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La última picardía de NK

Era grosso el tipo. Al menos eso se desprende del tendal de desorientados que dejó Néstor Kirchner cuando se le ocurrió morirse, una semana atrás, en El Calafate.
A pesar de algunos pronósticos la gobernabilidad del país no está en juego. Cristina no es Isabelita y no habrá cambio de modelo.
Tampoco habrá “gobierno de unidad” ni baja de la “confrontación”, tampoco se producirán pases masivos del PJ “de verdad” al PJ “disidente”. No pasará nada de lo anteriormente citado, pero sí habrá cambios, y no precisamente en el rumbo encarado desde el 2003.
Muchos de los que le atribuyeron a Néstor Kirchner ser el padre de todas las calamidades que azotan al país deambulan confundidos. No pueden poner a Cristina en ese lugar, porque es una reciente viuda que cada vez que habla conmueve a las mismas doñas Rosas que hasta hace poco la maldecían.
Tampoco pueden agarrárselas con Cristina, porque los sorprendieron las manifestaciones de apoyo al líder muerto y a la presidenta, lo que se transformó, sin dudas, en un importante aval a la gestión de gobierno en sus dos etapas. El error de cálculo fue no ver la foto completa. Si un tipo se la pasa leyendo algunos diarios porteños, se hará la idea de que está en un pseudopaís al borde de la explosión. Pero si se alternan esas lecturas con otras, por ejemplo, con la de los medios oficiales o los medios no enrolados en la pelea feroz contra el Gobierno nacional, se podía prever que la masa de apoyo, crítico o absoluto, al kirchnerismo y al modelo –abstracción que ahora tiene una carga negativa que no tenía cuando “el modelo” era el 1 a 1–, iba a ser tan importante como lo fue.
“salir del clóset”. Esta expresión, acuñada por quienes, con los nuevos tiempos, decidieron hacer pública su elección sexual, se ha comenzado a escuchar con asiduidad en relación a la política. Hace referencia a kirchneristas que no decían serlo pero que, a partir del 27 de octubre, no sólo lo dicen, sino que también lo gritan. En Twitter, en Facebook, en la calle.
Los tipos grandes, entre 30 y 45 años, que lloraron cuando se murió Kirchner son los que sufrieron el menemismo, los que hicieron cola para irse del país, los que se sintieron una y otra vez traicionados por los sucesivos presidentes, los que siempre, siempre, vieron cómo los gobiernos jugaban a favor de las corporaciones y nunca, nunca, a favor del tipo común, ilustrado, crítico. Ese tipo es el que hoy está saliendo del clóset político o reafirmando que la simpatía que sentía por el desprolijo NK es, en realidad, devoción. ¿La razón? Simplemente porque la penúltima movida política del ex presidente hizo que los medios, muchos a regañadientes, se vieran obligados a hacer un resumen de la gestión NK y se refrescaran medidas de corte histórico que ya habían quedado en el olvido por la vorágine política diaria y un fino trabajo de ocultamiento y tergiversación.


la última genialidad. Como quien tiene absolutamente clara la reacción que generará una acción propia, NK puso en un brete digno de un profundo análisis a sus contrincantes políticos.
Tanto el PJ disidente como Mauricio Macri y el cobismo quedaron desamparados de oponente. Y es un problema grave. ¿Hacia adónde encausar ahora la confrontación si Néstor Kirchner se ha muerto? Complicado.
Los PJ disidentes nunca fueron tomados demasiado en serio por nadie. Muchos de ellos reflejan la vuelta a los 90.
La situación de Mauricio Macri no es mejor. El ingeniero repite eslóganes vacíos. “Le pido a la presidenta que baje el nivel de confrontación”, fue su primer bocado público tras la muerte de NK. Muy obvio.
Pasemos al cobismo y al mismísimo Julio Cobos. El ex gobernador mendocino está en una situación difícil luego del deceso del patagónico porque su irrupción en la política fuerte a nivel nacional fue una movida del propio Kirchner.
¿Cómo rearmar ahora un espacio que pueda competir con Ricardito Alfonsín en la interna de la UCR luego de las críticas que recibió en la plaza durante el velorio del ex presidente?
Además deberá luchar contra el crecimiento que en las encuestas está teniendo Cristina Fernández. Y por otro lado la contradicción de tener que batallar contra un modelo que elogió cuando era gobernador.
Ni hablar de los dardos envenenados que desde diversos sectores –durísimo Omar de Marchi en Twitter– le dieron en el corazón cuando se duda de su capacidad para gobernar con un kirchnerismo fuera del poder, abroquelado, envalentonado, entusiasmado por el mito NK y con él en la Rosada.


el mejor parado. En la enumeración de los actores políticos en problemas por obra y gracia de la muerte de NK dejamos afuera a Ricardito Alfonsín.
Sus manifestaciones de reconocimiento a ciertas medidas del Gobierno nacional y su actitud de acercamiento respetuoso a la figura de la presidenta lo han diferenciado ampliamente de los demás sectores opositores.
Esa cuota importante de sentido común que dice que no se puede afirmar que todo esté pésimo ni que todo es fantástico lo ha posicionado como un candidato racional, que contrasta con la crispación de otros referentes opositores y ciertos sectores de poder, que, sabe, fueron los que echaron a su padre de la presidencia en 1989 y ahora piden diálogo y mesura.
Quizás su postura demasiado moderada pueda jugarle en contra en un país donde el liderazgo fuerte se valora.
Pero Alfonsín tiene la estructura de la UCR y coquetea con presentar al socialista Hermes Binner como su compañero de fórmula, con lo que podría pelearle al kirchnerismo por los votantes de centroizquierda.
Este compendio de cuestiones lo hacen a Alfonsín el mejor opositor posicionado luego del miércoles 27 de octubre.
Quizás, la última picardía política de NK fue, justamente, dejar en claro entre quiénes quiere que se defina la elección presidencial del año que viene: Cristina y Ricardito. Si lo quiso así, hasta le salió perfecto.

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