De qué se trata

Según una máxima del periodismo, una noticia tiene que contestar cuatro preguntas: Qué, Quién, Dónde y Cuándo (What, Who, Where, When). Se trata de la teoría de las cuatro W. Pero si queremos ir más allá, tenemos que responder la quinta W: Por qué (Why). Esa es la idea. Bienvenido.

13 de mayo de 2010

Iniciativa a toda prueba

El Gobierno nacional lo hizo otra vez. Volvió a dejar mal parada a la oposición, lanzando el refinanciamiento de las deudas de los estados provinciales con el Estado nacional. Más allá de los detalles de la medida –para algunos, positiva; para otros, sólo una cortina de humo con efectos prácticos muy limitados–, lo que no deja de sorprender es la habilidad política del kirchnerismo, que literalmente ha pulverizado a la oposición, cada vez más desdibujada en un año clave, en vistas de las elecciones generales del 2011.


frentes abiertos y por abrir. Si hay algo para destacar sobre el proceso político que inauguró Néstor Kirchner el 25 de mayo del 2003 y continuó Cristina Kirchner desde el 10 de diciembre del 2007 es la capacidad para hacerles hablar a propios y, sobre todo, a extraños de lo que ellos quieren.
Hay puntos oscuros de este proceso, no obstante es muy interesante analizarlo desde los movimientos políticos que han hecho que, primero, tuviera un adhesión mayoritaria, y, luego, se sobrepusiera a un fuerte revés electoral, en el 2009, después de otro traspié –que para otros hubiera sido fatal– como fue el no positivo del vicepresidente Julio Cobos y el triunfo, a partir de este, de las posturas más reaccionarias del “campo”, reacio a pagar más impuestos en virtud de la renta extraordinaria que ganó –y gana– desde la devaluación del 2002 y los precios internacionales de la soja.
Pero repasemos algunos hitos. En los albores del kirchnerismo, era usual escuchar a encumbrados periodistas y analistas decir “Kirchner tiene demasiados frentes abiertos”. Quedó demostrado que todos esos frentes –empresas de servicios públicos, Iglesia, promilitares, jueces supremos menemistas, poder financiero cuando se eliminaron las AFJP, voceros del stablishment cuando se le pagó todo al FMI– eran abiertos a sabiendas de que hacía falta en el país la certeza de que el jefe del Ejecutivo era un hombre con carácter, luego de la frustrante experiencia de la Alianza y Fernando de la Rúa.
Y, no está de más decirlo, tampoco es que abrió tantos frentes Néstor; Cristina sí lo hizo, yendo, incluso, más al hueso de la cuestión de fondo, relacionada con el modelo de país: primero el “campo”; luego los grupos Clarín y Vila-Manzano con la Ley de Medios; más tarde, los conservadores de siempre, con leyes de alto impacto, como la del matrimonio gay, y siempre, constantemente, enfrentando a la Iglesia y a los defensores –y socios– de la dictadura. Como corolario de este rápido e incompleto repaso se suma un tema que aún no “explota”: el remplazo de la “Ley” de Entidades Financieras de la dictadura por una norma propuesta por el banquero cooperativo Carlos Heller, proyecto que ya está en el Congreso de la Nación. Esta discursión, cuando se dé, pisará callos de tipos poderosos, bancos nacionales y extranjeros que en los últimos 30 años han crecido no precisamente apostando al bienestar de los clientes.
A todo este combo se le agrega la posición internacional de Argentina, con la mirada puesta en nuestros vecinos latinoamericanos y lejos de los organismos internacionales de crédito. Ni hablar de Malvinas y la distante relación con EEUU.


política con mayúsculas. ¿Qué es la política sino la capacidad de proponer discutir temas trascendentes para el futuro de un país? (A veces, con proponer no alcanza, y hay que imponer, más cuando el afectado tiene la fuerza suficiente para hacer tambalear a un gobierno democrático).
En este punto, la gestión K se ha destacado, y sus opositores políticos –y sus enemigos–, muy en privado, admiten que llevarle el ritmo político al Gobierno nacional es imposible.
Cuando la discusión por la pobreza –que parece haber desaparecido, porque nadie habla de ella– estaba complicando la gestión, la presidenta anunció la Asignación Universal por Hijo, que no es tan universal, pero que ha tenido, sin dudas, efectos muy positivos, como la escolarización compulsiva y la vacunación masiva de los beneficiarios.
Vino también la Ley de Medios, la reforma política, el pago de deuda con reservas, la remoción de Martín Redrado y la designación de Mercedes Marcó del Pot en el BCRA, el matrimonio gay, la discusión inminente por la legalización del aborto y el consumo de marihuana y la ley de reforma financiera. Y todo después de perder las elecciones en el 2009, con Cobos como líder de la oposición ocupando la vicepresidencia nacional y, más importante, la presidencia del Senado.
Insistimos: no lo dicen en voz alta, pero a radicales, peronistas disidentes, chicos Pro y otros les encantaría tener esa iniciativa política a prueba de todo que esgrime en kirchnerismo.
Sin dudas, se trata de una característica del ADN peronista que también tenía el ex presidente Carlos Menem. No obstante, las épocas son diferentes. Durante los años 90, la ideología imperante era la muerte, justamente, de las ideologías, por lo que el compromiso ciudadano era nulo comparado con el actual. Menem hizo y deshizo, tomó decisiones que hoy en día producirían cimbronazos importantes en la sociedad, amparado en la ola mundial del
desinterés total del ciudadano común en la cosa pública. Así nos fue.
Hoy, en cambio, y también por la inercia casi natural de la gestión K, el poner temas de fondo en el tapete e ir hasta las últimas consecuencias con las discusiones y peleas –retenciones al “campo” y Ley de Medios– es algo cotidiano, de lo que los ciudadanos hablamos naturalmente, tomamos postura y hasta nos manifestamos por las miles de posibilidades que da internet.


interés en la política. El mazazo a la actividad política que significó la debacle del 2001, corolario de una década de frivolidad y destrucción, parece estar dejando paso a un compromiso renovado.
En su última edición, la revista Noticias publica una encuesta exclusiva de Ibarómetro sobre el perfil político de los argentinos.
El trabajo –1.400 casos en todo el país– cuenta con varios datos muy interesantes. Por ejemplo, 25% dice sentirse más cercanos a las políticas de izquierda, mientras que 18,8% se dice de derecha. Casi 40% de los argentinos se identifica, a muy grandes rasgos, con una idea política; algo así, en los 90, era impensado. Por aquellos años, los gerentes ocuparon el lugar de gobernantes y funcionarios públicos y las decisiones más sensibles se tomaban en campos de golf con los interesados directos –empresarios, financistas, banqueros– que tenían voz, voto y mucho dinero para repartir.
La historia nos dirá, en unos años, qué huella dejó el kirchnerismo en Argentina, y estimamos que la vuelta de la política como motor de la transformación y el debate ocupará un lugar importante en la descripción del período. Ojalá.

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