De qué se trata

Según una máxima del periodismo, una noticia tiene que contestar cuatro preguntas: Qué, Quién, Dónde y Cuándo (What, Who, Where, When). Se trata de la teoría de las cuatro W. Pero si queremos ir más allá, tenemos que responder la quinta W: Por qué (Why). Esa es la idea. Bienvenido.

15 de julio de 2010

Los violentos son los mesurados

Desde hace unos años, los argentinos nos hemos enfrascado en debates interesantísimos sobre temas de fondo.
Si los 90 fueron la fiesta de la pizza con champán, donde la discusión más importante pasaba por si el presidente de entonces debía o no devolver la Ferrari, esta década comenzó y termina con debates donde se producen fuertes choques de ideología, modos de ver y vivir la vida, Política con mayúsculas, en definitiva, que no hace otra cosa que enriquecernos como sociedad.
La década comenzó con esperanza por el cambio de gobierno. Se iba el más corrupto de todos los gobiernos, democráticos y militares, de la historia argentina. Y venía una supuesta gestión honesta, aunque tibia, timorata, sin la fuerza y la convicción para tomar la decisión que debería haber tomado: cambiar la matriz económica que rigió en el país desde 1976.
Eso no pasó hasta que en diciembre del 2001 estalló ese gobierno y se devaluó el peso, de la forma más dolorosa. Recién ahí los argentinos comenzamos a preguntarnos por qué habíamos llegado a esa situación, donde alcanzamos índices de pobreza, indigencia, desocupación y concentración de la riqueza que desconocíamos.
Fue el quiebre con años y años de decisiones tomadas a los tiros y sembrando el terror o, de madrugada, a espaldas de una sociedad que miraba a Miami, viajaba a Miami y compraba cosas en Miami, sin preguntarse cómo eso podía ser, qué consecuencias habría. Así nos fue.
cambio de matriz y mucho debate. Si el 2002 y la mitad del 2003 fueron los años de la detención de la caída, desde mayo del 2003 a esta parte se vivieron los años del crecimiento gracias a la consolidación de un modelo económico diametralmente opuesto al neoliberalismo de los 25 años anteriores. Y esto trajo, como era de esperar, durísimas discusiones entre los que intentaban cambiar el modelo y los que se enriquecieron escandalosamente con el anterior, el cual apoyaron y del que disfrutaron.
La nueva relación con los países de América latina y la distancia que se tomó de EEUU generó debates apasionados, que dejaron en claro quién estaba de qué lado.
La recuperación del Estado como contralor del capitalismo –que gozó durante muchísimo tiempo de libertades que generaron un daño imposible de cuantificar– fue el mayor de los logros de aquel tiempo, discusión que hoy está ya zanjada, y entendimos que el Estado es imprescindible para ponerle coto al hambre voraz de las grandes corporaciones.
Luego vino la apuesta al mercado interno, la pelea a cara de perro con el FMI y los acreedores externos, la recuperación de Aerolíneas Argentinas, la eliminación de las AFJP, la jerarquización de la Anses y la apuesta a una política social de amplio alcance, la discusión por la renta extraordinaria de la soja, la Ley de Medios, y, ahora, el matrimonio gay. Y todo el proceso marcado por la reivindicación de los derechos humanos y la memoria respecto de la última dictadura militar, cuyo accionar causó consecuencias que seguiremos pagando por décadas.


