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Esa mentirosa versión de la historia y sus juglares actuales

Nada es blanco o negro. El mundo es gris, siempre, en todos los ámbitos. Partiendo de esta declaración sobre cómo vemos, interpretamos, pensamos y repensamos la historia y sus consecuencias, podemos asegurar, igualmente, que hay cuestiones imposibles de relativizar. La razón es simple: el peso de las evidencias, testimonios, documentación de todo tipo y el daño manifiesto de ciertos acontecimientos históricos simplemente hacen incuestionable lo que pasó, cómo pasó y por qué pasó.
Pese a esto, en los últimos días fuimos espectadores de una versión de la historia que muy pero muy pocos se animan a sostener.
Los represores varias veces condenados Jorge Rafael Videla y Luciano Benjamín Menéndez hicieron apología de la última dictadura militar, de sus crímenes y horrores, y le dieron un espaldarazo incalculable al actual Gobierno nacional. De paso, dejaron entrever que sus interpretaciones políticas son calcadas a las utilizadas cada vez más a menudo por líderes opositores. Sí, todo esto en los pocos minutos que utilizaron primero Videla y luego Menéndez al hacer uso de su derecho –¡qué paradoja!– de defensa en el juicio al que se los sometió a ambos hasta ayer en la ciudad de Córdoba. Vamos por parte.
apología. El ex presidente Videla –ilegal a todas luces– habló el martes. En una alocución que duró unos 45 minutos, justificó lo imposible y dejó varias frases para el análisis, pero, sobre todo, para nunca dejar de estar alertas. Es que las acciones de poderosos sectores civiles para que estos criminales tomaran el poder e hicieran todo lo que hoy sabemos no hacen otra cosa que dejar en claro que son capaces de cualquier cosa, incluso de lo más horroroso.
“¿Cuándo realmente comenzó esta guerra? ¿Y cuándo realmente terminó? Me pregunto si aún hoy esta guerra, usando otros medios, haya terminado”, se preguntó Videla, diciendo, sin decirlo, que los ganadores, claramente, no fueron ellos, sino los otros. Vaya a saber qué imagina Videla en sus pesadillas cuando habla de guerra perdida.
Sigue Videla: “La victoria en el campo militar no pudimos lograrla en el campo político. No hay dudas de que los enemigos derrotados ayer gobiernan hoy el país y no dudan en erigirse como los paladines de los derechos humanos que no supieron hacer honor en su época”. ¿No era que los enemigos de ayer lo juzgan hoy? Igual, el dictador reivindica una victoria militar sobre organizaciones clandestinas que nunca siquiera pudieron poner en discusión el control del país a las Fuerzas Armadas. Eran poco menos que pequeños grupos armados fácilmente controlables por las fuerzas de seguridad. Pero lo que no dice Videla es que la respuesta desproporcionada hacia la violencia guerrillera tuvo como objetivo imponer un modelo de exclusión social que recién dejó de existir en diciembre del 2001.
Respecto de la segunda afirmación de Videla, dice, sin decirlo –es cobarde hasta para la pelea discursiva–, que el Gobierno nacional es una especie de comando montonero. Está claro que el detalle del voto popular, el juego político, las internas, las elecciones y la Constitución en plena vigencia son menudencias para el ex presidente.
Y sigue: “Desde el poder intentan establecer un régimen marxista; la Constitución nacional guarda luto por la República desaparecida”. Creemos, sinceramente, que el nivel de ridiculez de la afirmación no vale el más mínimo comentario.
Como se ve, la visión de Videla –y de muchos otros– es diametralmente opuesta a lo que está ampliamente demostrado. No obstante, el silenciar estas declaraciones, soslayarlas, minimizarlas no hace otra cosa que serles funcional a sectores reaccionarios. La memoria histórica de un país es lo único que lo puede prevenir de repetir errores.
Por su parte, Menéndez tiró ayer algunas perlas. Por ejemplo: “Nunca perseguimos a nadie por sus ideas”; “estos delitos están prescriptos”; “la democracia es un sistema que dignifica a quienes gobiernan, pero para que funcione necesita de gobernantes que no se aparten de la ley” y “aplicando las leyes en vigencia cumplimos la misión de vencer al enemigo, le ahorramos sufrimientos a la patria”. Sin palabras.


qué buenos enemigos. Analizando un poco más en detalle las referencias de Videla al Gobierno nacional, es redundante pero necesario recordar una máxima que indica que los enemigos nos definen. Es complicado para una oposición política sin cabeza, desorientada y perdida, amilanada ante la iniciativa a toda prueba de la gestión kirchnerista, tener como “vocero” a Videla. Objetivamente, se trata un general de la Nación degradado, condenado más de una vez por delitos de lesa humanidad y convertido en la cara de la más feroz dictadura militar argentina y una de las peores del mundo. Jodido verse al espejo repitiendo argumentos contra el Gobierno nacional que fueron dichos nada menos que por Jorge Rafael Videla.
En esa misma línea, afirmó ayer Menéndez: “Los argentinos hemos sido avasallados, encarnecidos e insultados por un gobierno despótico que ha violado sistemáticamente la Constitución y las leyes y cuya finalidad es imponer un régimen autoritario”. A reglón seguido, tiró: “Venimos soportando siete años de indignidad y oprobio”, en relación a la asunción de Néstor Kirchner, en mayo del 2003.
Con enemigos así, quién necesita amigos, podría ser la afirmación, transformada, que sintetiza el favor enorme que le hacen estos personajes a la presidenta Cristina Kirchner y al modelo que representa.
Coincidentemente, el dictador, en el inicio de su declaración, apeló a los jóvenes para que, suponemos, no sean “manipulados”. Dijo textualmente Videla: “Más que como imputado, vengo a hablar como testigo y partícipe, y siento el deber de hacer llegar a la sociedad, y en especial a la juventud, manipulada por la propaganda artera, mi visión sobre aquellos hechos que constituyen el marco de este juicio y otros donde estoy imputado”.


coincidencias que espantan. Una de las cuestiones más interesantes a nivel discursivo que dejaron las declaraciones de Videla se relaciona con un hecho producido apenas 24 horas antes. En Capital Federal, en un show copiado de los actos políticos norteamericanos, el aggiornado Eduardo Duhalde dejó frases como estas: “No tengan miedo de hablar de represión, que no es matar a nadie, sino vivir en un país donde el Estado tiene funciones indelegables”, y “Argentina está sedienta de paz”.
En un pasaje del discurso del dictador y ex presidente de facto, afirmó: “El Estado había perdido el monopolio de la fuerza”.
La coincidencia entre ambas definiciones políticas y de diagnóstico de situación no hacen más que ponernos en guardia con la sola razón de saber qué piensa cada uno.
Desde las gradas del complejo Costa Salguero, donde Duhalde se lanzó, aplaudía, extasiada, Cecilia Pando. Así lo hizo, seguramente, el martes, mientras escuchaba a Jorge Rafael Videla, y ayer, cuando el que aparecía en la tele era Luciano Benjamín Menéndez.

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