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Lo pasado, ¿pensado?

Estimado lector, lea con atención la siguiente cita. Es larga, pero vale la pena: “En una decisión política que marca un punto de inflexión en la campaña electoral, los principales partidos de oposición decidieron constituir una alianza de largo alcance. Aun si no se concretase un acuerdo estrictamente electoral en torno de las listas, ya se descontaba anoche la constitución de un frente parlamentario para actuar en común. Luego de una jornada de intensos contactos y de varias declaraciones en favor de la alianza, que preanunciaban una definición en ese sentido, una reunión cumbre entre los principales dirigentes de los partidos confirmó la decisión a última hora de ayer”.
Lo anterior es un extracto de la crónica del diario La Nación del domingo 3 de agosto de 1997. El día anterior –la “jornada de intensos contactos”– quedará en la historia como el nacimiento de lo que se conoció como Alianza por el Trabajo, la Justicia y la Educación.
La similitud con el escenario actual es evidente y alarmante.
La Historia nos enseña, nos guía, nos muestra el camino. Los canallas que piden no mirar al pasado, por interés o ignorancia, nada entendieron a la hora de comparar para aprender.


qué pasó. En las elecciones generales de 1995, Carlos Menem fue por la reelección, gracias a la reforma constitucional acordada con el radicalismo –representado por Raúl Alfonsín– en 1994, luego del recordado Pacto de Olivos.
Menem sufrió la sospechosa muerte de su hijo Carlitos en marzo de ese año, situación que conmovió a la sociedad. El saqueo del Estado, la corrupción inédita y el plan económico perverso eran detalles para el gran electorado, embelesado por el 1 a 1 y disfrutando de los efímeros indicadores positivos económicos de la economía que hicieron que la reelección del riojano fuera poco menos que un trámite.
La oposición lo enfrentó con dos fórmulas: por un lado, la radical, encabezada por Horacio Massaccesi, y por otro, la que surgió del frente conformado por el Frepaso y Chacho Álvarez y PAIS, de José Bordón.
Menem obtuvo 49% de los votos, seguido por Bordón-Álvarez con 29% y el radicalismo con 17%.
A partir de la segunda presidencia del riojano, los costos del modelo comenzaron a hacerse notar con fuerza, de la mano de la turbulencia financiera externa, que zarandeaba el esquema de obtención de divisas en el cual se recostaba la convertibilidad.
Es a principio de 1997 cuando los líderes opositores (Graciela Fernández Meijide, Chacho Álvarez, Rodolfo Terragno, Fernando de la Rúa y Raúl Alfonsín) comienzan a diseñar una estrategia conjunta. El choque de egos, cada tanto, amenazaba con hacer fracasar cualquier estrategia conjunta, pero el espanto era más fuerte.
Cuando Menem comenzó a coquetear con la re-re, radicales y frepasistas –peronistas progres, sectores de izquierda, ex menemistas, menemistas despechados, pequeños partidos– intentaron maquillar diferencias profundas para armar una gran alianza que los contuviera y que fuera funcional a los deseos de los electores, hartos del menemato, sus políticas de fondo y también del tono cabaretesco de cada uno de los aspectos de la gestión.
A esta coyuntura se sumaba la promesa –casi de rodillas– de la incipiente alianza de mantener el modelo, a la postrer, el talón de Aquiles de la coalición.
En octubre de 1997 se realizaron las elecciones de medio término. Hubo 23.198.858 electores habilitados, aunque sufragó 79,62% del padrón. El triunfo de la Alianza (ahora sí, con mayúsculas) fue rotundo. Fernández Meijide doblegó nada menos que a Chiche Duhalde.
Las mieles de la victoria comenzaron a nublar la visión de los más agudos operadores aliancistas, y los popes dejaron crecer el sueño de una gran coalición antimenemista y antiduhaldista que emulara, por ejemplo, a la Coalición chilena.
El 24 de octubre de 1999, la Alianza con la fórmula Fernando de la Rúa-Chacho Álvarez se impuso con 48,37% de los votos a Eduardo Duhalde-Palito Ortega (38,27%).
La visiones, contrapuestas, sobre la gestión entre frepasistas y radicales comenzaron a hacerse notables. Las operaciones políticas y de prensa de un bando y de otro a la hora de ganar espacios de poder no hicieron otra cosa que ir desgastando rápidamente a un De la Rúa al que el cargo le quedó gigante.
Las consecuencias del modelo económico menemista, ese que la Alianza se comprometió a no tocar, no contaba en ningún lado con un switch que permitiera revertir la recesión que vivía el país desde 1998. Un economista radical fue tajante al respecto antes de las elecciones: “No hay marcha atrás en las privatizaciones, no hay devaluación, no se modificará en el corto plazo la política cambiaria”. O sea...
El escándalo por las coimas en el Senado, previo al tratamiento de un proyecto –uno más– de flexibilización laboral, y la forma en que el radicalismo y Fernando de la Rúa manejaron las cosas derivaron en el portazo, en octubre del 2000, de Chacho Álvarez y casi todo el Frepaso del Gobierno nacional. Luego vino la profundización de la crisis económica, las apariciones salvadoras del FMI, la locura, la represión, el estallido y el helicóptero, todo con Domingo Cavallo como ministro de Economía.

