De qué se trata

Según una máxima del periodismo, una noticia tiene que contestar cuatro preguntas: Qué, Quién, Dónde y Cuándo (What, Who, Where, When). Se trata de la teoría de las cuatro W. Pero si queremos ir más allá, tenemos que responder la quinta W: Por qué (Why). Esa es la idea. Bienvenido.

6 de mayo de 2010

Debatir para cambiar, a pesar de algunos

La semana que termina es una buena semana. Claro que para adherir a esta afirmación hay que estar de acuerdo con algunas cosas que han pasado en los últimos días, que, a criterio de este cronista, son muy positivas. Veamos.


la dictadura que nos persigue. Meterse de lleno con los colaboradores y cómplices civiles de la última dictadura militar era una cuenta pendiente de la democracia. Luego de la detención, el martes, del ministro de Economía emblemático del Proceso, se avanzó en ese sentido.
José Alfredo Martínez de Hoz es el responsable histórico, sin ningún lugar a dudas, de la debacle argentina que devino luego del golpe de Estado de 1976 y cuyas consecuencias, dolorosísimas, aún seguimos pagando.
El ex ministro fue detenido por el secuestro de un empresario y su hijo a finales de los 70, situación que hará que la sociedad argentina vuelva a recordar qué hizo este personaje nefasto y el modelo económico que impuso a sangre y fuego.
Se trata nada menos que de eso: mantener viva la memoria colectiva y la referencia histórica, para aprender de los errores, estar alertas ante las deseadas reivindicaciones (conservadoras) y leyes de amnistía; para no confundirnos con discursos interesados que nada, absolutamente nada, tienen que ver con el bien común.
La inminente resolución de la causa por apropiación de niños en la que está involucrada la titular del Grupo Clarín, Ernestina Herrera de Noble, es otro dato positivo, que va en el mismo sentido: no olvidar, exigir justicia y crearnos un marco histórico referencial que nos ayude a no tragarnos sin masticar las versiones interesadas sobre el tema.
Párrafo aparte para la Ley de Medios, disputa en la que Mendoza ha tenido un rol central.
La resolución de la validez o no de la norma, aprobada por amplia mayoría por ambas cámaras del Congreso de la Nación, está en manos de la Corte Suprema de Justicia de la Nación.
Estamos ante otro hecho histórico: la ratificación o no de una ley que viene a remplazar una “legislación” de la última dictadura, reclamada por diversos sectores desde la vuelta a la democracia, y que ningún gobierno democrático, ni siquiera el de Néstor Kirchner, se atrevió a cuestionar. Celebramos que se haya avanzado, que haya ley de la democracia y que una Corte con prestigio defina su aplicación o no.
Otra cuestión relacionada –en la política argentina de hoy, todo tiene que ver con todo– es la presentación, por parte del diputado y banquero cooperativo Carlos Heller, de un proyecto de ley que busca sustituir la “ley” de entidades financieras –oh, coincidencia– de la dictadura.
Volviendo a Martínez de Hoz, a Herrera de Noble, a la Ley de Medios y a las resistencias a estas transformaciones, a los interesados en que nada cambie no les hace ninguna gracia que todo el círculo se vaya cerrando en torno a la dictadura, al modelo económico y a “leyes” claves que lo único que hicieron fue concentrar la riqueza a niveles escandalosos, situación que se llevó al paroxismo bajo las presidencias de Carlos Menem.
De eso se trata, de detectar el metamensaje detrás del mensaje, que suele esconderse bajo palabras como “crispación”, “diálogo”, “consenso”.


debate profundo. Con cabal conocimiento de la situación, este cronista sigue con interés los debates que se dan entre periodistas sobre el papel actual de los medios de comunicación, principalmente nacionales y con intereses empresarios muy concretos.
Dese hace algún tiempo, y en relación con la Ley de Medios, ha ido creciendo un quiebre muy profundo en la corporación periodística.
Los últimos acontecimientos –afiches anónimos criticando a periodistas opositores– y el “juicio” que realizaron Madres de Plaza de Mayo en contra de periodistas colaboracionistas de la dictadura –sí, otra vez–, caldearon los ánimos puertas adentro del “gremio”.
Algunas declaraciones poco felices de periodistas que cuentan con prestigio nacional en referencia a una escalada de violencia inédita en democracia y los peligros de estar a las puerta de un modelo fascista de gobierno (¿?) han abierto una brecha importante con otros que no ven –no vemos– lo mismo.
Dice Roberto Caballero en la última edición de la revista Veintitrés, de la que dejó de ser director: “En 20 años de oficio, nunca vi tanta histeria. La nueva Ley de Medios dividió aguas. Parecería que de un lado están los probos y del otro, los mercenarios. La verdad es que hay de todo en todos lados. Si me preguntan, les diría que no me gusta ver a tantos viejos colegas señalados desde un afiche anónimo y me disgusta mucho más aún que la dueña del mayor holding mediático del país está sospechada de un delito horrendo como es la apropiación de menores. Es lo más honesto que puedo decir. Y, entre nosotros, entre ustedes y yo, tampoco creo que lo que diga o deje de decir tenga alguna relevancia: los periodistas no somos tan importantes”.
“Los periodistas no somos tan importantes”. Buena definición. Lo más cercano a la verdad es que, por oficio, estamos, los periodistas, expuestos a muchas pero muchas voces, las cercanas con nuestro pensamiento y las alejadas al máximo.
Y las cuestiones que estamos discutiendo como sociedad –vamos con la lista: Martínez de Hoz, modelo económico, Ley de Medios, regulación de las entidades financieras, apropiación de niños– nos hacen crecer.
Insistimos y alertamos sobre las voces de los que no quieren que nada cambie. A esos actores sociales les molesta que mucha gente sepa muchas cosas. Justamente, este tiempo histórico se diferenciará de los 90 por la discusión de temas de fondo. La contraposición es evidente, y eso molesta.
Ojalá no pase mucho para tener otra semana como esta que finaliza, con cuestiones centrales para debatir, analizar, tomar postura y avanzar, cambiar, siempre avanzar y cambiar.

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