De qué se trata

Según una máxima del periodismo, una noticia tiene que contestar cuatro preguntas: Qué, Quién, Dónde y Cuándo (What, Who, Where, When). Se trata de la teoría de las cuatro W. Pero si queremos ir más allá, tenemos que responder la quinta W: Por qué (Why). Esa es la idea. Bienvenido.

12 de mayo de 2011

Tratando de entender a radicales y peronistas

El armado político de las opciones locales para las elecciones de octubre es apasionante. Somos conscientes de que no hay mítines espontáneos en las calles para debatir de política. Las elecciones no están, aún, en la cabeza del ciudadano ajeno a la actividad, pero, para quienes debemos observar los pasos que se dan de uno y otro lado en pos de armar un combo atractivo para el electorado, se viven tiempos muy interesantes. Es tiempo de intentar análisis y despuntar el vicio de la rosca permanente.
Mendoza se ha convertido en una incógnita. El panorama político dista muchísimo de lo que fue la última elección, en el 2009, cuando “la gente de Cobos” arrasó al justicialismo local en las elecciones de medio término. ¿Qué pasó en el medio? De todo, pero lo más sobresaliente fueron dos cosas: el ímpetu de la administración nacional para sobreponerse al golpe de aquella derrota –en la que Néstor Kirchner perdió ante Francisco de Narváez en la provincia de Buenos Aires– y los desbarajustes permanentes de la oposición luego de haber tocado casi el cielo con las manos por aquella victoria.
Estas variables han hecho mella en la política mendocina. Si bien el Gobierno provincial sigue con una imagen muy baja, resulta antipático para una parte importante de la población y cuenta con un líder que nunca tuvo ni el carisma ni la astucia para sacarles rédito a sus aciertos, el radicalismo mendocino no da ni una tenue sensación de estar preparado para tomar la posta.


incorregibles. No serán pocos los problemas que tendrá el justicialismo mendocino si algunos de los heridos, luego de la definición de la fórmula oficial, decide utilizar algún sello en desuso e ir a las elecciones de octubre dividiendo voluntades peronistas.
No obstante el peligro latente, hoy no es tema de preocupación para los candidatos Paco Pérez y Carlos Ciurca. Están concentrados en mostrarse, en armar equipos, punteros, territorios, prometiendo todo a cambio de apoyo. Se están dando a conocer. Pérez tiene la tarea nada fácil de caerle bien a la clase media, por definición antiperonista. Ciurca, a su vez, debe garantizar que la fórmula tiene el suficiente porcentaje de peronismo que le exige su electorado histórico a cualquier compañero.
En eso andan los muchachos, mientras, no dejan pasar oportunidad para, con cierto ingenio, criticar a los radicales por los pecados del pasado, esos que los van a acompañar por siempre. El martes, Pérez les recordó a los precandidatos de la oposición algunas de las medidas que tomaron siendo gobierno, durante la crisis del 2001-2002. No mintió el Paco, pero sí fue mañoso a la hora de los comentarios. La buena imagen de Roberto Iglesias en el elector independiente tiene que ver justamente con su gestión durante la “gran crisis”, más allá de los recortes salariales y los papelitos de colores con los que pagaba compromisos. Se equivoca Pérez en cargarle a Iglesias ese muerto, cuando la debacle la provocó la inoperancia del Gobierno nacional de entonces y dos décadas y media de una política económica perversa.
No obstante, insistimos, el ministro de Infraestructura parece haber entendido que un poco de pirotecnia verbal es necesaria para ganarse algún título en los medios. Y es válida la estrategia. Eso sí, al elegir ese camino, se expone a los golpes de las lenguas radicales, que pueden ser tan o más ácidas facturándole desaciertos del gobierno que hoy integra.
El peronismo nacional, controlado por el kirchnerismo y liderado, indiscutiblemente por Cristina Kirchner, aún no bendice con hechos a la fórmula oficial. Los muchachos peronistas locales están haciendo gestiones a cuatro teléfonos para que la presidenta venga y se saque la ansiada foto con Paco y Carlitos. Se entiende la dilación de la visita, porque, según comunicaciones internas y privadas entre importantes funcionarios nacionales y militantes ultra K mendocinos, en Mendoza “aún no hay nada definido”. Inquietante.

