De qué se trata

Según una máxima del periodismo, una noticia tiene que contestar cuatro preguntas: Qué, Quién, Dónde y Cuándo (What, Who, Where, When). Se trata de la teoría de las cuatro W. Pero si queremos ir más allá, tenemos que responder la quinta W: Por qué (Why). Esa es la idea. Bienvenido.

28 de abril de 2011

Candidatos presidenciales: el último que apague la luz

El camino a las elecciones presidenciales de octubre no deja de sorprender. Ya hemos planteado en este espacio las diferencias con procesos anteriores de lucha electoral, pero lo que está pasando en esta campaña es –o sigue siendo– inédito.
Como nunca antes, las fuerzas de la oposición política al oficialismo de turno están perdidas, sin rumbo ni plan. Las aspiraciones presidenciales se van apagando una a una, y todo indica que en octubre sólo dos candidatos llegarán con aspiraciones serias, lo que significaría, nada menos, la consolidación del bipartidismo, incluso, sin partidos nítidamente definidos. Repasemos.


ese grueso error. La declinación masiva de candidaturas presidenciales tienen su raíz en una subestimación más cercana al pálpito de un deseo que a la conclusión de un análisis político fino y de calidad. Cuando, en julio del 2008, el Gobierno nacional recibió el monumental golpe que significó la “derrota” a manos del “campo”, con apenas ocho meses de gestión, fueron muchos los que se frotaron las manos con la posibilidad de elecciones anticipadas, helicópteros y salidas por las puerta de atrás.
Con el correr de los meses, con autoridad política y contundente estrategia, el kirchnerismo se fue rearmando, propuso, hizo, peleó, discutió y comenzó a dar vuelta la imagen negativa que la sociedad tenía sobre él.
Ya hemos analizado ese rasgo que podemos sintetizar con la expresión “iniciativa a toda prueba”.
La búsqueda y el ejercicio permanente del poder del peronismo en general y del kirchnerismo en particular, no fueron advertidos por la oposición ni política ni mediática; erraron en el diagnóstico, por eso, y desde ahí en más, la no construcción de una alternativa a lo que propone el Gobierno nacional es la tumba de quienes pretendieron constituirse en la salida al proceso K.

de a uno. El sociólogo y encuestador mendocino Enrique Quique Bolatti, en un debate organizado por el CICUNC la semana anterior, sintetizaba una situación en la que pocos han puesto el ojo: “Ahora la noticia de la semana es quién se baja de la pelea por la presidencia”.
El primero fue el peronista disidente Mario Das Neves, gobernador de Chubut, y padre de la elección más escandalosa y sospechada desde la vuelta a la democracia.
El hombre, tan parecido –físicamente– a Lula, dio algunas explicaciones elegantes pero comprendió que si no puede ganar en su provincia, difícilmente sea una opción seria en el país.
Le siguió el radical Ernesto Sanz, quien desistió de la preinterna que él mismo había armado, con Ricardito Alfonsín. Prometió competir con el hijo del ex presidente, pero nadie en sus cabales cree que el senador se presentará el 14 de agosto en las internas abiertas, simultáneas y obligatorias compitiendo con Alfonsín.
A los pocos días le siguió el vicepresidente Julio Cobos, quien se bajó de algo a lo que nunca se había subido.
El mendocino más famoso adujo que las condiciones no están dadas para competir por la presidencia previo choque con Ricardito. Se
desinflaba así otro globo de ensayo de una oposición no política que, primero, apostó por él, luego, por Sanz, otra vez por Cobos y ahora está huérfana de candidato.
Justamente, otro que le podía caer simpático a los enemigos del Gobierno nacional –en esta ecuación radica buena parte del apoyo a Cristina– está cada vez más cerca de desistir de la competencia grande. Mauricio Macri comprendió, finalmente, que sólo un electorado tan particular como el de la Ciudad de Buenos Aires puede darle la responsabilidad de gobernar algo.
El hijo de Franco –odia que le digan así– ha demostrado que se requiere mucho más que una filosofía de gerente de multinacional para manejar los destinos públicos. En el trance, se está ganando no pocos enemigos dentro de su propia fuerza, como Gabriela Michetti, una dirigente que cae bien en la clase media. Es posible que los vaivenes políticos de Macri terminen costándole bastante más que su fallida candidatura a presidente.
El caso de Pino Solanas es llamativo. Quien se presentó ante la sociedad como el más puro de los candidatos, con un discurso de izquierda europea y diciendo cosas que muchos querían escuchar, también se bajó del ring. Va a competir, con Macri, en la Ciudad de Buenos Aires. Todo, otra vez, por no hacer una lectura correcta del panorama político y dejarse llevar por los análisis interesados que incluyen, siempre, una sola versión de la realidad.

los que quedan en carrera. Los peronistas disidentes Eduardo Duhalde y Alberto Rodríguez Saá insisten con que van a competir en octubre. Luego del monumental papelón que hicieron con su interna en capítulos, es sorprendente que aún intenten mostrarse como la esperanza del pueblo argentino.
Son, ambos, candidatos testimoniales que terminarán minando las esperanzas de quien quede, finalmente, como el contrincante del oficialismo.
A Elisa Carrió ya cuesta tomarla en serio. La dirigente está cada vez más sola, lo sabe, lo sufre. Primero le pegó donde más le duele a Ricardo Alfonsín, poniendo en duda su capacidad para gobernar. Lilita le tiró por la cabeza el peor complejo que tienen los radicales. Luego, la embistió contra Hermes Binner, un socialista tibio, que busca su lugar en la política nacional, aunque no ha entendido que para lograrlo hay que saltar a cabecear con los codos.
Carrió forma parte también del pelotón de los testimoniales junto a Duhalde y Rodríguez Saá.
El radicalismo, por descarte, ha quedado como el gran rival del oficialismo nacional. El mismo partido que estuvo al borde de la desaparición en el 2003 es el único que hoy puede hacer que la elección presidencial no sea más que un trámite.
Ricardo Alfonsín se muestra confiado, cae bien, alega que construirá una alternativa progresista, no se cierra a la crítica por la crítica del Gobierno nacional y reconoce logros de la era K. Actúa y se mueve con un nivel de sinceridad que a la sociedad le simpatiza. Desde el vamos, descartó el “gran frente opositor” que propusieron Macri y Duhalde, entendiendo que el recuerdo de la Alianza –donde el espanto unió a dirigentes incompatibles– está muy fresco. Pero pisa el palito Alfonsín cuando ve las encuestas y la baja intención de voto que tiene. Analiza un acuerdo con Francisco de Narváez en la provincia de Buenos Aires, donde no tiene candidato, y al mismo tiempo dice que si hace una alianza con Macri, pierde votos. Es errático el armado de acuerdos, porque el discurso no se condice con los hechos. ¿Qué de progresistas tienen personajes como De Narváez o Macri? ¿Cómo puede armarse una propuesta de gobierno superadora de los principios kirchneristas con los abanderados de los 90, filomenemistas y defensores a ultranza de los poderes concentrados?
La desesperación por encontrar la llave de la segunda vuelta, lo hace a Alfonsín desperdiciar ese halo de dirigente potable y coherente. Una pena.

todo en veremos. Los desvaríos opositores, y volvemos a la hipótesis del principio, son preocupantes si interpretamos que son clave en la vida política e institucional de un país alternativas a la gestión de tal o cual gobierno.
Y la preocupación se transforma en alarma cuando caemos en cuenta de que el desbande se produce aún sin que Cristina haya anunciado que irá por la reelección. Todo un dato.

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