De qué se trata

Según una máxima del periodismo, una noticia tiene que contestar cuatro preguntas: Qué, Quién, Dónde y Cuándo (What, Who, Where, When). Se trata de la teoría de las cuatro W. Pero si queremos ir más allá, tenemos que responder la quinta W: Por qué (Why). Esa es la idea. Bienvenido.

9 de diciembre de 2010

El 2011, lindo año para hacer memoria

El cosquilleo ya empezó. De a poco se van definiendo las fechas en que el año que viene deberemos ir a las urnas, una vez más, en ese acto tan simple pero tan importante como es emitir el voto.
La dinámica de los partidos políticos, tanto los tradicionales como los más recientes, ya comenzó a girar, cuestión que se profundizará luego del verano, siempre soporífero para casi todas las actividades.
Aprovechando esa coyuntura, analicemos lo que viene. Otro año electoral y que será, nada menos, el que marque la década luego del estallido del 2001.
aquellos años. El 2000 nos encontró a los argentinos subidos a la ilusión de un cambio. Formaron parte de la campaña de Fernando de la Rúa los efectos sociales devastadores que dejaban los 10 años de menemismo. También era palpable que la corrupción –escandalosa y a años luz de los casos actuales– formaba parte del reclamo de la ciudadanía. Esas dos cuestiones eran los pilares de las propuesta de la Alianza. Por un lado, se prometía humanizar el modelo con el acompañamiento de dirigentes de centro izquierda como los eran Chacho Álvarez y Graciela Fernández Meijide. Por el otro, se exaltaba la figura “honesta” de De la Rúa y del radicalismo.
En ambas cuestiones, está claro, esa gran mentira que fue la Alianza entre radicales y frepasistas –en su mayoría ex justicialistas– fracasó.
Pero el mejor aprendizaje que nos dejó como sociedad ese experimento político fue el nulo cuestionamiento a una matriz económica que nos llevaba, inexorablemente, al caos.
Varias frases se cansó de repetir De la Rúa en la campaña: “No habrá devaluación”, “seguirá la Convertibilidad”, y “habrá acuerdo con el FMI”. Esa afirmaciones no hacían otra cosa que confirmar el camino hacia el abismo. Poco después de la reelección de Carlos Menem, en 1995, estaba claro que el parche de emergencia que significó atar el peso al dólar y el endeudamiento criminal para sostener ese esquema no podían ser para siempre y que había que proponer una fórmula para dejar atrás lo antes posible.
Nada de esto planteó la Alianza, y apostó su suerte a combatir la corrupción y a humanizar a la Convertibilidad. No hubo forma de hacer ninguna de las dos cosas. El mago al que se llamó al enderezar las cuentas del país fue nada menos que el padre de la criatura, Domingo Cavallo, quien llevó al esperado estallido.
El año que viene se estarán cumpliendo 10 años de aquellos hechos. Se recordará el megacanje, el blindaje, las misiones del FMI, los planes de ajuste, las medidas “dolorosas” como bajar salarios o achicar, aún más, al Estado; se recordará a los muertos en la Plaza de Mayo y se hablará de índices sociales escandalosos, entre varias otras cosas.
Ese repaso, que será doloroso sin dudas, servirá para fortalecer el modelo que esbozó Eduardo Duhalde luego de la pesificación del 2002 y profundizaron Néstor y Cristina Kirchner.
Para algún avispado que aún no se dio cuenta, el país, con muchísimos problemas aún –relacionados con el gigantesco daño sufrido–, está infinitamente mejor que en los años de las políticas neoliberales y la fe ciega –e interesada– en los postulados de los mercados. Falta una enormidad para reconstruir lo que se destruyó con premeditación y alevosía, pero el choque de discursos, políticas y hechos deben ser parámetro a la hora de ir a las urnas, en todos los órdenes institucionales.
Es nuestra responsabilidad como ciudadanos no olvidar, comparar y hacer un esfuerzo por entender cómo, cuándo y por qué. Y el año que viene es un excelente momento para hacerlo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario