De qué se trata

Según una máxima del periodismo, una noticia tiene que contestar cuatro preguntas: Qué, Quién, Dónde y Cuándo (What, Who, Where, When). Se trata de la teoría de las cuatro W. Pero si queremos ir más allá, tenemos que responder la quinta W: Por qué (Why). Esa es la idea. Bienvenido.

28 de octubre de 2010

Cachetada a la tibieza

Cuando un tipo importante se muere, el problema lo tienen los que se quedan. Porque los defectos del ido se minimizan y las virtudes se agrandan, y frente a esa percepción, la triste realidad no tiene qué hacer.
Se murió Néstor Kirchner, un tipo que sorprendió a la política argentina con un carácter inusual para la tibieza generalizada, que decía las cosas sin anestesia, que tiraba definiciones, que se la jugaba a todo o nada por lo que creía que era lo mejor. Lo hizo apenas asumió, allá por mayo del 2003, cuando generaba muchas dudas. Era el supuesto Chirolita de Eduardo Duhalde. La hizo bien Néstor. Se hizo el sumiso, aprovechó la estructura duhaldista y llegó a la Presidencia. Era consciente de que la sociedad argentina no le iba a dar los votos necesarios si mostraba su verdadera cara: la de la confrontación, el comentario hiriente, duro, las medidas de fondo que tocaron intereses poderosísimos como nunca antes desde el 83. Su discurso descarnado fue bien aceptado, se salió de la situación de desesperación económica y se comenzó, durante su mandato, a diagramar el modelo que luego profundizaría Cristina.
Encaró con muchísima decisión –la contracara de Fernando de la Rúa– modificaciones de fondo y puso los pilares de un modelo de país que muchísimos argentinos sueñan, muy alejado de la fiesta neoliberal y las pautas generales instauradas desde 1976 y que estallaron en diciembre del 2001.
Kirchner entendió, desde el primer momento, que los buenos modales no estaban en el libreto de los responsables del país de la exclusión. Así batalló, peleó, discutió otro modelo, otra matriz, la que se instaló y ha hecho que el país, con inclusión, crezca a tasas chinas desde hace varios años.
La era de la especulación y la entrega de la soberanía económica quedaron de lado. Se apostó al mercado interno, a la industria, a sacarle el máximo jugo a las exportaciones de materias primas y productos agrícolas, con mínimo valor agregado y pobre generación de empleo y progreso colectivo, todo vía retenciones.
Kirchner le dio al justicialismo nacional un giro absoluto respecto del movimiento recostado en la derecha de los años 90. Hizo que ese monstruo llamado peronismo se corriera a la izquierda, que apoyara reformas clave y reivindicatorias –eliminación de las AFJP– y que se jugara el todo por el todo a la persecución sin pausa de los responsables de crímenes de lesa humanidad.
Con su discurso duro, “crispado”, dejó descolocados a los políticos históricamente tibios que no dicen nada para no ofender a nadie y, por ende, no tocan ningún interés, o sea, no cambian nada de nada, dejando que la concentración de la renta siga en las mismas avaras y peligrosas manos de siempre. Contra eso fue Kirchner, con toda su fuerza, a veces sin pensar demasiado.
Kirchner tenía el ímpetu del dirigente estudiantil: más pasión que razón, todo lo contrario a Cristina, un cuadro político formado, culto, con un capital intelectual elevadísimo.
Esa actitud –con el tiempo y con los monopolios mediáticos en contra– molestó mucho a los sectores más acomodados, donde la forma es más importante que el fondo, sobre todo cuando el fondo tiene que ver con reivindicaciones históricas del primer peronismo.
No faltarán los ignorantes históricos que repetirán como loros sin cerebro verdades a medias o directamente mentiras. Habrá los que creen que votar por un presidente para un periodo de cuatro años es una estupidez y esperarán la debacle emocional de Cristina Kirchner. Ya hay algunos que interpretan que la continuidad democrática estará en peligro o que el Gobierno nacional caerá en una espiral de disgregación. Ni hablar del futuro del Partido Justicialista, cuyo titular ha fallecido.
El estilo Kirchner no tiene ni en su letra chica la posibilidad de dar un paso atrás. Ese tipo de convicciones es el que nos hace crecer como país: las que se defienden con pasión, con vehemencia, sin el tan pusilánime “ni”. Kirchner deja en evidencia a los tibios que no dicen nada para agradar a todos. Esos son los peligrosos, los que temen ofender a las vecinas del barrio. La política es para tipos con convicciones, que van al frente, que chocan contra intereses y personajes que luchan para que nada cambie.
El santacruceño manejó el país con autoridad, la que les faltó –les falta– a numerosos dirigentes que tienen como norma no molestar, cuando gobernar, justamente, se trata de eso: de incomodar a algunos pocos por el porvenir de la mayoría, a la que siempre, indefectiblemente, se la perjudicó en nombre del consenso, la seguridad jurídica, la propiedad privada y el olvido y el perdón.
En poco tiempo más, quizás en días, comenzarán a aparecer las aves de rapiña en busca de lo que deja el presidente del PJ nacional. Está en la presidenta y su equipo estar a la altura de las circunstancias y garantizar la continuidad del modelo de país.
Como dijimos al principio, la muerte de Kirchner hace contrastar su pasión por la política con la de los que blanden la falacia de que la mesura es la solución a todos los males. Ayer se fue un tipo que era muchas cosas, tenía muchos defectos, pero no era tibio. Eso vale.

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