De qué se trata

Según una máxima del periodismo, una noticia tiene que contestar cuatro preguntas: Qué, Quién, Dónde y Cuándo (What, Who, Where, When). Se trata de la teoría de las cuatro W. Pero si queremos ir más allá, tenemos que responder la quinta W: Por qué (Why). Esa es la idea. Bienvenido.

20 de enero de 2011

Qué ves cuando me ves

“¿Qué ves? 
¿Qué ves cuando me ves? 
Cuando la mentira es la verdad”.
Divididos.




Complicado saber qué piensan los demás cuando nos ven. En el peor de los casos, nos enteramos de la manera más cruda y podemos quedar sorprendidos y dolidos. “¿Esto piensan de mí?”, es la pregunta obligada, como si fuera imposible imaginar que alguna persona, en cierto tiempo, pueda pensar que nosotros somos tal o cual porquería. O, quizás, se quedó con una impresión equivocada, según nosotros, y, de ahí, la opinión negativa.
Hay cientos de variantes, miles, millones, pero el “qué dirán” o el “qué pensarán de mí” se sintetiza en una definición que tiene que ver con el marketing, la publicidad, el mundo de las encuestas y la política, la bendita política; hablamos de “la imagen”.
Haciendo un repaso rápido y apelando a lo que ha quedado en el inconsciente colectivo respecto de los precandidatos a presidentes de la oposición, se puede hacer un acercamiento a qué podría pensar el ciudadano a la hora de imaginarse votando a este o al otro.
el garante del orden y los disidentes. Eduardo Duhalde, según todas las encuestas –K y de las otras– es más bien un candidato testimonial. Intenta instalarse con un discurso digno de la derecha peronista. Apela a la pérdida de orden, a la amnistía a los acusados de crímenes de lesa humanidad y ahora habla de perseguir a líderes sindicales. Para muchos, el tiempo de Duhalde ya pasó.
Su apellido connota varias cosas: vicepresidente de Carlos Menem, caudillo de la provincia de Buenos Aires, todopoderoso gobernador durante el menemismo, rival interno de Menem, presidente por decisión del Congreso, padre de la pesificación asimétrica, prometedor de la devolución de los dólares en el Corralito, Kosteki y Santillán, y figura que genera devoción entre, por ejemplo, Cecilia Pando.
De todos estos elementos se conforma la “imagen” del bonaerense. Y cabe la pregunta: ¿tiene chances? Difícil de responder.
Mauricio Macri sueña con una alianza entre su Pro y el PJ Federal, aunque las peleas de verano entre las vedetes disidentes hacen cada vez menos probable que el hijo de Franco se pruebe en la pelea nacional.