sinceros. Las peleas internas para los radicales son el placer por el placer mismo. El porqué lo desconocemos, aunque no podemos negar que se trata de una característica muy atractiva para los que intentamos escribir de política.
En los últimos días, la fiebre de la sinceridad afectó a algunos encumbrados dirigentes radicales mendocinos con ansias de grandeza.
Julio Cobos, sin anestesia, se rasgó las vestiduras diciendo que sería “muy malo” para Mendoza tenerlo como gobernador y a Cristina en la Casa Rosada. El metamensaje fue: “Si soy gobernador, les hago mal a los mendocinos”. Altruismo recargado.
Por su parte, el intendente y precandidato Alfredo Cornejo, con hechos más que con palabras, está sincerando las dificultades que puede tener el radicalismo para lograr la Gobernación si se sigue fagocitando a sí mismo en una insólita pelea de egos. El Petiso se esfuerza por tirar ideas –e, incluso, bajarse de la candidatura– en pos de un candidato de unidad, que evite la interna. Es que, sabe, en el radicalismo el que gana a veces conduce y casi nunca los que pierden acompañan.
A su vez, Roberto Iglesias dedujo, con tino, que estas indefiniciones le hacen mal al partido, que trasmite inseguridad al electorado. Hoy por hoy, con todas sus dificultades y con un par de díscolos para la oficialidad peronista, el PJ se muestra más sólido que el radicalismo.
Víctor Fayad repite cada vez que puede que, quizás, “tenga que ser candidato”. El Viti sueña con un operativo clamor para que se calce el traje con vistas al sillón de San Martín. Cornejo le tiró una punta, Fayad se entusiasmó y las espadas vitistas se encargaron de ventilar la propuesta. Cayó como tenía que caer la movida del godoicruceño y el capitalino: pésimo.
Las razones son varias, entre las que se cuentan las verdades que canta el Viti respecto de propios y extraños; la simpatía que no disimula el intendente de la Ciudad respecto de Cristina Kirchner y la forma de hacer política del kirchnerismo; las críticas sin contemplaciones que le ha hecho a la vaca sagrada de –no pocos– radicales mendocinos, Julio Cobos; su personalidad, avasallante e intempestiva, y, claro, sus posibilidades de ganar, aspecto que, increíblemente, molesta a algunos encumbrados correligionarios.
La carta en la manga de Fayad podría ser, utilizando las mismas palabras de Cobos –¡qué paradoja!–, que no habría conflicto con Cristina si es reelecta y él está sentado en el sillón de gobernador. No le faltaría razón a Fayad en el caso de jugar ese argumento. Cuando vino la presidenta para la Vendimia, se interesó especialmente por el alcalde de la Ciudad. “¿En qué anda el Viti?”, fue la pregunta textual que hizo Cristina. La relación viene de la época en que ambos eran diputados nacionales, y, claro, los elogios que suele enviarle Fayad a la presidenta llegan a Buenos Aires.
Pasando en limpio el panorama radical, parecen claras algunas pocas cosas: Iglesias está más firme que Cornejo en la precandidatura; Iglesias mide mejor entre los independientes, dato clave a la hora de plantear una pelea con el justicialismo envalentonado y con banque nacional; Fayad espera el operativo clamor, y tiene el contraargumento que esgrime Cobos para decir que no puede ser candidato; el Viti mide bien, está haciendo una buena gestión en Capital y es la contracara, en cuanto a carisma y decisión, del actual mandatario.
Como afirmamos al principio, una definición apasionante.

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