De qué se trata

Según una máxima del periodismo, una noticia tiene que contestar cuatro preguntas: Qué, Quién, Dónde y Cuándo (What, Who, Where, When). Se trata de la teoría de las cuatro W. Pero si queremos ir más allá, tenemos que responder la quinta W: Por qué (Why). Esa es la idea. Bienvenido.

2 de diciembre de 2010

Morbo y trapitos al sol

“Uno de mis colegas canciller me dijo: ‘No te preocupes, deberías ver lo que hemos dicho de ti’”.
La frase, reveladora, fue pronunciada por la secretaria de Estado de Estado Unidos, Hillary Clinton, en medio de su pedido de disculpas por los informes que recibió su departamento en los últimos años desde las embajadas de todo el mundo. Estos “cables” fueron los revelados por el sitio Wikileaks esta semana, que utilizó a cinco de los más importantes diarios del mundo para promocionarlos.
Más allá del morbo que produce saber qué se dice en privado sobre gobierno extranjeros y líderes mundiales, en general, en las entrañas del poder norteamericano, convengamos que no se han hecho grandes revelaciones, o mejor dicho, no se han conocido decisiones trascendentes tomadas a base de los informes.
Si analizamos fríamente los textos de los informes de las embajadas de EEUU, y los relacionamos con lo que sabemos, que es lo que ocurre en el país, llegamos a la conclusión de que los encargados de “leer” la realidad local y contarles a sus superiores en Washington, dejan mucho que desear respecto de la capacidad de análisis a base de datos fragmentados, parciales, interesados e incluso públicos. Se especula, por ejemplo, que el cable donde se mostraba inquietud por la salud mental de Cristina Kirchner coincide, en su fecha, con la publicación de una tapa de la revista Noticias que tiraba la pregunta sobre si la hoy presidenta sufría trastorno bipolar.
Generalizada es la idea de que la revista que dirige Jorge Fontevecchia “vende” una cosa en su tapa que luego difiere del contenido. Si estas son las fuentes que toma la inteligencia de EEUU para ponerse en alerta o al menos inquietarse, podemos deducir varias cosas en relación con los famosos cables.
Por ejemplo, que se trata de charlas de café entre diplomáticos quizás un poco entonados por vinos carísimos o por las sensaciones luego de un encuentro cara a cara con algún funcionario de cualquier país del mundo.
Volvamos al principio: ¿qué ocurriría si el episodio se hubiera registrado en la dirección contraria? Es decir, si se conocieran las conversaciones en privado de presidentes, primeros ministros, funcionarios de alto rango e inclusive diplomáticos de carrera sobre las crisis financiera primera y económica luego que generó Estados Unidos en el 2008 por la nula regulación del Estado sobre el poder financiero y las infinitas maneras de hacer plata sin hacer absolutamente nada.
Las consecuencias de la explosión de esa burbuja financiera las estamos viendo todavía y, seguramente, por bastante tiempo más en Europa. Los graves problemas económicos de países como Grecia, Irlanda, España y ahora Italia están directamente relacionados con la debacle generada por la desidia de EEUU en controlar a los voraces intereses del poder financiero.
Qué interesante sería conocer los informes que recibieron las cancillerías del mundo sobre las falencias de la primera potencia mundial en el control y la regulación de una actividad, está clarísimo, es capaz de hacer lo que sea por mayores dividendos, apostando siempre a la especulación
desechando y hasta combatiendo contra la generación de riqueza a través de la economía real, que no es otra cosa que la producción, la industria, la creación de empleo y el crecimiento, en definitiva, lo más equitativo posible.
Escandaloso sería conocer los papers entre dependencias gubernamentales de países de todo el mundo sobre Guantánamo, el anacrónico bloqueo a Cuba, las relaciones peligrosas entre las familia Bush y Laden, la invasión a Irak y Afganistán, las fallas de seguridad previas a los atentados del 11 de setiembre del 2001, el entusiasta apoyo a dictadores de toda calaña en medio mundo o el affaire Bill-Mónica, entre cientos de otras cuestiones.


vergüenza ajena. La canciller Hillary Clinton se apuró a pedir disculpas por el contenido de las filtraciones y remarcó que esas infidencia, dignas de señoras que esperan su turno en la peluquería, “no tienen relación con la política exterior de Estados Unidos”. Nos preguntamos: ¿seguro?
¿No fue y es una constante en la política exterior de EEUU inmiscuirse en los asuntos interiores de los países, aliados o no, con el único y exclusivo objetivo de favorecer a las empresas norteamericanas?
¿En alguno de los cables filtrados hasta ahora se habla de la política en serio de cierto país, respecto del rumbo que toma, a las metas de largo plazo, a la matriz económica adoptada? Si el análisis de los espías y diplomáticos norteamericanos se acota a lo que se ha difundido hasta ahora, dejan muchísimo que desear.
¿Al Departamento de Estado le interesa más la personalidad de un líder político extranjero, en la gran mayoría de los casos electo, que su plan de gobierno, su visión de la política y de la economía?
Todo este asunto resulta casi una comedia mundial, en la que el ridículo lo ha hecho el poderoso, cuestión que, por qué no decirlo, tiene su atractivo. Quizás esta sea la razón de fondo por la cual Wikileaks cae simpática: por la desfachatez de sacarle los trapos sucios a la primera potencia del mundo, que se consolidó no precisamente respetando la moral y las buenas costumbres.


¿en beneficio propio? Otra cuestión que se ha comenzado a analizar es la utilización que se ha hecho en los diferentes países del mundo de los informes revelados.
En nuestro país se ha dado una situación singular: los medios enfrentados a la gestión kirchnerista han intentado utilizar los escritos con el objetivo de socavar al Gobierno nacional y, particularmente, a Cristina y a Néstor Kirchner. ¿Los enfoques editoriales de esos medios darán los resultados esperados por ellos? Teniendo en cuenta la base de sustento político del kirchnerismo, le están haciendo un favor. Si EEUU cuestiona cierta medida de gobierno o la personalidad de Cristina o el ímpetu de Néstor, sin duda, por antonomasia, a quienes apoyan al Gobierno nacional les caerá aún mejor.
No es para subestimar la política exterior de ambos períodos presidenciales, sobre todo porque se rescata como uno de los grandes aciertos tanto de Néstor como de Cristina. Si EEUU, con todo lo que significa, cuestiona justamente el posicionamiento regional y global del país es, porque, sin ninguna duda, las cosas se han hecho bien. O, al menos, mucho mejor que en otras época. No es poco.

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