el portador de apellido y la derecha radical. Si miramos hacia el radicalismo, ese partido que goza con la pelea interna, hay varios que buscan instalarse a través de la construcción de una imagen positiva.
Ricardo Alfonsín apela a lo mejor de su padre, el primer presidente de la democracia, el hombre con carácter, el que enfrentó a militares, a la Iglesia, a los gremios peronistas. Pero Raúl también representa la crisis económica, el plan Austral, las leyes del perdón, la entrega anticipada del poder, el pacto de Olivos, el manejo personalista del partido y ser uno de los ideólogos de la Alianza. Ricardito deberá –no se nos ocurre cómo– “esculpir” la imagen de su padre e intentar usufructuarla, en un país con memoria de corto plazo pero sensible a las tragedias nacionales de las últimas décadas.
Otro postulante radical es Julio Cobos. Su historia política nacional es muy corta, abarca apenas tres años, desde que llegó a la Vicepresidencia de la mano del kirchnerismo.
Al gran público nacional, Cobos le fue presentado luego del conflicto con las patronales rurales, en julio del 2008, cuando votó en contra de una decisión de su propio Gobierno.
Cobos tiene carisma, es un hombre agradable, adorado por ciudadanos que lo ven como un par más que como un típico dirigente político. Y es justamente acá donde se plantea el gran interrogante: ¿un tipo común puede gobernar Argentina?
Entre lo que se ve cuando se analiza su imagen se destaca la permanente duda respecto de tomar decisiones. El voto “no positivo” que lo eyectó al firmamento nacional lo emitió luego de 20 minutos de exasperante duda.
De ahí en más, sacarle una definición a Cobos es muy trabajoso, y esta cuestión ha desalentado a varios (ex) seguidores.
Ernesto Sanz es el más reciente de los aspirantes radicales a la presidencia. El sanrafaelino cuenta con una ventaja muy grande respecto de sus competidores: lo apoyan los grandes medios.
Las corporaciones que se han enfrentado abiertamente al kirchnerismo –o incluso sólo han tenido roces– tienen un objetivo claro: el próximo presidente debe ser anti K. Los huevos están puestos en varias canastas, pero, por alguna razón, Sanz los entusiasma más que otros –Duhalde, Cobos–, y lo miman, lo posicionan, están intentado que cada argentino vea su cara y la relacione con su apellido.
Sanz, de los tres, es el mejor preparado intelectualmente para la faena electoral. Brilló como jefe del bloque radical en el Senado de la Nación. Sus argumentos casi siempre son atendibles. Y cuando se equivoca, lo admite. En Clarín de ayer, dice respecto de cuando relacionó la Asignación Universal por Hijo con la droga y el juego: “Aquella declaración fue un error, cometí un equivocación”.
En la misma entrevista, Sanz sueña con poder decirles a Alfonsín y a Cobos dónde deben competir: el hijo de Raúl en la provincia de Buenos Aires y Cleto en Mendoza. Fue una inteligente mojada de oreja de Sanz a sus competidores; los bajó de categoría, los subestimó y los puso en el rol de topadoras electorales, recabando votos para él. Brillante.
Su lastre es lo que hoy aparece como una fortaleza: con la desesperación por hacerse conocido, utiliza todos los medios, en su gran mayoría esperando el momento para vengarse por las “ofensas” del kirchnerismo. Eso lo está condicionando, lo va a condicionar en un futuro cercano y le va a atar las manos. Los favores se devuelven. Todo esto, suponiendo que sus planes no sean 100% compatibles con la visión de país de los grupos concentrados de la economía. Hoy por hoy, Sanz representa a la derecha radical –con mucho más bagaje que Cobos– y lo sabe. Para “lavar” esta imagen instalada es el intento –declarativo– de que su compañero de fórmula sea el socialista soft Hermes Binner.
De Lilita Carrió hay poco para analizar. Fue una legisladora combativa que supo ser muy sólida en sus argumentos y diagnósticos, pero que se enfureció y se descontroló desde que el kirchnerismo le usurpó varias de sus banderas.


qué ves. La seducción de la voluntad popular ya empezó. El oficialismo confía, primero, en las falencias manifiestas y constantes de una oposición que aún se ve apichonada por la gestión K, avasallante desde lo político, índices económicos favorables inéditos y la potencia de un movimiento que parece trascender al PJ oficial; segundo, Cristina Kirchner y sus más cercanos ven con éxtasis cómo se va perfilando la campaña: mientras la oposición saldrá a cuestionar medidas populares y otras muy esperadas, comenzará a mostrar sus planes de gobierno y ahí aflorará el ADN filonoventista de los candidatos. O sea, música para los oídos K, colectivo plagado de expertos para la pelea dialéctica. De ahí, el intento de los precandidatos opositores de mostrar algo que no son.

3 comentarios:

  1. Argentina, como el resto del mundo, si, bien es cierto, que desde España nos sentimos más vinculados y vemos que los conflictos políticos son tremendos, una verdadera lástima.

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  2. Cinco W
    De Wikipedia, la enciclopedia libre
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    En el periodismo, las cinco W (también conocidas como las cinco W (y una H)) es un concepto en el estilo de noticias, la investigación científica e investigaciones policiales que se considera básico en la reunión de información.[1] Es una fórmula para obtener la historia "completa" sobre algo. La máxima de las cinco W (y una H) es que para que un informe sea considerado completo debe responder a una lista de verificación de seis preguntas, cada una de las cuales comprende una palabra interrogativa en inglés:[2]

    Who? (¿Quién?)
    What? (¿Qué?)
    Where? (¿Dónde?)
    When? (¿Cuándo?)
    Why? (¿Por qué?)
    How? (¿Cómo?)

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  3. NO SON CUATRO W, SINO 5. Y 6 LAS PREGUNTAS. SORRY.

    Cinco W
    De Wikipedia, la enciclopedia libre
    En el periodismo, las cinco W (también conocidas como las cinco W (y una H)) es un concepto en el estilo de noticias, la investigación científica e investigaciones policiales que se considera básico en la reunión de información. Es una fórmula para obtener la historia "completa" sobre algo. La máxima de las cinco W (y una H) es que para que un informe sea considerado completo debe responder a una lista de verificación de seis preguntas, cada una de las cuales comprende una palabra interrogativa en inglés:

    Who? (¿Quién?)
    What? (¿Qué?)
    Where? (¿Dónde?)
    When? (¿Cuándo?)
    Why? (¿Por qué?)
    How? (¿Cómo?)

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