De qué se trata

Según una máxima del periodismo, una noticia tiene que contestar cuatro preguntas: Qué, Quién, Dónde y Cuándo (What, Who, Where, When). Se trata de la teoría de las cuatro W. Pero si queremos ir más allá, tenemos que responder la quinta W: Por qué (Why). Esa es la idea. Bienvenido.

19 de julio de 2010

Cuando se deshonran las ideas

La política es el arte de lo posible. O de lo imposible, quién sabe. La máxima, que se ha utilizado y se utiliza hasta el hartazgo para justificar absolutamente todo tiene dueño. La pronunció el político español Manuel Fraga Iribarne, funcionario franquista y fundador del Partido Popular ibérico, que de popular tiene poco, y encarna a la derecha española, esa misma que crucificó al juez Baltasar Garzón por intentar investigar los horrores de la larguísima dictadura de Francisco Franco, que dejó unos 200.000 muertos por cuestiones políticas.
Volviendo a la frase que nos sirve hoy de disparador, su versión completa es la siguiente: “La política es el arte de lo posible; para lograrlo hay que intentar muchas veces lo imposible”.
Fraga Iribarne, insistimos, parte del juego democrático porque no le queda otra, no por convicción, podría haber estado pensando en la política argentina cuando dijo lo que dijo.
Tenemos la certidumbre de que hay personas que ya no entienden nada de lo que les ofrece la política. Andamos por la calle, escuchamos, analizamos, sopesamos los comentarios de la llamada gente común. Es esa inmensa masa de ciudadanos que no se dedica ni a la política ni al periodismo ni está en la elite empresaria que siempre intenta estar un paso adelante de todos no para garantizar su rentabilidad, sino para multiplicarla, a como dé lugar, más allá de los caprichos del sistema.
Los “problemas de entendimiento” vienen de la mano de fotos realmente increíbles, como si fueran fotomontajes craneados por algún exitoso guionista de películas de ciencia ficción con residencia en Hollywood, ciudad de Los Ángeles, Estado de California, Estados Unidos.
Se ha hablado mucho, y con razón, de los acomodamientos partidarios de cara a las elecciones del 2011, en las que elegimos de todo: desde el presidente de la Nación hasta el concejal del barrio. La oposición al Gobierno nacional y sus aliados –que son bastante más que los sospechados– no dan pie con bola, ni en Buenos Aires ni en Mendoza. Por un lado, están los llamados peronistas disidentes y Mauricio Macri, por otro, los radicales de siempre y los de medio tiempo –cobistas– y, por último, los incómodos, los que no encajan en ningún lado o son marginales de la política tradicional, como Elisa Carrió y Pino Solanas.
Frente a este panorama hay un peronismo “oficial” encabezado por Néstor Kirchner, que ostenta la Presidencia de la Nación, varias provincias y muchísimos municipios. Si todo este poder territorial se lo empareja con una situación económica en franca recuperación –tampoco es que se cayó tan bajo, a comparación de lo que hemos vivido como argentinos, lo del 2008 y el 2009, fue un juego de niños–, iniciativas de fondo de vanguardia y una mejora sustancial en la valoración positivista de la población hacia él y ella, las preocupaciones y la desesperación de los opositores –en su gran mayoría conservadores–, se explica y justifica.


acomodamientos impensados. Hacia las elecciones de 1999 ver en la misma sintonía a un ex justicialista de izquierda como Chacho Álvarez abrazado a un radical conservador como Fernando de la Rúa debe servir como recuerdo político de que las alianzas electorales no duran un suspiro. Ni hablar de las fórmula del 2007 del Frente para la Victoria y la Concertación Plural: Cristina K-Julio Cobos.
Hoy estamos a las puertas de algo similar. Se habla de que el peronismo disidente podría incluir a Macri en la fórmula, aunque la posibilidad pierde fuerza por los reiterados escándalos del jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y su delicada situación judicial. Ahora que Pino Solanas ha deslizado que podría acordar con Elisa Carrió –que tildó de “gerentes” a los radicales–, la cabeza del tipo común no logra descifrar qué está pasando. Se supone –insisto, se supone– que debe haber coherencia ideológica a la hora de pensar en política. ¿Se imagina, lector, a un izquierdista ateo militante aliado a Lilita, ex radical, defensora de las corporaciones mediáticas, fervorosa católica? Difícil, ¿no?
En el caso de los radicales pasa algo similar. En la hipotética situación de que Julio Cobos le gane la interna a Ricardo Alfonsín –hoy poco menos que imposible–, ¿cabría una alianza con los socialistas? ¿Cobos, el que le dijo no al aumento de las retenciones a los sojeros, compañero de fórmula de un socialista? Igual, al Cleto de la gente pareciera importarle poco eso de las fórmulas.
Especulemos con que la candidatura a presidente recae en Ricardo Alfonsín. ¿Además de ser el hijo de Raúl, alcanza para gobernar ser buen tipo? Porque eso es lo que transmite: portación de apellido y cara de bonachón. En el caso de que Alfonsín encabece la fórmula, ¿hay espacio en el radicalismo, aún dolido con Cobos, por su afiebrado pase al kirchnerismo en el 2007? ¿Lo dejarán pasar? ¿No les provocará úlcera a miles de radicales un cartel con las fórmula Alfonsín-Cobos? Duro panorama.
Volviendo al PJ disidente, el choque de egos y vanidades atenta contra cualquier posibilidad de acuerdo civilizado entre sus integrantes. Además, son bastante impresentables. Veamos sus chances para la Presidencia.
Eduardo Duhalde: las encuestas, el sentido común de los ciudadanos le dan la espalda y el vergonzoso: “El que depositó dólares, recibirá dólares”.
Francisco de Narváez: es colombiano.
Carlos Reutemann: su tibieza exaspera.
Felipe Solá: ultramenemista, ultrakirchnerista, ultradisidente, o sea.
Mauricio Macri: no es peronista y tiene más problemas que Victoria Vanucci y el Ogro Fabbiani.


¿y por casa? En nuestra querida Mendoza, la reserva institucional de la República, las fotos imposibles se repiten una tras otra. No vamos a ahondar en el papel que ha encarnado el vice Cristian Racconto, atentando contra la Constitución provincial al tornarse opositor de su propio Gobierno, haciendo la gran Cobos, pero sí nos interesa remarcar, otra vez, como lo han hecho varios analistas mendocinos, el papel lamentable que está haciendo el PD.
Primero fue Felipe Solá el que “desvirgó” la sede partidaria al ser, según algunos gansos horrorizados, el primer peronista en entrar a la coqueta casona de calle Sarmiento. A los pocos días le tocó el turno a Adolfo Rodríguez Saá (sí, leyó bien), y hoy o mañana sería el turno de Eduardo Duhalde.
O sea, el desconcierto ideológico y político de los demócratas mendocinos los hace estar en alquiler, al mejor postor.
Por el lado del radicalismo puro y del cobismo, las cuestiones no están mucho más claras. La desconfianza marca todas las charlas, análisis y mitin de los seguidores de Alem. Es que las traiciones, algunas muy gruesas, pesan a la hora de proyectar un futuro juntos.
Finalmente, el oficialismo local no da pie con bola, y ya se está pensando en el dirigente a “sacrificar” en los comicios a gobernador del año que viene. Pero no todo está dicho. En el 2007, sólo un milagro podía hacer que Celso Jaque le ganara a César Biffi, y el milagro se dio. El año que viene se repetirá el panorama desolador para el PJ local. Pero, como ya lo dijo un español, “la política es el arte de lo posible; para lograrlo hay que intentar muchas veces lo imposible”.

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