De qué se trata

Según una máxima del periodismo, una noticia tiene que contestar cuatro preguntas: Qué, Quién, Dónde y Cuándo (What, Who, Where, When). Se trata de la teoría de las cuatro W. Pero si queremos ir más allá, tenemos que responder la quinta W: Por qué (Why). Esa es la idea. Bienvenido.

22 de abril de 2010

La dictadura se mete en tu casa y en la mía

Hace unas semanas, el ex presidente interino y omnipresente dirigente del PJ bonaerense Eduardo Duhalde hizo pública una propuesta insólita: declarar una especie de amnistía respecto de los acusados por delitos de lesa humanidad, militares que formaron parte de la última dictadura y que la Justicia, lentamente pero sin pausa, está investigando, juzgando y condenando.
El razonamiento de Duhalde –compartido por sectores reaccionarios que lo manifiestan y otros tantos que prefieren trabajar en silencio en favor de los asesinos y ladrones– se basa en que no se puede “vivir del pasado”, “revisar una y otra vez lo que pasó, actitud que genera divisiones entre los argentinos”.
Más allá de la clarísima apelación a la impunidad en el pensamiento del ex presidente, vamos a hacer un repaso grueso que demostrará lo vigente del tema, más allá de que algunos quieran, por todos los medios, “olvidar”.
Los estragos de la dictadura en todos, absolutamente todos, los ámbitos de la vida del país están vigentes aún a 34 años del golpe de Estado de 1976 y de casi 27 años del regreso de la democracia.
La dictadura está entre nosotros, los temas centrales que se debaten a nivel nacional y no pocos de los que nos afectan a los mendocinos están relacionados o son consecuencia directa de las acciones de los militares que usurparon el poder aquel 24 de marzo. Veamos.
deuda externa. En medio de la pelea entre Gobierno y oposición por el uso de reservas del Banco Central para pagar deuda pública se multiplicaron las voces que piden una revisión sobre la legitimidad de la deuda, cuyo crecimiento exponencial durante la dictadura la hace sospechosa de todo vicio.


medios de comunicación. Como nunca en la historia reciente del país se ha puesto de manifiesto el poder de lobby y presión de los medios de comunicación. Primero la Ley de Medios, que remplaza la legislación sobre medios electrónicos de la dictadura, y luego la discusión sobre la compatibilidad o no de que dos diarios sean dueños de la fábrica de materia prima de sus competidores pusieron sobre el tapete la relación grupos mediáticos-Estado.
Ambas cuestiones tienen su origen en la dictadura, cuando se elaboró y se puso en práctica la “Ley” de Radiodifusión y la empresa Papel Prensa fue confiscada a la familia de David Graiver y “vendida” a los grandes diarios de la época, entre ellos La Nación y Clarín.
Párrafo aparte para la fundada sospecha de que los dos hijos adoptivos de la titular del Grupo Clarín, Hernestina Herrera de Noble, serían hijos apropiados por la dictadura.


economía. Alfredo Martínez de Hoz, ministro de Economía de la dictadura, en una entrevista a la desaparecida revista 3 puntos, en octubre del 2002, indicó: “Domingo Cavallo y Carlos Menem fueron impulsores de los mismos principios que nosotros”, y se mostró satisfecho porque “profundizaron el modelo”.
Se ha escrito y opinado mucho sobre el modelo económico que se instauró en los 90, se ha dicho que se hizo todo lo que intentó Martínez de Hoz pero que por internas entre liberales y nacionalistas en los mandos militares no pudo avanzar todo lo que quiso, trabajo que terminó el tándem Menem-Cavallo en la década pasada.
No está de más recordar de qué se trató el modelo económico de la dictadura. Maria Seoane y Vicente Muleiro lo sintetizan magistralmente en el libro El dictador: “El plan era una reedición de las variantes ortodoxamente liberales: internacionalización de la economía argentina con sesgo agroexportador, apertura irrestricta al comercio exterior, drástica concentración de la riqueza, reducción del crédito a pequeñas y medianas empresas y endeudamiento externo. El plan era para un país con 10 millones de habitantes; sobraba la tercera parte y, sobre todo, los obreros industriales”. Justamente de eso se trató la Convertibilidad, con el agregado de la venta, la mayoría de las veces sin los pasivos y a precio vil, de las empresas del Estado.
El modelo estalló, literalmente, en el verano 2001/2002 y, aún hoy, el país está intentando recuperarse de esa política económica perversa. Se trató del período (1976-2002) en que se disparó la brecha entre ricos y pobres, se endeudó a Argentina a niveles increíbles y se destruyó el tejido social y productivo, registrando el país una desocupación y pobreza inéditas.
La vigencia de la discusión sobre cómo recuperar los niveles de bienestar previos al golpe son, aunque algunos no sean consciente de esto, la clave de la discusión política y económica de los últimos años hasta hoy.


ddhh. El último dictador argentino, Reinaldo Bignone, fue condenado el martes a 25 años de prisión. En un discurso de manual, para quienes reivindican la dictadura, basó su defensa en la ridícula teoría de la guerra entre dos bandos equiparables: el Estado, en manos de los militares, y los grupos guerrilleros.
Además, basó la discusión sobre los delitos de lesa humanidad de él y sus secuaces en diferencias cuantitativas. Hubo desaparecidos, pero 8.000, no 30.000 como dicen los organismos. Hubo bebés robados, pero no 500, como calcula la Justicia, sino 30 (las Abuelas ya llevan recuperados 101 nietos). Esas cosas dijo Bignone, y puso en el centro de la escena, otra vez, no sólo los horrores de la dictadura, sino también las inverosímiles e insultantes justificaciones que por ahí se repiten. Algunos lo hacen con una ignorancia exasperante y otros, con la sapiencia del que miente para que algo quede.


el pasado es presente. En este rápido e incompleto relato está claro que no hay posibilidad de que haya una amnistía, un “olvido” colectivo, una vuelta de página respecto de la última dictadura militar, que todos los días y por los temas más diversos nos afecta, se mete en nuestras casas, en las conversaciones que mantenemos a diario, en lo profundo de la mayoría de los problemas que acarreamos.
Es canalla, mentiroso e interesado hablar de perdón, de amnistía y de nuevo comienzo. Es peligroso ignorar lo que pasó y no juzgar, con todas las reglas de la ley, a los culpables. Es un ejercicio de grandeza como sociedad darles a los asesinos y ladrones las garantías que ellos les negaron a 30.000 argentinos.

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