De qué se trata

Según una máxima del periodismo, una noticia tiene que contestar cuatro preguntas: Qué, Quién, Dónde y Cuándo (What, Who, Where, When). Se trata de la teoría de las cuatro W. Pero si queremos ir más allá, tenemos que responder la quinta W: Por qué (Why). Esa es la idea. Bienvenido.

7 de octubre de 2010

Tropelías que se veían venir

Era una posibilidad cierta. En los corrillos tribunalicios, entre empleados, abogados y partes, se barajaba la posibilidad. Sin embargo, nadie aseguraba que fuera a concretarse, por la simple razón de que sería, en forma manifiesta, un desbarajuste jurídico poco menos que inverosímil.
Pero pasó. Ya no hay pruritos en la Justicia federal de Mendoza. No hay ni una pizca de vergüenza, profesionalismo ni respeto a las tan mentadas formas. No, nada de eso. Todo tiene que ver con el fondo de la cuestión y con hacer zafar, como sea, a los amigos. Amigos por demás complicados en cuestiones gravísimas, que han gambeteado por años, por décadas, las investigaciones y la rendición de cuentas de lo que hicieron, o dejaron de hacer, durante los años de la última dictadura militar, período que nos persigue y no nos quiere soltar, nos hace hablar, escribir, analizar casi todo con la obligación de tener en cuenta la perspectiva de aquellos años. ¿Por qué? Porque, como se ha comprobado ampliamente, en esos años no sólo se secuestró y mató por razones políticas al margen de cualquier ley, sino, sobre todo, porque se instaló la matriz de lo que sería en los años siguientes un país dolorosamente injusto, rememorando el que fue hace más de un siglo, y que el peronismo, con todos sus errores, contradicciones y tropelías, cambió por un rato.
Sólo con la mirada amplia y crítica de la historia, podemos ahora intentar comprender qué sucede en la Justicia federal local. Luego de ese análisis, recién entonces y no antes, hay alguna posibilidad de entender cómo se hace lo que se hace, cómo se burlan algunos de la inteligencia de muchos otros. Cómo se pisotean reglas, procedimientos, antecedentes sobre cómo actuar, todo con la pueril intención de que la Justicia (esa abstracción tan valiosa) nunca llegue, justamente, al ámbito judicial. No es una paradoja, es un acto reflejo de tipos que se acostumbraron a ser intocables, a nunca tener que rendir cuentas, a recibir a sus pies a empresarios, políticos, dirigentes, para darles, si podían sacar algo a cambio, alguna ayuda, que luego iban –y van– a cobrar.
La que debería ser una institución casi sagrada para un sistema de gobierno republicano, ciertos personajes no hacen otra cosa que pisotearla, vejarla. Hablamos de la investidura de la magistratura. Un juez, ¿no debería ser un tipo probo, honesto, insospechado de cualquier mala intención, amigo de nadie, cultísimo, criterioso, amante de la ley por sobre todas las cosas y con la frialdad suficiente para que sus opiniones –fallos– estén resguardados de cualquier arrebato de parcialidad?
Nada de eso parece ocurrir en los Tribunales federales de Mendoza. El que debería ser el tribunal de alzada en el ámbito regional se ha convertido en un cabaret. Ante el Consejo de la Magistratura están denunciados dos de los tres integrantes de la Cámara de Apelaciones de Mendoza –Otilio Romano y Luis Miret (este ya suspendido) más Alfredo López Cuitiño que completa el cuerpo–, y, a su vez, a tres de los cinco integrantes de la Cámara Federal y sus salas A y B (Romano, Miret y Julio Petra; los otros integrantes son López Cuitiño y Antonio Endeiza). Miret y Romano fueron imputados por el juez Walter Bento por decenas de supuestos delitos. El martes se conoció que Bento fue apartado de la causa por decisión de Julio Petra –sí, Julio Petra, compañero de ambos imputados durante años y años, amigo y parte interesada porque es investigado, como sus pares, en el Consejo de la Magistratura–. Para completar el panorama, Guillermo Max Petra Recabarren, primo del camarista, también fue imputado por Bento.
La decisión de Julio Petra fue acompañada por los magistrados federales sanjuaninos Miguel Ángel Gálvez (titular del Juzgado Federal Nº1 de San Juan) y Leopoldo Rago Gallo (del Juzgado Federal Nº2 de San Juan), también amigos de Romano, según denunció el abogado mendocino Pablo Salinas.
Desde este espacio nos preguntábamos hace algunas semanas cómo podía un ciudadano acudir al edificio de Pedro Molina y España y esperar que jueces de espíritu tranquilo y reflexivo le impartan justicia en un conflicto puntual. Imposible.
Volvamos al principio. ¿Es tan extraño, imposible y sorprendente lo que hacen o dejan de hacer encumbrados miembros de la Justicia federal para evitar por todos los medios posibles que nunca se los someta a un tribunal que determine si delinquieron? Para nada.
Nadie es culpable hasta que se demuestra lo contrario, reza un principio legal básico. Quienes defendemos este sistema político, está claro que lo proclamamos. Aunque cabe preguntarse: ¿no es indicio de culpabilidad el hacer que una investigación se retrase eternamente o no avance nunca?
¿No es sintomático que quienes están acusados de ser colaboracionistas de la última dictadura militar y posibles responsables penales por no hacer cumplir la ley –cosa que permitió que se cometieran crímenes de lesa humanidad, imprescriptibles para la legislación argentina– blandan las armas que tienen a mano para evitar ser cuestionados legalmente, si es posible, jamás? ¿Esta situación no pone en duda el principio de inocencia?
Quien estas líneas escribe está convencido de que las acciones que toman los directa o indirectamente relacionados con el terrorismo de Estado son nada a comparación de que lo hicieron, permitieron hacer o avalaron que se hiciese. ¿Quien estuvo compenetrado con la asonada criminal de los militares podría ponerse colorado al llevar adelante maniobras de dudosa validez legal?


más temprano que tarde. El proceso que busca sentar en el banquillo de los acusados a miembros de la Justicia federal de Mendoza denunciados por delitos de lesa humanidad ha recibido un revés esta semana. Luego de avanzar como nunca en los últimos meses, era previsible una maniobra de la calaña descripta para detener justamente ese camino.
A no desesperar. Más temprano que tarde, la Justicia, la verdadera, no la contaminada por el factor humano, llegará, y será un día de festejo, y habrá que salir a la calle, tirar papelitos y algún que otro petardo. Amén.

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