De qué se trata

Según una máxima del periodismo, una noticia tiene que contestar cuatro preguntas: Qué, Quién, Dónde y Cuándo (What, Who, Where, When). Se trata de la teoría de las cuatro W. Pero si queremos ir más allá, tenemos que responder la quinta W: Por qué (Why). Esa es la idea. Bienvenido.

29 de abril de 2010

Anomalías del sistema

Los divorcios están de moda. Hablamos de los divorcios políticos entre dirigentes que se prometen seguir unidos en las buenas y en las malas. Pero esto es sólo una fantasía. Ha quedado demostrado.
Para muestra tenemos los casos de dos mendocinos que han decidido que el segundo lugar no es el suyo y han optado por romper con sus jefes, políticos e institucionales.
El último en dar el portazo fue el vicegobernador mendocino, Cristian Racconto, quien, cansado de ser ninguneado, decidió jugarse el todo por el todo y enfrentar a su gobierno. Dicen en el entorno de Celso Jaque que la postura del arquitecto tiene relación con su mimetización con Julio Cobos, su ejemplo a seguir.
Pero veamos de qué hablamos cuando una fórmula se rompe, sin los apuros cotidianos y dejando de lado las opiniones “doñarrosistas”.
“no me voy porque no puedo”. Primero analicemos al “mentor” de Racconto, Julio Cobos.
El ingeniero de la Sexta Sección ensaya siempre las mismas frases para justificar el no dejar el Gobierno nacional, al que pertenece, pero al que, al mismo tiempo, critica, socava, obstruye. “No es mi derecho renunciar”, “la gente me votó a mí”, “la gente me pide que no me vaya”, repite Cobos cada vez que alguien le pregunta.
Llaman la atención la excusas, por lo livianito del contenido, pero es algo habitual en las definiciones del ex mandatario mendocino.
Primero, sí tiene derecho Cobos a renunciar a su cargo. Chacho Álvarez es un ejemplo fresco de dignidad política. El tipo prácticamente desapareció de la escena política nacional pero ganó respeto, y hasta prestigio, insospechados por aquellos días, luego de que el gobierno de la Alianza se derrumbó.
La “gente” no votó a Cobos. Y esto es una afirmación que se basa en un dato de la realidad muy fácil de comprobar: no lo conocía nadie. Salvo en Mendoza y alguna provincia cercana era una figura decorativa en la invencible fórmula que encabezaba Cristina Kirchner en la elección general del 2007. Que Cobos haya accedido a la Vicepresidencia fue circunstancial; si en su lugar iba la Mole Molly, también llegaba al cargo.
La “gente” le pide que no se vaya. Y este es un tema muy profundo que apenas analizaremos. Esa misma “gente” que cita el vicepresidente es la que un día dice que Néstor Kirchner es un fenómeno y al otro, que lo quiere ver exiliado. Esa “gente” es la que votó a Cristina masivamente en el 2007 y a mediados del 2008 apoya al “campo”. Esa misma “gente” es la que pide en los almuerzos familiares de los domingos que se quemen las cárceles para que el Estado no gaste en los presos. Los ejemplos podrían ser muchos más.
La responsabilidad política de darse vuelta en medio de un proceso político al que se eligió apoyar –es que seducía mucho el despacho en el Senado y los viajes en avión– es exclusiva de Julio Cobos.
Como dijo esa noche de invierno cuando votó en contra de una medida de su propio gobierno, la Historia lo juzgará. Será así, seguramente, cuando en 50 o 100 años, un historiador busque el plan de gestión de la fórmula Cristina-Cobos y lea con sorpresa que ahí estaba contemplado el remplazo de la “Ley” de Radiodifusión de la dictadura por una norma democrática, cuestión que fue rechazada por el vicepresidente del gobierno que la impulsó. Dijo Cleto, como acá Racconto: “Yo apoyé un proyecto político que no se está cumpliendo”.
Las convicciones, si se las tiene, se defienden. Cobos se acercó a Néstor y a Cristina Kirchner cuando la imagen del entonces presidente marcaba récords de aceptación. Entonces era muy fácil. Y ese romance le costó la expulsión “de por vida” de la UCR. Cuando la imagen del binomio político se venía abajo de la mano del enfrentamiento con el “campo” y la batería de críticas desde los medios monopólicos, Cobos decidió dejar ese barco que había abordado invitado.
En fin, está claro que muchos no comparten este enfoque y ven en Cobos a una especie de prócer, defensor del sentido común, el diálogo, el consenso y enemigo de la “crispación”.
Complicado es para el arco opositor, que se ve gobierno a partir del 10 de diciembre del 2011, apoyar a un vicepresidente que se da vuelta. Es que sabe que una situación así no se le desea a gestión alguna, ni propia ni ajena, porque el trastorno político e institucional que representa es grave.


cristian, el arquitecto. El vicegobernador Cristian Racconto debería colgar en su oficina del Senado de la Provincia, una foto de Julio Cobos, pues se han mimetizado.
Hay diferencias entre ambos, por supuesto. Si Cobos es una caricatura institucional de lo que debería ser un vicepresidente, Racconto es, a su vez, una caricatura de aquella.
Como bien lo reflejó este diario el martes, recordando una entrevista del 2007, Celso Jaque eligió a Racconto como compañero de fórmula –a él sí que no lo conocían ni en su barrio– porque buscaba a alguien de afuera de la política, que entendiera las cosas de Estado como un vecino, un tipo común, un profesional de clase media que, supuestamente, tiene la llave del complicado pensamiento de la “gente”.
Se equivocó feo Jaque. Racconto es parecido a Julio Cobos en el punto en que es tan “tipo común” que actúa sin responsabilidad política ni institucional. En eso, los tan golpeados políticos –con razón en la gran mayoría de los casos– entienden cosas que el “tipo común” no. Por ejemplo la cuestión del manejo del poder y del Estado en particular.
Una fórmula la conforman dos dirigentes: el primero es el jefe del segundo, política e institucionalmente. Así de simple. Y el que tiene derecho a pedir la renuncia del segundo es el primero. El segundo, a su vez, tiene la obligación de irse si no está de cuerdo con el primero, el jefe.


puñalada al alma peronista. Dos diferencias importantes entre Julio Cobos y Cristian Racconto.
En primer lugar, el vicepresidente hizo efectivo su distanciamiento con su gobierno votándole en contra; el vicegobernador no pasa de una batería de declaraciones insólitas.
“El que gana, conduce y el que pierde, acompaña”, es una de las tantas máximas del movimiento. Si bien Racconto no está afiliado al PJ, no llegó en representación de otro partido. Esta es la segunda diferencia con Cobos. El justicialismo –que en los últimos tiempos ha decidido apoyar explícitamente al gobierno de Celso Jaque– está dolido. Hay decenas, por no decir cientos de dirigentes con ADN peronista, que harían lo que fuese por ser vicegobernadores. Ven a Racconto como un usurpador, una criatura que creó Jaque y que se le fue de las manos.


anomalías del sistema. El desprestigio en el que cayó la política a partir de los 90 y con la crisis del 2001/2002 tiene relación con lo que hoy vivimos. En vez de depurar el sistema político desde adentro, con personas que sienten la actividad política y la administración de lo público como una pasión, se optó por “extrapartidarios”. Fue como remplazar los jugadores de un equipo de fútbol que juega horrible, con redactores de un diario. Las instituciones crujen con estas anomalías en el sistema –Cobos, Racconto–, a pesar de las voces a su favor siempre e indefectiblemente interesadas.

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