los serios, los mesurados, los dialoguistas. Esta larga introducción va a colación de lo siguiente: en cada discusión donde los gobiernos K plantearon temas de fondo, los que se opusieron a las medidas o proyectos de ley son los que se venden como mesurados, dialoguistas, señores serios, todo lo contrario a los desencajados funcionarios K, que lo único que buscan es que Argentina sea una copia de la Venezuela de Hugo Chávez o de la Bolivia populista de Evo Morales. Veamos.
Cuando se planteo la necesidad de enfrentar al FMI y sus recomendaciones y cambiar la relación de Argentina con los mercados, los señores economistas con doctorados en EEUU salieron a predecir el fin del país, hiperinflación y el dólar a 10 pesos.
Cuando se discutió y se avaló la eliminación de las AFJP, periodistas muy prestigiosos dijeron que se estaba avanzando contra la propiedad privada, y que era la puerta de entrada a convertirnos en un Estado comunista.
Cuando se apostó a una cobertura social amplísima, se dijo que se trataba de populismo barato, que daba plata a los que no querían trabajar.
Cuando se intentó cobrarles más impuestos a los sojeros, que ganan fortunas, los más conspicuos dirigentes del “campo” y la clase media y alta argentinas respondieron con feroces piquetes que provocaron
desabastecimientos de todo tipo de productos en todo el país.
Cuando se planteó la eliminación de ese mamarracho llamado “ley de radiodifusión”, elaborado por la dictadura, y cuyo paraguas permitió el crecimiento de muy poco democráticos monopolios mediáticos, esos medios defensores de la libertad de expresión, del periodismo independiente y del control ciudadano al gobierno de turno, cayeron en una emoción violenta informativa que provocó que se mintiera y se manipulara información como no sucedía desde la época de la dictadura y la guerra de Malvinas.
Ahora, el debate que está caliente es el del matrimonio sin distinción de sexo. Los sectores que apoyan el proyecto de ley –que no es K, sino de Vilma Ripoll, del MST y que apoyan radicales y lilistas, aunque ningún PJ disidente ni cobista– son los mismos, a grandes rasgos, que los que apoyaron la eliminación de las AFJP, la ley de medios, las discusiones con el FMI, la política exterior, la política social, la apuesta al mercado interno como motor de crecimiento y, por supuesto, la política de derechos humanos.
Y resulta que los exaltados en todas estas discusiones, insistimos, de fondo, fueron, siempre, los supuestos mesurados, serios y dialoguistas.
El proyecto de matrimonio igualitario “no se trata de una simple cuestión política, sino de la pretensión de destruir el plan de Dios, es una movida del Padre de la Mentira (o sea, Satán)”, dijo el cardenal Jorge Bergoglio la semana pasada. El lenguaje elegido no tiene mucho de pacífico. Ni hablar de las cosas que se escuchan en las radios, o se leen en los foros de internet.
Parece que los salvajes que apoyan a los maricones depravados –potenciales violadores de chicos, según Mirtha– son los recatados a la hora de plantear sus argumentos, y los defensores de la familia tradicional, derecha y humana, son los “crispados” que no dudan en descalificar la condición sexual –nadie elige ser gay, como nadie elige ser hétero– del prójimo. Difícil de creer, pero cierto.


ejemplo mundial. Como esbozamos antes y desarrollamos en este espacio el 22 de abril (www.elsolonline.com/noticias/viewold/19438/la-dictadura-se-mete-en-tu-casa-y-en-la-mia), la última dictadura militar nos sigue trastocando la vida. De mil formas, destruyó tanto pero tanto, que en cada tema en que asomamos la nariz, ahí está, presente.
Las víctimas del terrorismo de Estado son un ejemplo a seguir en cuanto a las discusiones que se da la sociedad respecto de cualquier tema, propuesta o proyecto. El porqué es simple: no hubo un solo intento de justicia por mano propia a pesar de que las atrocidades cometidas por el gobierno militar incluyeron horribles asesinatos, robo de bebés, robo de las pertenencias de las víctimas, vuelos de la muerte y un larguísimo etcétera. Pese a todo eso, nunca las víctimas o familiares de desaparecidos cometieron los exabruptos a los que sí nos tienen acostumbrados los simpatizantes civiles de ese período de terror. Los llamados a suspender los juicios en nombre de una amnistía nacional nos ponen los pelos de punta. Y eso que vienen de los garantes de la argentinidad, la familia, la patria y las buenas costumbres. ¿Qué loco, no?

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