De qué se trata

Según una máxima del periodismo, una noticia tiene que contestar cuatro preguntas: Qué, Quién, Dónde y Cuándo (What, Who, Where, When). Se trata de la teoría de las cuatro W. Pero si queremos ir más allá, tenemos que responder la quinta W: Por qué (Why). Esa es la idea. Bienvenido.

13 de enero de 2011

Dime a quién votas y te diré cómo piensas


Los aspirantes a la Presidencia de la Nación florecen como si estuviéramos en una fértil primavera electoral.
Los hay bien diferentes y los hay muy parecidos, cortados por la misma tijera.
Los hay también intelectualmente muy formados y hay de los otros, de esos que da pena escuchar y tienen dificultades a la hora de terminar una frase.
Los hay improvisados, confiados en su buena estrella y en su carisma. También están los que descansan en el peso de un apellido.
Están los que tienen en qué respaldarse, que han demostrado decisión, gestión, formación y talento político.
Hay aspirantes que son promesas, incógnitas, tapados y también hay personajes que cargan con una historia política que borrarían, sin dudarlo, costara lo que costara. Hay de todo.



iguales. Dentro del amplio espectro de lo que podríamos llamar la centroderecha se enrola la mayoría de quienes aspiran a entrar a la Casa Rosada el 10 de diciembre.
Los tenemos a los llamados peronistas disidentes. La lista la encabeza Eduardo Duhalde, un dirigente que decidió rifar el respeto que logró como piloto de tormenta a partir del 1 de enero del 2002 hasta el 25 de mayo del 2003. En este lapso decretó la llamada pesificación asimétrica, la peor forma de salir de la Convertibilidad, situación que benefició, a sabiendas, a distintos grupos económicos que hoy lo aúpan con la esperanza de que vuelva al sillón de Rivadavia.


También está Francisco de Narváez, quien parece haber entendido que la Constitución nacional está para cumplirla, no para interpretarla según la billetera de cada uno.
Está Mario das Neves, el gobernador de Chubut, un entusiasta de la democracia y de los milagros comiciales.
Otro que amaga con anotarse en la carrera es Carlos Menem, más cerca del pastillero que de la gloria, malherido –entre muchísimas otras cosas– por su cobarde decisión de no competir en la segunda vuelta en el 2003.
Como se ve, el panorama es devastador para quien ve al peronismo disidente como una opción. Pero que los hay los hay.
Fuera del peronismo disidente, se cuenta en la centroderecha bastante acostado hacia la derecha al jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri, un caprichoso millonario devenido en caricatura de político.
El potencial votante de estos aspirantes a presidentes suele apelar a la memoria selectiva que le marca que en los 90 pudo conocer Miami, comprarse un auto japonés, ir a Chile y comer mariscos hasta reventar y repetir como loro consignas que “prestigiosos” periodistas tiraban con intencionalidad manifiesta: “Hay que achicar el Estado”, “Lo único que da YPF son pérdidas”, “Estamos entrando al primer mundo”, “Las relaciones carnales traerán progreso”, “Que los empleados estatales vayan a trabajar y se dejen de robar nuestros impuestos (en el caso de que los pagaran, por supuesto)”.
Estos señores, además, suelen tener una débil formación ciudadana, relativa posición respecto de la institucionalidad y nula instrucción –ni reflexión– sobre la historia argentina reciente.

virus en el comité. Entre los aspirantes sin relación con el partido del General también hay varios.
Lo tenemos por ejemplo al carismático aunque pandito hijo de Raúl Alfonsín, quien no despierta más que nostalgia en los viejos radicales y en ciertos líderes del socialismo, que conmemoran el lugar que tuvo la UCR alguna vez en la Internacional.
También aparece el vicepresidente Julio Cobos, adicto a la indefinición y el misterio, convencido de que su “destino” lo depositará, sin demasiado esfuerzo, en el lugar que la Historia le tiene reservado. Claro que este convencimiento no seduce a sus seguidores, obnubilados por la aventura de la 125 pero desencantados al ponerse a andar tras el ingeniero.
Los simpatizantes de Cobos suelen ser señoras “bien” y también humildes, que se derriten por la cara de bueno y su estéril pero insistente evocación al “diálogo” y al “consenso” como las llaves de la felicidad plena.
En el último tiempo, otro que se anotó es el radical Ernesto Sanz. El ex intendente sanrafaelino cuenta con la simpatía de lo que llamamos establishment. ¿Qué es esto? Fácil: los que quieren que nada cambie para que todo siga igual. Es decir, nada de reformas de fondo, nada de Ley de Medios, nada de Matrimonio Igualitario, nada de nada con que el Estado intervenga en la economía. Que la ley de la selva del mercado, que al establishment lo ha tratado, siempre, muy bien, defina quién sobrevive y quién no. ¿Para qué cambiar?
Volviendo a Sanz, se ha visto en los últimos días, como hacía tiempo no ocurría, una campaña monumental de posicionamiento del personaje en algunos medios.
Si intentamos mirar a los aspirantes radicales como un todo, inmediatamente una molesta interna nos nubla la vista. Se trata de una especie de virus intrahospitalario que se ensaña con los comités y hace todo más difícil.

otras yerbas. Pino Solanas conforma una apuesta original, aunque, como suele suceder con los candidatos sin estructura, no suele pasar de una presentación testimonial, al menos si el round es de alcance nacional.
Elisa Carrió... Elisa Carrió... Qué decir de la combativa Lilita, caída en desgracia por la “crispación” que la caracteriza, que parece llevar en su ADN, y que tan mal le hace a una mujer inteligente, que tuvo sus 15 minutos de fama y hoy se debate entre catástrofes que nunca llegan y las predicciones más alocadas.
En ambos casos, los eventuales votantes de Pino y Lilita son ciudadanos obnubilados por las personalidades de los dirigentes, enceguecidos por el insistente discurso de que todo está mal, muy mal, casi igual que en el 2001.

voto k. Qué complicado resulta imaginar el perfil del votante K. Se supone que quienes profesan esa posición política se podrán extasiar en el cuarto oscuro metiendo la boleta con el nombre de Cristina. Ahora, ¿quiénes son, cómo son, por qué piensan lo que piensan, qué los moviliza, qué mecanismo intelectual utilizan para refutar el (débil) discurso de la oposición? ¿De dónde salieron tantos actores, escritores, intelectuales, periodistas, cantantes, obreros, amas de casa, tipos comunes y corrientes, y jóvenes (¡tantos jóvenes!), que reivindican a los endemoniados K? ¿Cuántos choris y cuántas cocas cuesta tanto entusiasmo?
Es complicado, insistimos, definir un estereotipo de votante K. La memoria completa, las medidas de avanzada, las reivindicaciones, la iniciativa política a toda prueba, el nivel argumentativo, algo de todo esto, o todo esto junto, quizá sea la matriz del militante –y votante– K.
Esta imposibilidad de encasillamiento es, nada menos, la ventaja que hoy tiene el kirchnerismo por sobre los demás aspirantes.
Quién iba a decir que el desdibujamiento de un sujeto social iba a ser, justamente, la fortaleza de una idea.
Ampliar la base segura, cautiva, de los contrincantes, es el gran desafío de quienes quieren seducir a más argentinos, muchos más, para tener la aspiración concreta que vaya más allá del infantil berrinche que poco aporta y fortalece al mejor parado.

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