De qué se trata

Según una máxima del periodismo, una noticia tiene que contestar cuatro preguntas: Qué, Quién, Dónde y Cuándo (What, Who, Where, When). Se trata de la teoría de las cuatro W. Pero si queremos ir más allá, tenemos que responder la quinta W: Por qué (Why). Esa es la idea. Bienvenido.

30 de diciembre de 2010

2000-2010: de la desazón a la esperanza

Diez años después es el título de una conocida canción de Andrés Calamaro que el ex gobernador José Octavio Bordón utilizó en la campaña de 1997, cuando buscó un lugar en el Congreso de la Nación. Los “diez años después” hacían referencia a cuando ganó la Gobernación, en 1987, doblegando al radical Raúl Baglini.
Justamente, diez años han pasado desde el mítico 2000, el que marcó el inicio de la década, que mañana termina y deja cientos, sino miles, de cuestiones para analizar.
La luna de miel del gobierno de Fernando de la Rúa ya había terminado a finales del 2000. Acababa de cumplir un año en el poder y los escándalos se sucedían, incluido el mayúsculo, respecto de las coimas en el Senado por la ley de precarización laboral y el portazo de Chacho Álvarez, hasta octubre vicepresidente.
Para el anecdotario y la vista fina respecto de una forma de hacer política, estas cuestiones tienen valor, sin dudas, pero lo más profundo era, en esa época, todavía poco visible.
Si bien se escuchaban voces de advertencia sobre la debacle inminente a raíz de la matriz económica impuesta por la dictadura militar y profundizada en democracia por Carlos Menem, aún no era tema para la sociedad, que añoraba los primeros años de menemismo, cuando el poder adquisitivo se recompuso de la mano de la Convertibilidad, ese invento de Domingo Cavallo pensado para un período relativamente corto.
Pero no había caso. Las debacles financieras de países emergentes como México y Rusia espantaron a los “inversionistas” –que prestaban plata a muy bajo precio– de lugares como Argentina, y esa fue la razón disparadora de la recesión que comenzó en 1998 y que recién terminaría entre el 2002 y el 2003 (básicamente, porque no se podía seguir cayendo).
A esa coyuntura se sumó el modelo macabro de desindustrialización, apertura irrestricta de la economía, una moneda nacional supersobrevaluada –un peso, un dólar: una locura en sí misma–, el remate de las empresas del Estado y el achicamiento del Estado mismo, llevado a una mínima expresión, por lo que, lógicamente, no significaba ningún contrapeso para las fuerzas del mercado, que se autorregulan, según los gurúes, aunque siempre luego de dejar a varios caídos en el camino, siempre ciudadanos de a pie.
Fernando de la Rúa despidió el 2000 con una batería de decretos, entre los que se destacaba uno respecto de la “reforma previsional”. No era otra cosa que seguir el camino de destrucción del sistema jubilatorio, ya en manos de las AFJP, esas que tanto dieron que hablar y que hoy nadie extraña.
La crisis entre los radicales y los frepasistas que conformaban el Gobierno –si bien Chacho se había ido, a finales del 2000 aún estaba en el gabinete Graciela Fernández Meijide (Desarrollo Social) y Patricia Bullrich (Trabajo)–, no daban respiro. Las razones de las peleas eran siempre las medidas que exigía el FMI y que De la Rúa aceptaba sin chistar. El discurso de campaña de unos y otros había girado en torno a la transparencia y la continuidad del modelo, aunque trabajando para que la deuda social del menemismo, gigantesca, por cierto, fuera saldándose. Nada de esto pudo cumplir la Alianza.
Como botón de muestra, citamos una encuesta que encargó este medio en diciembre del 2000 para conocer la percepción de los mendocinos respecto del año que se iba y del que venía, el traumático 2001, claro que aún no sabíamos que así sería.
“Se­gún el re­le­va­mien­to de Ri­co To­ro, Bo­lla­ti y Aso­cia­dos, só­lo tres de ca­da diez en­cues­ta­dos con­si­de­ra que el 2000 fue un buen año pa­ra ellos y la pro­por­ción de los que lo eva­lúan co­mo ex­ce­len­te, tan­to a ni­vel per­so­nal co­mo fa­mi­liar, ape­nas lle­ga a 0,3%. Pa­ra el res­to, el re­cuen­to no es fa­vo­ra­ble y se re­par­te en­tre 33% que di­cen que les fue re­gu­lar, 24% a los que les fue mal y 11,5% que ex­pre­san que tu­vie­ron un pé­si­mo año”, dice la nota escrita por los periodistas Ceci-lia Molina y Gastón Bustelo y publicada el 29 de diciembre del 2000.
En otro párrafo del informe –basado en una encuesta propia, insistimos– se hace referencia a cómo le fue al país: “La pá­li­da se agu­di­za cuan­do se tra­ta de va­lo­rar có­mo le ha ido al país en el año que se ter­mi­na. El ba­lan­ce de lo co­lec­ti­vo re­sul­ta mu­cho más ne­ga­ti­vo que el per­so­nal, ya que só­lo 3% pien­sa que a Ar­gen­ti­na le fue muy bien o bien y 2 de ca­da 10 cree que fue re­gu­lar. Una cla­ra ma­yo­ría, 77% de los en­cues­ta­dos, opi­na que el 2000 fue pa­ra el país un año muy, muy ma­lo”.
Como es evidente, el 2000 había comenzado con expectativas positivas por el cambio de gobierno y la esperanza de que la recesión, que ya llevaba dos largos años, se revirtiera. Nada de eso ocurrió, y la crisis se profundizó.
Respecto de las perspectivas para el 2001, decía el informe: “La gen­te no só­lo tie­ne una mi­ra­da pe­si­mis­ta del año que pa­só. Se con­tie­ne has­ta pa­ra so­ñar con un fu­tu­ro al­go me­jor. Cuan­do se le pre­gun­tó so­bre las ex­pec­ta­ti­vas per­so­na­les y fa­mi­lia­res pa­ra el año que em­pie­za, sus pro­nós­ti­cos fue­ron bas­tan­te es­cép­ti­cos. Más de la mi­tad pien­sa que le va a ir de re­gu­lar pa­ra aba­jo en el 2001 y uno de ca­da cua­tro sien­te, an­tes de que co­mien­ce, que, di­rec­ta­men­te, le irá mal o pé­si­mo en el nue­vo año. Es­ca­sean los que no se rin­den y creen que el tiem­po ayu­da. Só­lo sie­te de ca­da 100 en­cues­ta­dos opi­na­ron que en el pró­xi­mo año les va a ir muy bien o ex­ce­len­te en el ám­bi­to in­di­vi­dual”. No se equivocaron.


