De qué se trata

Según una máxima del periodismo, una noticia tiene que contestar cuatro preguntas: Qué, Quién, Dónde y Cuándo (What, Who, Where, When). Se trata de la teoría de las cuatro W. Pero si queremos ir más allá, tenemos que responder la quinta W: Por qué (Why). Esa es la idea. Bienvenido.

6 de enero de 2011

Y ahora, ¿qué propongo?

Todo indica que este será un año electoral inédito. Además de la posibilidad de que sea reelecta Cristina, en lo que sería el segundo caso desde la reforma constitucional del 94 –Carlos Menem lo hizo en 1995–, también la situación del país, según los pronósticos “amigos” y no tanto del Gobierno nacional, será diametralmente opuesta a todas las anteriores el día del traspaso de mando.
Sólo se podría equiparar el 10 de diciembre que viene con el de la asunción de Cristina en el 2007, cuando recibió los atributos presidenciales de manos de Néstor Kirchner, aunque, en aquella oportunidad, el crecimiento no había alcanzado los registros escandalosos de estos tiempos.
Si no pasa nada extraño durante el 2011, quien asuma la presidencia el 10 de diciembre, se encontrará con un país en funcionamiento y con índices macroeconómicos hoy por hoy envidiados en buena parte del planeta, sobre todo en el Primer Mundo, esa entelequia que no deja de mirar a los paisuchos de quinta que crecen y crecen alejados de sus recetas.
Las reservas del Banco Central estarán en su máximo histórico o muy cerca; la participación de la deuda pública, en relación con el PBI, será absolutamente manejable; a su vez, las acreencias del Estado nacional estarán dentro del país, como en la Anses, y no en los centros de poder internacionales; las exportaciones estarán sólidas, la relación con los vecinos será la adecuada, las tasas de empleo y crecimiento seguirán siendo favorables, los superavit fiscal y comercial se consolidarán, habrá una masa de fondos enorme a disposición gracias a la política recaudadora y a una economía que no se detiene. En definitiva, se partirá de un piso muy alto respecto de los escenarios de anteriores cambios de mandato.


traspasos. La asunción de Carlos Menem en 1989 fue cuatro meses antes de que se cumpliera el mandato de Raúl Alfonsín, en medio de un proceso hiperinflacionario, saqueos y violencia, con la espada militar aún sobre la débil democracia.
El segundo período del riojano estuvo marcado por el inicio de la emergencia social que la Convertibilidad generó, luego de cuatro años de crecimiento relativo y la destrucción del débil aparato productivo del país y el remate de las empresas del Estado.
Menem le puso la banda a Fernando de la Rúa con una recesión galopante y un deterioro inédito de los índices sociales. De la Rúa terminó su gestión dos años antes de lo previsto, en medio de un caos total, con estallido social incluido y 40 muertos. La seguidilla de presidentes de finales del 2001 derivó en la designación de Eduardo Duhalde a cargo de la Presidencia. Este, a su vez, dejó la Casa Rosada siete meses antes de terminar el mandato de De la Rúa, obligado por las muertes de dos dirigentes sociales a manos de la policía.
El 25 de mayo del 2003, Duhalde le puso la banda a Néstor Kirchner y este, a mitad de camino en la implementación del modelo actual, hizo lo propio con Cristina Kirchner.
Como se ve, la transición que se producirá entre octubre de este año –luego de las elecciones generales– y la asunción del nuevo presidente –o quizás de Cristina, lo más probable hoy– será muy diferente a todas las anteriores. Y es aquí donde aparece un desafío mayúsculo para los que aspiran al sillón de Rivadavia.


¿qué propongo? Teniendo en cuenta el panorama repasado, cabe la inquietud respecto de qué van a proponer quienes compitan con el candidato K, a todas luces, hoy por hoy, la propia Cristina.
Más allá de la pirotecnia mediática, las acusaciones cruzadas, las chicanas y las estupideces del día a día, sumado todo esto a las encuestas que tibiamente van marcando una tendencia a meses de los comicios, es interesante ponerse el traje de (pre)candidato. ¿Qué propongo hacer, cambiar, reforzar o anular de lo que ha hecho hasta acá la gestión K? Repasemos lo que hasta ahora se sabe.
El vicepresidente Julio Cobos realizó a mediados de diciembre un “encuentro” de colaboradores en el que esbozó su plan, aunque, claro, como es su estilo, Cobos no habló ni de lanzamiento ni de postulación, no se definió ni tiró certezas.
El título de su conferencia fue La Argentina que queremos y dijo, según el diario Los Andes: “(Cobos) estableció a la educación como el motor de todas las respuestas para lograr mayor cohesión social, habló de vivienda, de infraestructura vial, del combate de la inseguridad, de las economías regionales y de fortalecimiento de las instituciones”. Como es evidente, la cuestión concreta no parece formar parte del discurso del ingeniero, que prefirió las generalidades que cualquiera de nosotros puede hacer en una mesa de café para ¿presentarse? en sociedad como ¿candidato? a la Presidencia.
Por su parte, la agencia DYN –propiedad del Grupo Clarín y diarios afines–, rescató la siguiente afirmación del vice: “En este contexto de bonanza internacional y consolidación de la democracia hace falta solucionar los problemas estructurales, por medio de un acuerdo entre partidos, otros sectores y los trabajadores”.
Es palpable que se complica la postulación de propuestas concretas, teniendo en cuenta la coyuntura que más arriba describíamos.
Vamos ahora a otro dirigente radical con aspiraciones. Raúl Alfonsín, también a mediados de diciembre, dijo, según DYN: “Es imposible definir políticas de mediano y largo plazo si no hay acuerdos entre las principales fuerzas políticas de un país, que trasciendan a los gobiernos”.
Por su parte, Ernesto Sanz, otro radical con ganas de probarse, hizo públicos los lineamientos de su programa electoral, hace un par de días. Dijo: “Los ejes de la propuesta tienen que ver con la seguridad ciudadana y el orden democrático; el desarrollo para todos en lugar de un crecimiento para pocos; la reparación institucional que este país se debe para tener una democracia fuerte y la inserción internacional de Argentina para tener peso en el mundo”.
Ayer, en La Nación (http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1338917), el sanrafaelino dio más detalles y definiciones jugosas y logró diferenciarse. Igual sorprendió la cantidad de cosas que rescata del período K.
Eduardo Duhalde, en su acto de lanzamiento el 20 de diciembre, habló de cuestiones coyunturales como la supuesta falta de paz en el país y sus presuntas cualidades para “imponer el orden”. También habló, como casi todos, de “acuerdo de gobernabilidad” y de “políticas de Estado”.
Como queda de manifiesto luego de este rápido repaso, es complicado, por ejemplo, proponer acciones con un Gobierno tan dinámico en cuanto a medidas y reflejos, con iniciativa política, en alza en la consideración popular y, además, con índices económicos tan favorables.
Quizás para diferenciarse y hacer ruido, los precandidatos podrían comenzar a elaborar una lista de medidas a incluir en sus plataformas electorales. Algunas podrían ser: vuelta a la mayoría automática, apego a las recetas del FMI, anulación de las condenas a represores (amnistía), privatización de la Anses, privatización de Aerolíneas, derogación de la Ley de Medios, derogación de la Ley de Matrimonio Igualitario, enfriamiento de la economía, congelación de salarios, apertura irrestricta a las importaciones, eliminación de subsidios, Convertibilidad, endeudamiento externo, represión a la protesta social, reivindicación de las desprestigiadas figuras de los ex presidentes Carlos Menem y Fernando de la Rúa, designación de embajador en EEUU de Eduardo Duhalde, expulsión de extranjeros –sólo
sudamericanos– y cierre de las fronteras para evitar el ingreso de indeseables. Y, claro, eliminación de las retenciones a la soja, pero 82% móvil para todos los jubilados.

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