De qué se trata

Según una máxima del periodismo, una noticia tiene que contestar cuatro preguntas: Qué, Quién, Dónde y Cuándo (What, Who, Where, When). Se trata de la teoría de las cuatro W. Pero si queremos ir más allá, tenemos que responder la quinta W: Por qué (Why). Esa es la idea. Bienvenido.

18 de noviembre de 2010

Sobredosis de ciudadanía

Del absoluto y unánime repudio, del asco y el ataque frontal, del que se vayan todos y no quede ni uno solo respecto de la clase política, a los políticos y a la actividad han pasado 15 minutos en términos históricos. Muy poco, casi nada.
Desde los sectores oficialistas, que no son, como en otros tiempos, impresentables personeros pagos y con gruesos prontuarios, se ha repetido hasta el hartazgo que el ex presidente Néstor Kirchner le devolvió valor y trascendencia al debate político, a la confrontación de ideas, de proyectos, de modelos. Que no escatimó armas para que el país volviera a girar en torno a las disputas políticas, que no son otra cosa que la búsqueda eterna de un camino hacia algo mejor, que llegará, indefectiblemente, en el viaje hacia ese ideal.
No están errados los que afirman que Kirchner hizo que los argentinos volvamos a hablar de política. Frente al timorato, mentiroso y amañando “consenso”, es, a todas luces, algo muy positivo.
La frivolidad, la Ferrari, los trajes caros, los viajes para chuparles las medias a las potencias mundiales de otros años no fueron otra cosa que la cortina de humo que los más despreciables políticos argentinos utilizaron para encubrir el saqueo.
Que hoy sepamos, por ejemplo, que hay medios de comunicación que publican ciertas cosas para cuidar o ganar negocios es una diferencia cualitativa que la cercanía de los hechos no nos deja, aún, mensurar en su real dimensión.
Que se ponga de manifiesto, con todas las letras y en los foros internacionales, que las recetas del FMI son el pasaporte al fracaso de cualquier país, es otro avance significativo.
Que haya juicios en todo el país para juzgar crímenes de lesa humanidad –vamos otra vez: que no prescriben– y que los acusados gocen de todos los derechos constitucionales nos hace mejor país y mejores como sociedad.
Entre muchas otras cosas, que los ciudadanos hayamos vuelto a hablar de política, de rumbo, de modelo, y no, insistimos, de qué vedette pasó por Anillaco o qué cirugía estética se hizo en el trasero tal o cual ministro es un crecimiento cualitativo que estamos viviendo como nación.
Ni hablar del chiste en el que se había convertido la figura presidencia de la mano del inefable Fernando de la Rúa, quien se tomaba el pelo solo al intentar caer bien y demostrar lo imposible: autoridad, capacidad, templanza, coraje, ideas.
Sobre la actual Corte Suprema de Justicia de la Nación se ha hablado mucho, no vamos a repetir. Sí diremos que un tribunal supremo calificado, prestigioso y claramente independiente de los poderes políticos y también de los económicos –esto es para festejarlo largamente–es garantía de calidad institucional, esa que algunos blanden como latiguillo vacío de contenido y en contra de sus propias decisiones.


aunque algunos rezonguen... Se suele escuchar cómo algunos encumbrados dirigentes se quejan de las formas, de la crispación, de las peleas, de la falta de diálogo y consenso. ¿Querrán volver a las épocas de los pactos (de Olivos), de los “diputruchos” (práctica, sin duda, que ocultaba cualquier conflicto), de las relaciones carnales (sí, señor, cómo no señor, ponga el interés que usted quiera al crédito señor)?
Es el tiempo de la vuelta a la militancia política. Los debates que se dan en internet, de la mano de las redes sociales, blogs, foros y otras herramientas no hacen otra cosa que fortalecernos.
No es el tiempo de los tipos comunes que hacen política o que hacen política rezongando de ella (aunque sacando rédito). Esos son los peligrosos, porque mienten, engañan, manipulan.
Hay cosas para criticarle a Néstor Kirchner, como a todos, pero nunca ocultó su vocación militante, y nos convenció de que discutir de política está bien, es saludable, enriquecedor, que no es mala palabra decir “yo estoy de acuerdo con tal medida del Gobierno” o todo lo contrario. Es liberador hablar con chicos de 12 o 13 años de la Asignación Universal, del sistema solidario de reparto, de los presidentes latinoamericanos, de la posición independiente de los países centrales en los foros internacionales, donde nos damos el lujo de aconsejarles que no utilicen las recetas del ajuste, porque no sirven y nos consta.


y por casa cómo andamos. Como en casi todo, el Gobierno provincial es el menos kirchnerista del país. Su andar es lento, pesado, cuando hay que ser crispado y pendenciero no lo es o lo es a medias.
Se queda a medio camino en las decisiones de fondo, no pelea de igual a igual con el Gobierno nacional por cuestiones centrales para Mendoza, sin que esto signifique volverse opositor, lo que sería traicionar el voto popular, que eligió a Celso Jaque en el 2007 alineado al proyecto kirchnerista.
Pero hay una cuestión en la que se destaca la gestión provincial, aunque no particularmente el gobernador Jaque. Hablamos de todo lo relacionado con cerrar, fallos judiciales mediante, las heridas provocadas por la última dictadura militar en Mendoza.
Ha sido explícito y concreto el apoyo del Gobierno provincial a la realización de los juicios por delitos de lesa humanidad en la provincia. Ha sido muy fuerte la postura que han tomado, sobre todo, el titular del Ministerio de Gobierno, Mario Adaro, y la directora de DDHH local, María José Ubaldini, en las investigaciones que se están llevando adelante en el Consejo de la Magistratura de la Nación contra camaristas federales que tienen mucho que explicar.
Además, Adaro presentó al Estado provincial como querellante en estas causas. Ni hablar del apoyo político y logístico a los organismos de DDHH respecto de los juicios locales, en San Rafael hasta el martes y desde ayer en el que se realiza en los Tribunales federales capitalinos.
Festejamos esta toma de partido porque, como venimos diciendo en este espacio, no es tiempo para tibios. Las corporaciones de siempre, o alguna nueva, el poder económico, los grandes medios, el poder financiero y quienes sueñan con que el país sea sólo “el granero del mundo” son los que están siempre en contra del modelo que se resume en aquel contundente concepto de Aldo Ferrer: “Vivir con lo nuestro”.
La puja –antes solapada, ahora explícita– tiene que ver también con la vuelta a la militancia y a la reivindicación de la política; en definitiva, al ejercicio de la ciudadanía.
¿En qué ámbito, cómo, de qué manera puede cambiarse la matriz de un país sin la intervención de la política? Por todo esto debemos festejar la militancia y el compromiso.

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