De qué se trata

Según una máxima del periodismo, una noticia tiene que contestar cuatro preguntas: Qué, Quién, Dónde y Cuándo (What, Who, Where, When). Se trata de la teoría de las cuatro W. Pero si queremos ir más allá, tenemos que responder la quinta W: Por qué (Why). Esa es la idea. Bienvenido.

16 de junio de 2011

¿La estrella se apaga o sólo entra en reposo?

Es arriesgado, por el momento, comenzar a esbozar un análisis fino sobre las posibilidades de triunfo de las fórmulas que pujan por presidir el país desde el 10 de diciembre.
Pero no es tarde para analizar por qué algunos “candidatos puestos” se fueron quedando en el camino, y hoy, algunos, ni siquiera se postularán a cargos menores.
Los nombres son varios si incluimos a los que se presentarán por costumbre a la contienda electoral, como Lilita Carrió, o por el sólo hecho de “armar para arreglar”, vieja pero efectiva táctica de los políticos argentinos, como Eduardo Duhalde. Hay otros que ponen de manifiesto un egocentrismo importante, y que pelearán más por capricho que por convicción, como es el caso del gobernador de San Luis, Alberto Rodríguez Saá. En las filas radicales, no obstante, encontramos los casos más llamativos de candidaturas “seguras” que terminaron en la nada. También están, en ese espacio político, los que más posibilidades tienen.


los testimoniales. Como hemos analizado en este mismo espacio en jueves anteriores, la contienda electoral se va a definir entre el radicalismo volcado a la derecha y el Frente para la Victoria. Todo lo demás parece más bien decorativo respecto a las reales posibilidades de forzar una segunda vuelta y acceder a la Casa Rosada.
Atentos lectores de la realidad política le ponen algunas fichas a Hermes Binner. Es una opción que, por el momento, no genera demasiadas expectativas. Algunas de las razones son que ese espacio ideológico está bien aprovechado por el Frente para la Victoria, y la personalidad de Binner no ayuda para transmitir la tan mentada sensación de gobernabilidad. Las posiciones políticas de su compañera de fórmula, Norma Morandini, no ayudan a consolidar la oferta: la periodista votó en el Congreso en contra de la creación del Banco Nacional de Datos Genéticos como organismo descentralizado, de la resolución 125 que ampliaba el impuesto a la renta extraordinaria del “campo”, de la estatización de AA y Austral y de la incorporación del 24 de Marzo como feriado nacional; y estuvo ausente, por ejemplo, en la votación de la Ley de Medios. O sea, se mostró contraria a medidas indiscutiblemente progresistas del Gobierno nacional.
Estas cuestiones son las que hacen a Binner un candidato poco atractivo para sacarle votos al oficialismo, ya que el votante, ¿por qué votaría por la alternativa tibia al kirchnerismo teniendo la posibilidad de sufragar por el original?
En el caso del santafesino, la estrella aún no se le encendió.
Por el lado del peronismo residual, las postulaciones de Duhalde y Rodríguez Saá hablan más de sus personalidades que de las reales posibilidades de contar con un apoyo masivo de la ciudadanía.
Ambos se resisten a dejar de ser en la política nacional, aunque a ambos la hora se les pasó hace tiempo. Duhalde está intentado acaparar ese 7 u 8 por ciento del electorado que aboga por un gobierno duro de derecha, que borre el pasado y vuelva a concederles las prebendas perdidas a los poderosos de siempre.
El caso del Alberto es llamativo: aprovechando la fácil confusión con su hermano Adolfo, ese que declaró el default y duró una semana en la Casa Rosada, se recuesta en el conocimiento popular más como francotirador que como alternativa seria.
En todos los casos repasados, estos candidatos cuentan con una exposición mediática directamente proporcional al poder de fuego de los medios más grandes del país, enfrentados con el Gobierno nacional para defender sus negocios paralelos. Todos cuentan con una estrella que apenas brilla con la ayuda de un pulmotor.

bichos raros. Por el lado de la UCR, la situación es diferente. Ricardo Alfonsín cuenta con la mayor intención de voto tras Cristina Kirchner, que lo duplica. Pero a su vez, el hijo de Raúl triplica a los demás opositores, siempre según el periódico Perfil.
La construcción política hacia dentro del partido que hizo Alfonsín es digna de analizar. El bonaerense era visto hasta no hace mucho como un dirigente bonachón, inofensivo, sin la menor posibilidad de encolumnar tras de sí al centenario partido y menos de encabezar la fórmula presidencial. Pero logró llevarse puestos a dos “pesos pesados” –para el establishment y los medios monopólicos– que nunca supieron ni pudieron seducir.
El primero de ellos fue el mendocino Julio Cobos, uno al que la estrella se le apagó, al menos por ahora.
Radical K de la primera hora, mientras era gobernador de Mendoza no perdía oportunidad de viajar a Buenos Aires y sacarse mil fotos con Néstor Kirchner. Iba a inauguraciones, conferencias de prensa, reuniones de la fallida Concertación Plural, siempre al lado de su mentor, Néstor K.
Era, en los términos de hoy, un soldado del Gobierno nacional a cargo de la administración de Mendoza. Claro que ese alineamiento le trajo algunos beneficios a la provincia, como fondos frescos para diferentes cuestiones y anuncios varios. Sonó como sorpresa a medias que el ex presidente lo eligiera como compañero de fórmula de Cristina para las presidenciales del 2007. Luego de ese hecho, la UCR, que venía de dos elecciones pobrísimas –2003 y 2005–, lo expulsó, “de por vida”, del partido.
Cobos no se sintió mal, al contrario, y asumió con todos los honores como segundo de la hoy mandataria.
Cuando las papas quemaron, la oligarquía tradicional argentina paró el país y bloqueó cientos de rutas en contra de pagar más impuestos por la renta extraordinaria que le deja la soja principalmente, Cobos se puso de su lado, traicionó el mandato popular que lo puso en el lugar de segundo de Cristina y representante del Gobierno nacional en el Congreso, saltó a la vereda de la oposición y volvió a la UCR, el partido que lo había echado “de por vida”.
Era, en esos tiempos, el próximo presidente argentino. No había dudas sobre su futuro político: lo esperaba, con los brazos abiertos, el viejo edificio de Balcarce 50. Pero el traje le quedó enorme. No pudo ni supo hacerse referente opositor, armar una estructura, hacer que en los hechos y sentimiento, los radicales le perdonaran el desliz del 2007. Tampoco tuvo la estatura intelectual para combatir dialécticamente con las espadas K. No le dio el cuero. Y el potencial votante compartió el diagnóstico.
La imagen de Cobos se fue desinflando cuando el Gobierno nacional retomó la iniciativa política. El todavía vicepresidente hoy no es candidato a nada, ni a gobernador de Mendoza –los correligionarios locales no se olvidan de su comunión con Néstor–, ni a diputado nacional ni a concejal. Sí dice que va a acompañar a la fórmula de la UCR a recorrer la provincia. Un caso llamativo de estrella apagada.
Al otro que Ricardo Alfonsín doblegó a pura insistencia y apellido, fue al también mendocino Ernesto Sanz. En su caso la aventura fue mucho más breve, cortísima, y se trató simplemente de un globo de ensayo de las corporaciones anti-K mientras buscaban un candidato que las representara. A propósito, ese candidato ya lo encontraron, y se llama Alfonsín, cuya estrella aún no prende.

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