similitudes. El ejercicio que acabamos de hacer es arduo, lleva tiempo, hay que forzar la memoria para encontrar los hitos históricos que nos forjan como país y como sociedad.
La actual situación política, donde agua y aceite hacen malabares para encontrar la más elegante forma de mezclarse, donde la desesperación política frente a una gestión nacional fuerte y difícil de torcer –todo lo contrario a la de Menem en 1997–, le da fuerza a una estrategia riesgosa y descabellada. Más allá del gen conservador que dirigentes como Mauricio Macri, Eduardo Duhalde y Julio Cobos puedan compartir, ya hemos vivido en carne propia lo que las peleas en el seno de un gobierno de retazos pueden generar.
Hasta hora, el que más inteligente se muestra –y parece haber entendidos las lecciones de la Historia– es el candidato presidencial oficial de la UCR, Ricardo Alfonsín.
Mientras, el Gobierno nacional sigue gozando, en general en silencio, de las desavenencias opositoras y sus coqueteos por reflotar aquel experimento que tan caro nos costó. Los voceros K aguardan, ansiosos, que la derecha se junte y se saque la foto para empapelar los medios amigos con el pasado que acabamos de relatar.
Como hemos afirmado otras veces, sin el desafío inteligente, superador, inquieto y honesto de la oposición, es muy probable que un gobierno caiga en mañas también conocidas por los argentinos. Es por todo lo anterior que lamentamos la ausencia de una oposición con opciones superadoras y alejada del sarao de las alianzas imposibles.

Comentarios

  1. Es interesante lo que platea Cristian, pero no es distinto a nada de lo que hallamos visto en los ultimos 35 años. No tengo ni tantas ganas ni tanta memoria para hacer largo el tranco, pero tampoco me parece necesario.
    Es cierto que la oposición, por llamarla de alguna manera, intenta conformar un frente para hacer tambalear la hegemonia kirchnerista. Pero no menos cierto es que en el gobierno tambien se mezcla en aceite y agua; y los fines de tales alquimias no son puramente reformistas. Tengase a bien recordar que a Julio Cobos lo coloco Nestor Kichner, y gran parte de la izquierda reformista, llamada a accionar electoralmente en el 2007, (¿?) tambien se corrio espantada luego de participar en el gobierno -Giustiniani, Solanas, Zamora, etc-.
    Si bien hoy aparece (o parece) un frente solido el que conforman los que apoyan el llamado proyecto nacional, es bien sabido y conocido que tampoco los une el amor, sino la oportunidad. Y en esa linea es clara la postura de Scioli y un gran abanico de la CGT, que aunque bajo el brazo de Hugo Moyano parece estar encolumnada detras de Cristina Fernandez, reclama su propio espacio y teje alianzas con vastos sectores del PJ Federal que le da vida propia a su amenaza velada pero cada vez mas frecuente hacia el gobierno actual.
    En sintesis, Cristian, lo que quiero decirle es que no hay proyectos puros y homogeneos. Y si a la luz puede parecer que la alianza opositora es la escoria verdulera, bien es cierto que el gobierno pone la mejor cara al digesto partidario. Cada uno cumple con su parte de la historia y el avance en materia política, social y democratica no ha sido abundante en este decenio.

    Me resta decirle que la primera vez que vi su columna a traves de twitter pense que se trataba de un acolito de la familia Whertein. Festeje que no lo fuera.


    Mis saludos
    Diego Vera

    DNI 22.681.128

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