qué pasó en el medio. De aquel 2000 frustrante y aquel 2001 trágico y traumático a este 2011 que comienza pasó muchísimo. Nos creímos capaces de levantarnos pero tocamos fondo. Apostamos al “que se vayan todos” y no resultó: se estuvo a punto de caer en la misma trampa de la mano de Carlos Menem y nos encontramos con un titán de la política como Néstor Kirchner. Nos creímos eso del fin de la historia y acá estamos, apostando a un Estado fuerte que le ponga cara de perro a eso que llaman “los mercados”. Se cambió la matriz económica que se impuso durante 25 años y que estalló en aquel lejano verano del 2001. Se encontró el lugar entre nuestros vecinos. Se ganó, muchísimo en soberanía económica. Y la política, de una buena vez, maneja la economía, como siempre debió ser.
Este incompletísimo resumen sólo busca poner en claro que las cuestiones que están mal –que son muchas– podrían estar mucho peor, y que a las que están bien hay que disfrutarlas, reconocerlas y consolidarlas. Que venimos, como decía justamente NK, del infierno.
Este, el de hoy, es otro país, es un lugar completamente diferente al de 10 años atrás. ¿Cómo se logró? Simplemente sobre la base de trabajo y buenas decisiones, incluso sabiendo que el costo era ganarse enemigos monumentales que a nadie se le ocurrió enfrentar en los últimos 50 años.
Que la década que empieza pasado mañana se contagie de este presente, la contracara de aquel desesperanzado año 2000.

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