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Políticos, periodistas y las claves de la relación

Lo que sigue es una exposición que di en la Universidad Nacional de Cuyo durante una charla debate organizada por la Escuela de Gobierno, dependiente del Gobierno de Mendoza y de la UNCuyo, en octubre del 2009.
Como el público, en general, iba a estar conformado por dirigentes, políticos y aspirantes a serlo, se me ocurrió que un aporte podría ser contar qué deben hacer para salir en los medios, una cuestión que desvela a todos.
Son simples consejos, que fueron valorados como un aporte súper pragmático. Espero sea de su interés.


Breve manual para políticos:
cómo lidiar con periodistas

1- Atender el teléfono:

Aunque parezca increíble, tanto políticos –funcionarios o no- como sus encargados de prensa, a veces no atienden el teléfono. En general los medios de comunicación no tienen horarios, ni feriados, ni domingos. En los diarios, la actividad puede empezar a las 7 de la mañana y terminar a medianoche. Ni hablar de los portales web de noticias. Por eso es imprescindible que tanto políticos como sus encargados de prensa entiendan esto y actúen en consecuencia. Aunque no puedan ayudar con la requisitoria puntual o no quieran dar información (es válida la estereotipada frase “sin comentarios”), tienen la obligación de atender el teléfono porque deben adaptarse al ritmo y a las necesidades de los medios.


2- Dar información:

Este punto parece ridículo, pero son contados con los dedos de una mano los políticos que dan buena información, y con esto me refiero a cuestiones publicables, que no necesariamente son cosas importantes.

Esto lo divido en dos partes: por un lado están los dotados técnicamente (ministros, subsecretarios, legisladores) que manejan los temas que nos interesan y, supuestamente, le interesan a la sociedad, que dan información fidedigna, basada en argumentos, con datos precisos y comprobables. Claro que los hay capacitados para comunicar y de los otros, que utilizan tecnicismos imposible de “bajar” al lenguaje cotidiano.

Por otro lado, están los “tira títulos”. Se trata de dirigentes que saben que la polémica vende, atrae, nos encanta, y tira definiciones cortas y controversiales, ideales para titular. Esta “cualidad” se puede trabajar, pero tiene más de innato que de cuestión entrenada.

3- Todo lo que hacen nos interesa:

Para graficar esto, un ejemplo claro. Hace unos años, en un comentario cortito, publicamos que habíamos visto a tal intendente salir del tal casino con una señorita de rubia. Resulta que la esposa del intendente era morocha.

El hombre se enojó mucho, seguramente porque nunca se imaginó que un periodista lo iba a ver y después iba a contar que lo vio. En general, los periodistas vivimos para contar lo que vemos. Es el ABC del oficio. Y los políticos son personas públicas. Por eso, más que nadie, deben entender el juego y actuar en consecuencia.

4- No hay amigos periodistas:

Nunca es bueno, para un periodista, ser amigo de un político. No es una máxima, sólo un consejo. Hace años, me había hecho amigo de un senador del Partido Demócrata, un tipo joven, con ideas interesantes. Era fuente permanente de información, tanto de las cuestiones que sucedían en la Legislatura como de movimientos internos de su partido. Tomábamos café todos los días. Por una investigación sobre becas en la Legislatura, descubrí a muchos legisladores que, a cambios de la ayuda, hacían trabajar a los becados, cosa prohibida. Otra práctica era la de “pagar” a punteros con esos fondos.

El senador amigo mío estaba en la lista becando a un pariente. Me dolió, pero salió publicado como todos los demás. El tipo entendió, y supo que el periodista, siempre, antes que amigo, es periodista. Y es otro consejo, ninguna máxima.

5- No hacer diferencia:

El político tiene más afinidad con uno u otro medio o periodista, pero todos deben ser igual de importantes a la hora de hacer su trabajo, que, entre muchas otras cuestiones, es informar.

En una oportunidad, un alto funcionario eligió dar su opinión sobre un tema candente a través de una carta del lector que envió a cierto diario. La explicación, al menos para nosotros, fue: “Es que ustedes nunca me publican nada”. El error aquí es creer que todo lo que el político hace, es importante. Sí, lo es, pero para el involucrado. El periodista analiza, evalúa, sopesa, edita, le da un enfoque y publica luego de un trabajo de valoración. El político, como no sabe hacer eso, justamente porque para él todo lo que hace y piensa es importante, debe dar la información a todos los medios, y saber que se la evaluará no con sus criterios. Mandar una carta del lector es jugar sucio, porque todos los demás estamos en desventaja. El ejemplo contrario es el comunicado de prensa; para todos igual y que cada uno le dé el espacio que considere adecuado.

6- Fijar agenda, y saber cómo:

Es una de las cuestiones que más desvela a los políticos. Se trata, nada menos, de hacer que el público hable de lo que ellos quieren. Hay iluminados que manejan esta habilidad. Ya hablamos de los “tira títulos”, pero también están los otros, los que plantean temas centrales, polémicos, de fondo, de esos que van a despertar controversia profunda, y la controversia garantiza títulos, centímetros, minutos.

Claro que hay diferencias. Empecemos por el ejemplo donde se intenta instalar un tema de la forma equivocada. El ex gobernador mendocino Celso Jaque tiró la idea de castrar químicamente a condenados por delitos sexuales.

El ejemplo de alguien que sabe crear agenda era el Gobierno nacional, en sus dos etapas K. Renovación de la Corte, Derechos Humanos, deuda pública, posicionamiento internacional, modelo neoliberal versus mercado interno, retenciones móviles, renta extraordinaria, Aerolíneas Argentinas, AFJP, Ley de Medios, Matrimonio Igualitario, Asignación Universal...

Podemos criticarle cosas a ese dos gobiernos, pero no la capacidad para fijar agenda.

Durante los 90, nos pasamos discutiendo sobre los hijos ilegítimos de Menem y del desnudo en Las Leñas de María Julia, pero las leyes que iban dándole forma al saqueo final eran aprobadas de madrugada y con diputruchos en las bancas.

Insisto, más allá de las muchas críticas que podemos hacerle al periodo K, hemos discutido cuestiones de fondo. El ejemplo más claro fue el debate por la ley de medios.

7- El que se calienta, pierde:

Hay políticos a los que les gusta pelearse con periodistas. No tiene sentido. Primero porque, más allá de casos puntuales, somos los mediadores, no los destinatarios del mensaje. La inutilidad de “matar al mensajero” no es comprendida por los políticos en general, y atribuyen todos sus males a los medios. Es justamente la lógica K. Y hablo de periodismo, no de intereses de grandes grupos económicos, mediáticos o no. También hago una diferencia cuando el político o funcionario desenmascara a los “voceros” de los medios, categoría que no tiene nada que ver con el periodista.

Los políticos deben entender en qué lugar están, qué responsabilidad tienen y comprender que vamos a estar sobre ellos. Si no entiende esto, y se enojan por cada cuestión que se publica y los atañe, la va a pasar mucho peor que si comprendiera las reglas del juego.

Párrafo aparte para los periodistas mala leche, qué básicamente se mueven por motivaciones que nada tienen que ver con nuestro trabajo. En esta categoría entran desde los mercenarios hasta los coimeros, que lo hay, y en buen número.

8- El político debe tener un periodista a su lado:

No es extraño que personas que entienden nada de periodismo o no conocen la lógica de los periodistas o nunca estuvieron en un medio, ocupen el lugar de asesor de prensa de un político o funcionario. No hace falta decir que poco pueden aportar en la relación político-periodistas.

Cuesta encontrar periodistas que quieran asesorar a un político o a un gobierno. Pero vale la pena buscar hasta encontrar al interesado. Todo se hará más fácil por la simple razón de que el colaborador del político sabe cómo piensa el “enemigo”, justamente porque estuvo en la otra trinchera.

Amigos, conocidos, punteros, afiliados, pueden hacer muchas cosas en beneficio de la carrera de un político, pero no pueden ser su asesor de prensa. Sobran los ejemplos de personas no capacitadas en ese puesto. Está en la humildad del político saber que necesita a alguien que sepa, que intuya qué título va a poner tal diario al día siguiente y qué información puede ser relevante para los periodistas, información que puede terminar siendo el título principal del diario del día siguiente.

9- Hacerse referente en un tema:

Este punto tiene directa relación con los legisladores. Nuestros representantes no tienen la obligación, casi nunca, de responder por cuestiones de gestión, por lo que, si quieren avanzar en la carrera política y ser considerados a la hora del armado de una lista, deben saber que siempre es mejor ser un tipo conocido, que sale en los medios, a ser un ignoto.

Algunos lo entienden, y apelando a estilos particulares o a estudiar un macrotema, logran convertirse en referentes. En estos casos, sólo es cuestión de tiempo para que en los medios empiecen a llamar a ese legislador cuando salta cualquier cosa referida al tema en el que se hizo referente. Y de ahí a convertirse en fuente, hay un paso.

La generación de información propia por parte de un legislador, y su mediatización, será mucho más fácil para quien se haya hecho referente en un tema.


10- Leer y escribir:

El dirigente, el funcionario, el político, debe ser un hombre preparado, o al menos esforzarse por dar esa sensación. Se supone que trabajó para tener la responsabilidad de cambiar la realidad, a través de la Política, con mayúscula. Y para lograrlo no hay otra posibilidad que estudiar, analizar, saber, tener sentido crítico, leer entre líneas, entender los juegos del poder.

Todo esto se logra con formación intelectual. El político debe leer, pasar sus ratos libres formándose en el conocimiento clásico de una enormidad de temas, pero también estar a la vanguardia; si es necesario, conseguir, hacer traducir, y leer y estudiar una ley revolucionaria sancionada en Europa. Es su obligación, porque tiene que ser el más preparado, un referente para los miles que representa, esté en el lugar que esté.

Respecto a escribir, es tan importante como lo anterior. Las opiniones bien fundadas, los argumentos sólidos, que denotan estudio y análisis, las sentencias basadas en la honestidad intelectual, los juicios de valor certeros, deben ser una práctica habitual de los políticos. Por que forman opinión, porque están en los medios, porque hablan y los ciudadanos los escuchan. Tomarse el tiempo para escribir un artículo de opinión sobre un tema específico, debe ser otra de las obligaciones de nuestros dirigentes.

Es que son nuestro reflejo, son “enviados” de la sociedad, que les encomienda la responsabilidad de resolver los problemas. Qué otro desafío tiene un político que hacer un poco mejor la vida de sus conciudadanos.

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