta la cantidad de personas que trabajaba en el WTC, los primeros cálculos hablaban de que se habría registrado más de 4.000 muertos, sin contar bomberos y policías. Ponderando esto, el alcalde de Nueva York, Rudolph Giuliani, solicitó 30.000 bolsas para cadáveres. La cifra oficial de muertos fue establecida en 2.843.

el primer avión. Meyssan cita declaraciones de Bush en una conversación con un periodista de nombre Jordan, el 4 de diciembre del 2001: “Estaba en Florida (el día de los atentados) en una escuela. Y vi un avión que chocaba contra la torre. Y como yo mismo he sido piloto, me dije: ‘pues, vaya, qué mal piloto’. Dije: ‘debe tratarse de un horrible accidente’. Pero entonces me llevaron a la clase y no tuve tiempo de pensar en eso. Estaba pues sentado en el aula y Andy Card, mi secretario general, entró y me dijo: ‘un segundo aparato se ha estrellado contra las torres, Estados Unidos está bajo ataque’”.
Meyssan saca sus conclusiones y afirma que el mismo Bush dice haber visto el primer avión estrellarse contra la Torre Norte. Y que no pudo tratarse de una de las cintas caseras que luego se conocieron del primer impacto. Entonces, dice Meyssan, Bush vio en directo cuando chocó el primer avión gracias a una transmisión de los servicios de inteligencia. Si fue así, la CIA sabía lo que pasaría. Y si sabía, ¿por qué no se hizo nada para evitarlo?

los culpables. La versión oficial dice que los que ejecutaron los atentados fueron 19 fundamentalistas islámicos que conformaban células terroristas dormidas. Que cada uno vivió en diferentes lugares y que ingresaron a Estados Unidos como ciudadanos respetables. Que tomaron clases de pilotaje, que se pusieron de acuerdo sin despertar sospechas, que subieron a los aviones elegidos, que los tomaron amenazando a pasajeros y a la tripulación con cortapapeles, que llevaron equipaje en un viaje hacia la muerte. También, dice la versión oficial, se encontraron tres cartas que decían lo que harían.
Hay dos últimas cuestiones a tener en cuenta: los investigadores afirman que encontraron el pasaporte del supuesto líder del grupo, Mohamed Atta, entre las humeantes ruinas del WTC.
Es evidente que la versión oficial es, al menos, poco creíble. Más teniendo en cuenta que con estos datos, que se dieron a conocer a horas de los ataques, se apuntó como culpable a Osama Bin Laden. La hipótesis del terrorismo interno, que ya había actuado, se descartó casi de inmediato.
Las dudas se acrecientan cuando cinco de los terroristas incluidos en la lista de 19, aparecieron diciendo, literalmente: “Estamos vivos y tenemos trabajo muy lejos de Estados Unidos”.

conclusiones. La teoría de Meyssan, respaldada por lo que aquí hemos retratado más otros muchos detalles que contiene su libro, es que los atentados del 11 de setiembre del 2001 en Nueva York y Washington fueron organizados y ejecutados por estadounidenses, más precisamente por elementos ultraconservadores, instalados en estratégicos lugares del poder político y militar de Estados Unidos. Para el periodista francés, lo que se concretó en el 11-S no fue otra cosa que un golpe de Estado para que el presidente Bush llevara su política a donde la llevó: a las guerras preventivas, a la coptación de las libertades individuales, a la violación de la Constitución en lo referido a la libertad de expresión, a la persecución de los “enemigos” del país, así, definidos vagamente.
Para Meyssan, en las cinco horas en las que Bush se mantuvo a resguardo, volando en el avión presidencial o acatando recomendaciones de los militares en base de la Fuerza Aérea, negoció con los sectores más reaccionarios y conservadores de Estados Unidos y definió así su despreciable política exterior, que tiene como omnipresente justificación, qué casualidad, los atentados del 11 de setiembre del 2001.

Recuadro 1:

Misteriosos movimientos financieros


Thierry Meyssan indica en su libro que el FBI descartó rápidamente muchas hipótesis, para concentrarse sólo en la del fundamentalismo islámico. Pero nunca se preguntó, ¿a quién beneficiaron los atentados? Según el periodista francés, muchos financistas sabían que algo pasaría; por eso, en la semana previa a los atentados, las acciones de las aerolíneas American Airlines y United Airlines cayeron un 40 por ciento.
Lo mismo ocurrió con las aseguradoras que tenían que ver con el WTC y con las compañías Morgan Stanley, de venta de valores, y Merril Lynch, corredora de bolsa. Nunca se investigó sobre quiénes vendieron acciones de estas empresas en forma compulsiva los días previos a los atentados, con evidente información de lo que vendría.

Recuadro 2:

Otro que duda


William Rodríguez sobrevivió al
11-S y cinco años después prepara una querella contra el presidente de EEUU, George W. Bush, porque sigue sin creerse la versión oficial de lo sucedido aquel día en las Torres Gemelas.
No es la primera vez que este puertorriqueño intenta llevar ante los tribunales a quien, tras los ataques, lo recibió en la Casa Blanca como a un héroe.
Rodríguez retiró en junio la única demanda contra Bush que ha sido admitida a trámite a raíz de la fatídica fecha.
“La primera querella no la pudieron desestimar porque no me acogí a las compensaciones económicas que ofrecieron después de los atentados”, dijo a Efe Rodríguez, quien asegura que “ese factor impidió que la Justicia federal la rechazara”.
“La presenté a titulo individual y la he retirado para preparar mejor y con más base esta segunda demanda, con otro equipo de abogados y más gente que me apoye”, indicó Rodríguez, quien afirma que otras 36 personas están dispuestas a suscribirla.
Como la primera, la segunda demanda se basará en la llamada Ley Rico (Racketer Influenced and Corrupt Organization), introducida en la década del 60 para combatir a la mafia y la única, dice Rodríguez, que permite enjuiciar a un presidente en este país.
De 45 años, el superviviente puertorriqueño era el encargado de la limpieza de las escaleras de la Torre Norte, la primera que se desplomó, y donde dice que, antes de que un avión impactara en la parte superior, se produjo una explosión en los bajos del inmueble./Efe

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