De qué se trata

Según una máxima del periodismo, una noticia tiene que contestar cuatro preguntas: Qué, Quién, Dónde y Cuándo (What, Who, Where, When). Se trata de la teoría de las cuatro W. Pero si queremos ir más allá, tenemos que responder la quinta W: Por qué (Why). Esa es la idea. Bienvenido.

17 de junio de 2010

Hoy, más que nunca, todo tiene que ver con todo

El correctísimo y light periodista Pancho Ibañez acuñó una frase de esas que sirven para decorar cualquier conversación. Decía –o quizás sigue diciendo– “todo tiene que ver con todo”.
A continuación, usted, lector, nos va a acompañar en un camino complicado, con ausencias intencionadas y de las otras, con puentes más sólidos que otros, con personajes muchos más presentables que otros. Pero la idea es reflexionar en qué momento histórico estamos, cómo nos relacionamos con él –si es que lo queremos hacer– y quiénes están, y por qué, detrás de tal o cual cuestión de interés público. En definitiva, vamos a demostrar que “todo tiene que ver con todo”.
relaciones y peligros. El dato de la semana fue la revocatoria de la Corte Suprema de Justicia de la Nación a la suspensión total de la Ley de Medios de parte, primero, de una jueza federal de primera instancia de Mendoza, y luego por la Cámara Federal de Apelaciones también de nuestra provincia.
A fines del año pasado, luego de que la norma que remplaza a la Ley de Radiodifusión de la dictadura fuera aprobada por mayoría absoluta por ambas cámaras del Congreso, el diputado nacional mendocino Enrique Thomas, del cobismo-peronismo disidente, presentó un amparo ante la jueza federal Olga Pura Arrabal aduciendo vicios de reglamento en el tratamiento. La magistrada suspendió la ley en su totalidad. La Cámara Federal de Apelaciones local, integrada por Julio Petra, Otilio Romano y Alfredo López Cuitiño, confirmó la decisión.
Veamos las relaciones: Thomas fue absoluta y políticamente funcional a los opositores de la Ley de Medios; fue a cuestionar en la Justicia haber perdido en el Congreso; acudió a una jueza de quien se habla mucho en los Tribunales Federales, quien, a su vez, acudió a la Cámara Federal de Apelaciones, integrada por magistrados cuestionados por haberle sido funcional a la dictadura; la Cámara es presidida por Romano, de cercana relación con el jefe nacional de los radicales, Ernesto Sanz, quien, a su vez, disfruta de las bondades que le da el grupo de medios que resiste la ley y por ser opositor al Gobierno nacional.
Volvamos a Thomas. Se trata de un legislador devoto del vicepresidente opositor Julio Cobos e integrante del Peronismo Federal (o disidente), esa facción del peronismo de derecha –a pesar del “socialista” De Narváez– que integran, justamente, el millonario colombiano, el ex menemista y ex kirchnerista Felipe Solá, Eduardo Duhalde –Ibrahim al Ibrahim, Cabezas, Yabrán, 99, pesificación asimétrica, amnistía para torturadores y asesinos–, Juan Carlos Romero (¡bue!), el dubitativo Carlos Reutemann, el también millonario Ramón Puerta y otros varios impolutos dirigentes, de esos que tomaron las banderas históricas del peronismo y las pisotearon y las pisotean con el norte ideológico de la restauración conservadora, nutrida de la línea política que dominó el curso de la triste historia de aquellos cercanos años 90.


por ahí no, enrique. El diputado Thomas se limitó el martes a enviar un comunicado en el que, entre otras cuestiones, dice: “La celeridad con que el máximo tribunal ha resuelto un asunto de tamaña complejidad es, cuanto menos, llamativa. Pero abrigo la esperanza de que estos plazos sean los nuevos tiempos de ejecución de la Justicia; de ser así, redundará en un beneficio sustantivo para aquellos que, ante reclamos de menor impacto comunicacional, tuvieron que aguardar por años sus resoluciones o aún esperan”. Es interesante cómo el cobista-peronista tira un manto de sospecha sobre la Corte nacional, con la sutil expresión “llamativa”, en relación al poco tiempo que tardaron los supremos en resolver la cuestión.
Pequeño consejo para Thomas: no es inteligente repetir los argumentos que se utilizaron durante los 90 y el principio de esta década para cuestionar a la Corte. No estamos ante impresentables como Julio Nazareno o Eduardo Moliné O’Connor. Los actuales supremos son intachables –al menos en su gran mayoría–, tienen prestigio internacional y sus postulaciones son la única cosa atinada que le reconocen los “crispados” opositores fundamentalistas –políticos y periodistas– a Néstor Kirchner.
Dejar en el aire de parte de Thomas la idea de que estamos ante una Corte que responde al gobierno de turno, como sí pasó sistemáticamente durante las gestiones del riojano, es un error político grave. Si insiste con este argumento, más de un jefe de Thomas –tiene varios– lo van a dejar solo.
aclaremos algunas cosas. La noticia que acaparó la atención de casi todos el martes sirve para refrescar algunos conceptos que los medios que más penetración tienen en todo el país no destacan, justamente, porque los perjudica económicamente. Nada tiene que ver la calidad de los contenidos periodísticos con la oposición a la Ley de Medios. Se trata, como casi todo, de una pelea por dinero, por recursos, por poder de presión y más y más negocios.
La ya no tan llamada Ley de Medios K –era un despropósito que hasta los talibanes antinorma terminaron comprendiendo– se gestó luego de más de 25 años de trabajo, debates, propuestas, comparaciones con leyes de otros países. El proyecto que llegó al Congreso se elaboró en base a los 21 puntos centrales que fueron delineándose desde la vuelta de la democracia con la intención de remplazar la ley de la dictadura. El Gobierno nacional, que envió el proyecto al Congreso, luego de varias observaciones, le realizó más de 200 modificaciones, entre ellas, excluyó a las telefónicas como posibles operadoras de medios electrónicos.
Los cuestionamientos a la ley –que pasó por el Congreso por amplia mayoría, repetimos– vinieron de los monopolios mediáticos y de sus falderos políticos, que no comprenden que defienden hoy a quienes les pueden cortar la cabeza en un tiempo no demasiado lejano.
Quienes son hoy aliados –empleados– de las grandes corporaciones tienen un margen de maniobra limitadísimo, digitado y siempre puesto al servicio de la contraprestación por la generosa difusión de sus actividades, declaraciones y opiniones. Un panorama de dirigentes devolviendo favores es lo peor que le puede pasar al país en los próximos años, pero es lo que se viene. ¿Quién fogonea desde las sombras a Julio Cobos, a Mauricio Macri, a De Narváez, a Thomas? Triste pero real.

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