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Como nunca, la pelea será izquierda vs. derecha

Todo indica que el 23 de octubre, día de las elecciones generales, como nunca antes, las propuestas políticas  que podrán elegir los ciudadanos estarán claramente divididas en opciones de izquierda y de derecha. O mejor dicho, entre centro-izquierda y centro-derecha, esa clasificación pusilánime que pone al centro del espectro de las ideas como común respecto a las posturas políticas más o menos opuestas.
El mapa se fue configurando poco a poco. Está claro que el kirchnerismo gobernante desde el 2003, de raíz indudablemente peronista, izó las banderas históricas de la centro- izquierda y abonó así su hegemonía política, que plasmó en los triunfos electorales del 2005 y el 2007, cosechó un derrota ajustada en el 2009, y se encamina a recibir el apoyo ciudadano este año, en las presidenciales.

Justamente por esta coyuntura política, las expresiones progresistas que no están aliadas al oficialismo han quedado a mitad de camino entre el apoyo a iniciativas individuales del Gobierno nacional y el rol funcional a la derecha nacional.
Hoy todo indica que Hermes Binner, un socialista de toda la vida con tibio carácter político, va a representar a los que no se subieron al tren K por izquierda. Estará acompañado por Margarita Stolbizer –extraño fenómeno con mucha prensa, pero escaso peso político– y el ex candidato a presidente y postulante a jefe de Gobierno porteño, Pino Solanas.
Entre este frente autoproclamado progresista, que despierta mil y una dudas a la hora de imaginarlo gobernando, y el kirchnerismo, estará la oferta electoral de centro-izquierda.
Visualizando este panorama, el candidato a presidente de la UCR, Ricardo Alfonsín, optó por una pirueta que le será facturada en las urnas. Apenas entendió que sus potenciales electores iban a ser captados por el kirchnerismo, cortó relación con Binner y cruzó de vereda. Primero con la alianza con el conservador Francisco de Narváez en la provincia de Buenos Aires y, luego, ofreciéndole la candidatura a la vicepresidencia al economista neoliberal, ex menemista y promercado Javier González Fraga.
Muy poco a poco, dirigentes radicales más cercanos a un progresismo moderado –como todo lo radical– van haciéndose la idea de hacer campaña por González Fraga, jefe del Gabinete de Asesores del Ministerio de Economía cuando lo comandaba Erman González –primera presidencia de Carlos Menem– y luego presidente del Banco Central entre el 13 de junio de 1990 y el 29 de enero de 1991.
Es un sapo difícil de tragar para los radicales, quienes vienen de una experiencia horrible de la mano de los más conservadores dirigentes del partido, como lo fue Fernando de la Rúa.
El giro a la centro-izquierda que varios soñaban para dejar de lado por completo el corrimiento de principio de la década hacia el neoliberalismo económico, deberá esperar otro turno; es que Ricardo Alfonsín actuó con un pragmatismo digno del más peronista con la sola idea de darles a los que no tienen candidato una opción contraria al kirchnerismo. Por esto, debió calzarse el traje de derechista firmando alianzas con De Narváez y González Fraga, y ahora buscando entablar un acuerdo con el Pro en la Ciudad de Buenos Aires.
Alfonsín, imaginamos, entiende la movida, sabe que no tiene los mejores acompañantes pero se imagina un radicalismo fuerte de cara al tercer período K con la posibilidad de, ahora sí, pelear en serio por la Presidencia en el 2015. Eso sí, habrá que esperar para ver qué UCR tendremos: la conservadora o la progresista.

el peronismo aguanta todo. Por el lado de ese elástico movimiento político llamado peronismo, habrá, por supuesto, opciones de derecha y de izquierda.
El oficialismo nacional se ha ubicado en un lugar claro del espectro ideológico. Siendo peronista, optó por políticas y decisiones de corte progresista, que descolocó, como ya dijimos, al socialismo, a otras expresiones menores y también a la UCR.
Sacó a la luz, de paso, al peronismo políticamente conservador, neoliberal en lo económico, ese que gobernó Argentina entre 1989 y 1999. Sus representantes y candidatos tienen un papel testimonial, aunque con mucha exposición, gracias al exagerado espacio que le brindan los medios de comunicación enfrentados al Gobierno nacional. Por peso electoral, imagen y antecedentes, estos dirigentes son más bien un botón de muestra de lo que sectores minoritarios querrían para el país.
Hablamos de Eduardo Duhalde, Felipe Solá, Alberto Rodríguez Saá, Mario Das Neves. Por ideología, el bonaerense De Narváez estaría en este grupo, aunque sus posibilidades de dar pelea lo hacen un dirigente de cuidado luego que suplió su falta de candidato a presidente con su alianza con Ricardo Alfonsín.
El peronismo, entelequia política sin igual, aguanta todo. Hay un hilo conductor político que se podría resumir, caprichosamente, en algunos principios que todos comparten: vocación por el poder, astucia para armar poder, disfrute del ejercicio del poder, vivir para y por el poder. El poder manejar la cosa pública, ser el árbitro, siempre, de todas las decisiones de política nacional, abrazar el pragmatismo para llegar al único fin que le interesa a un peronista, son algunas de las características del movimiento.
Lo demostraron Menem, Duhalde, Néstor Kirchner y ahora Cristina. Son peronistas, qué duda cabe. Lo que es irreprochable es que sólo un peronismo puede prevalecer sobre el otro. En los 90, el peronismo de derecha fue el que gobernó; en estos tiempos, es el peronismo de izquierda el que tiene la sartén por el mango.
Por esta particular alternancia de aires políticos en el movimiento es que se comprende que las expresiones peronistas de derecha, esta vez, quedarán sólo en intenciones. De ahí la apuesta de Alfonsín y la UCR en ensayar un armado que incomoda a muchos, pero que, en este momento histórico, es el único que puede ofrecer. Y como nunca, las palabras derecha e izquierda sonarán durante la campaña, y quizás sean provechosas para que el votante tenga más claro qué y a quién vota.

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