De qué se trata

Según una máxima del periodismo, una noticia tiene que contestar cuatro preguntas: Qué, Quién, Dónde y Cuándo (What, Who, Where, When). Se trata de la teoría de las cuatro W. Pero si queremos ir más allá, tenemos que responder la quinta W: Por qué (Why). Esa es la idea. Bienvenido.

24 de marzo de 2011

Salto de calidad y memoria


La hipótesis que planteábamos la semana pasada sobre la necesidad de la oposición de mejorar cualitativamente lo que propone el oficialismo nacional irrumpió en los últimos días con fuerza, teniendo en cuenta la sospechosa elección en Chubut.
Lo dijo Ernesto Sanz (“Solos no podemos”), lo viene manifestando  Ricardo Alfonsín (quien reconoce varios aciertos de las gestiones K) y lo tuvo que escupir el Peronismo Federal (Felipe Solá fue el más claro).
Esto tiene que ver con otra cuestión con la que venimos insistiendo: en octubre estaremos decidiendo quién será el próximo presidente argentino en un escenario inédito, lejano a las crisis de siempre.
El desafío tendría que afinar la puntería de la oposición, mejorar las propuestas, plantear planes superadores de los logros inobjetables desde el 2003 a esta parte. No alcanza sólo con la crítica relativa de problemas concretos, aunque amplificados hasta el infinito, estrategia que, definitivamente, perdió efectividad en un electorado cada vez más politizado, con una oferta de medios cada vez más amplia –y contrapuesta– y con militantes pululando por todos lados.
El susto, que se mantiene, por los números en Chubut, ha hecho mella en la tropa opositora nacional. Luego del batacazo K en Catamarca, con paliza incluida al radicalismo, los peronistas disidentes esperaban una mano de Mario Das Neves y poder mostrar un sólido triunfo en una provincia propia.


Pasó más bien todo lo contrario: la “victoria” del Peronismo Federal (PF) está sospechada de fraudulenta y, de confirmarse, sería apenas por un puñado de votos frente al candidato del Frente para la Victoria, que acortó diferencias con el pichón de Das Neves luego de mostrarse con la presidenta.
Las dos primeras elecciones del año han puesto muy nerviosos a los líderes opositores, que saben que yendo divididos se pelearán los votos que nunca irán al Frente para la Victoria, cuestión que los complicará a la hora de intentar forzar una segunda vuelta.
El ciudadano que no vote a Cristina deberá decidirse entre radicales, Pro, el PF y Pino Solanas, por lo menos por ahora. El Pro –¿será Mauricio el presidenciable?–, el PF y Ernesto Sanz, si le gana a Ricardito, representan más o menos lo mismo. En el caso de que el candidato radical sea Alfonsín, por su perfil más progre, quizás le saque algunos votos al Frente para la Victoria, y ahí el Pro y el PF serán los que se pelearán al votante conservador.
Está en un brete la oposición y todo por un error infantil: no saber leer la realidad y dejarse llevar por el lienzo que pintan algunos poderosos medios interesados solamente en que termine el período K, enceguecidos porque se les han tocado privilegios que asumían como derechos adquiridos.
Desde los festejos del Bicentenario, pasando por la muerte de Néstor Kirchner, sus multitudinarios funerales, las populosas vacaciones estivales y las elecciones en Catamarca y Chubut, la oposición parece haberse dado cuenta de que no sólo alcanza con salir todas las noches a decir lo pésimo que le va al país cuando los índices económicos rompen récords uno tras otro.

tomada de pelo. A los que perdemos el tiempo interesándonos en las internas partidarias, muy de vez en cuando se nos ocurre pensar en el ciudadano que no tiene nada que ver ni con la política ni con el periodismo. Y nos espantamos del nivel de rechazo que tienen esas peleas en el tipo común y corriente. Quizás, si los dirigentes, que viven en un microclima, como los periodistas, escucharan algunas charlas de sobremesa, pensarían dos veces antes de salir a ventilar la interna.
El nivel del enfrentamiento entre radicales mendocinos es vergonzoso. Las hipótesis que se tejen rozan el ridículo, los mensaje cifrados, a través de declaraciones públicas, no hacen más que confundir y alejar al interesado en la vida pública.
Todo parece una gran tomada de pelo. En vez de sentarse a plantear una alternativa superadora al esquema de poder actual, no hay partido en el que no se estén sacando los ojos por un carguito o por un cargazo. Todo tiene que ver con la desesperación pública del lugar por el lugar, con el plan de gestión como una formalidad molesta.
Entre las pocas declaraciones con sustento que ha hecho Julio Cobos en los últimos meses, se
destaca la que tiene que ver con la elaboración de un plan de gobierno. El vicepresidente dijo mil veces que los radicales están peleando por quién es el candidato pero no sin pensar qué hacer si llegan.
Claro que Cobos hace ver esa contradicción porque está lejos de ser el candidato a la Presidencia por la UCR.
El manoseo permanente, por parte de los políticos, de la cosa pública se lleva a las patadas con el renacimiento de la militancia política de los últimos años. ¿Por qué no compatibilizar una y otra, dar un salto de calidad y comenzar a debatir en serio, sin exageraciones ni tergiversaciones, cómo continuamos en este camino, mejorando lo que hay que mejorar, manteniendo lo que está bien y proponiendo soluciones novedosas y osadas para un país de pie y en marcha, como nunca de cara a unas elecciones presidenciales?

día de la memoria. Parece increíble que con la monumental cantidad de pruebas sobre lo obvio, todavía hay quienes insisten en relativizar la atroz dictadura militar que comenzaba un día como hoy hace 35 años.
Los hay para todos los gustos, pero se destacan, por supuesto, los más hábiles. La apelación a cuestiones legales para pedir la prescripción de todas las causas contra militares es uno de los argumentos que más se escuchan. Nada se dice de la inocencia de los sometidos a juicio, que se descuenta inexistente, pero sí se apela a discusiones leguleyas, esas mismas que se les negaron a 30.000 personas. Ni hablar de los derechos inexistentes para los bebés apropiados. Si todavía hay gente que defiende –o relativiza– esos horrores, como sociedad, evidentemente, nos falta reflexionar, y mucho, sobre nuestro pasado, a pesar de que a algunos les moleste.
En los últimos tiempos se ha dado paso a una veta no revisada de aquella larga noche. Tiene que ver con la complicidad civil con los asesinos y ladrones militares. Casos emblemáticos que tienen como protagonistas a importantes medios de comunicación y a sus propietarios han sido conocidos por el gran público a partir de la decisión política de promover las respectivas investigaciones como nunca antes desde 1983.
Si bien hoy no hay nada que festejar, el cambio de paradigma para no sólo recordar –con dolor– a la última dictadura sólo por los desaparecidos, es algo que valoramos.

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