De qué se trata

Según una máxima del periodismo, una noticia tiene que contestar cuatro preguntas: Qué, Quién, Dónde y Cuándo (What, Who, Where, When). Se trata de la teoría de las cuatro W. Pero si queremos ir más allá, tenemos que responder la quinta W: Por qué (Why). Esa es la idea. Bienvenido.

22 de julio de 2008

La pelea de fondo

“Cobos y los pusilánimes que priorizaron sus hectáreas, sus chacras, la tranquilidad del vermucito y la siesta cuando vuelven al pago, la defensa falsa del funcionamiento institucional para que la coreografía periodística los ampare, traicionaron acuerdos políticos de circunstancia. Fueron infieles pero no desleales. Debajo de la superficie –o bien arriba, en realidad– respetaron a rajatabla su cuadro de valores ideológico: no apartarse jamás de los que estarán siempre, de los que tienen la plata del poder verdadero. Los demás van y vienen, llámense Kirchner o como sea. Los Llambías y los Miguens no. Ellos están siempre. Ellos y el tilingaje que quiere ser como ellos y nunca lo será. Los pobres y el medio pelo que piensan con la cabeza de los ricos son el reaseguro de esta gente”. El contundente párrafo anterior lo escribió Eduardo Aliverti ayer en Página/12. Y nos da las puntas para desarrollar lo que sigue.
El desenlace del conflicto con los empresarios del campo deja muchísimo para analizar, pero elegimos dos puntos fundamentales: por un lado, el papel del hoy mendocino más famoso, y por otro, la derrota de una iniciativa de fondo, de cambio verdadero, que no se supo comunicar o que los afectados, poderosísimos, supieron contarla de cierta manera para que muchos argentinos, incluido el vicepresidente, no entendieran de qué se trataba. Veamos.
el voto de cleto. Julio Cobos es más radical que Roberto Iglesias. Lo demostró el jueves. Le guste a quien le guste, a Cobos no le corresponde ir en contra de su propio Gobierno, que fue elegido en las urnas pero que debe funcionar, como cualquier gestión, jerárquicamente. Cobos llegó al cargo de la mano de Cristina Kirchner. ¿No se pusieron colorados el vice o sus seguidores cuando dijeron que el pueblo lo votó a él en octubre? ¿A alguien en sus casillas se le puede ocurrir esto? Parece que sí, porque lo dijeron, burlándose de la inteligencia colectiva y del voto popular. Bien lo dice también Aliverti en la columna citada cuando critica a los grandes medios nacionales –Clarín y La Nación– que crucificaron a Borocotó por pasarse al kirchnerismo y ahora tratan de héroe nacional a Cobos, quien votó contra su gobierno y su jefa política. Insólito.
Pero de cuestiones inentendibles vivimos los argentinos. Algunos ejemplos a tener en cuenta: Cobos votó en coincidencia con Carlos Menem y Adolfo Rodríguez Saá. Apoyó la postura de los radicales que los echaron del partido. Votó en contra del sector político al que se pasó y por lo que fue expulsado de su partido. Votó en contra de beneficios significativos a pequeños productores que estaban contenidos en el proyecto de ley oficial de las retenciones móviles. Votó en coincidencia con el macrismo, con los legisladores de Carrió, con los representantes que responden a Reutemann y a De la Sota. ¿Qué indica todo esto? Que Cobos, como él mismo lo dice con orgullo, es un tipo como cualquiera, vecino ingeniero de la clasemediera Sexta Sección, un hombre común. Es el vivo reflejo de la esquizofrénica clase media argentina, esa que apoyó el golpe del 76, la aventura de Malvinas, la que votó y luego dejó caer a Alfonsín, la que se inclinó por Menem dos veces, la que entronizó a De la Rúa, la que festejó las ideas de Cavallo, la que echó luego a Cavallo, la que hizo ganar otra vez a Menem en el 2003... Y la que votó a Cristina en octubre y se queja de su “tono”, de su “soberbia”, de su falta de diálogo. Es esa misma que festejaba, entre viaje y viaje, las “locuras” de un líder “carismático” como Menem, que utilizaba un tono adecuado y que no era soberbio, que sacaba rédito de su cantito provinciano y que llevó adelante el saqueo sistemático del país e hizo posible la enajenación de los bienes del Estado argentino en tiempo récord y casi sin oposición.
Cobos es muy radical. Su anhelo es volver a las filas de la UCR, según le dijo a El Sol la noche del jueves, en La Paz, cuando saludó, cual héroe deportivo, a la gente que lo esperaba a la vera de la ruta –esta vez, sin cortarla–. Si le preocupa tanto a Cobos la opinión de sus hijas, ¿cómo les va a explicar que se fue de la UCR para construir un modelo de país al que le votó en contra? ¿Qué le va a decir a los cientos de radicales que se fueron con él cuando entre otra vez, como figura nacional, al Comité de la calle Alem? ¿Cómo mirará a los ojos a aquellos que los expulsaron de la UCR? ¿Debatirá en el corto plazo la conformación de las listas radicales para el 2009 o el 2011 con Iglesias, con el Viti Fayad, con Eduardo Cicchitti? Jodido estar en los zapatos de Cobos.


los ganadores. Eduardo Buzzi es el titular de la Federación Agraria Argentina. Es el único de los cuatro presidentes de las agrupaciones del campo que ha pedido, luego del jueves de gloria, seguir negociando una política agropecuaria nacional. Es el único porque los pequeños y medianos productores a los que él representa se quejan de que con la anulación de la resolución 125 perdieron beneficios sustanciales que les había dado el Gobierno con una finalidad política: quebrar el bloque rural que unía a grandísimos terratenientes, grupos económicos con intereses en la soja –como Clarín–, a propietarios que alquilan sus campos –como Alfredo de Ángeli– y a pequeños y medianos productores. Ahora la situación se contrajo al 7 de noviembre y los grandes están chochos. Las retenciones tienen como máximo 35 por ciento para la soja y menos para el maíz y el trigo, entre otros, independientemente del precio internacional de cada producto. Están satisfechos los grandes. ¿Para qué se van a poner a negociar con el Gobierno, al que derrotaron, cuestiones insignificantes como subsidios al transporte para los productores pequeños que están lejos de los puertos o mejoras laborales para los peones, si el objetivo ya lo lograron?
La esquizofrenia argentina no tiene límite. Hace apenas dos meses, el “campo” cortó las rutas del país y provocó desabastecimiento de alimentos y el consiguiente aumento de precios. Comerse un asado era milagroso por esos días. El Gobierno de Mendoza debió gestionar la llegada de medicamentos vía aérea. Las imágenes de la leche derramada a la vera de los caminos nos impactaba. Pues bien: así impusieron los tipos poderosos sus ideas, que siempre fueron las mismas, desde tiempos inmemoriales, y se pueden resumir en estas pocas líneas: el Estado no se mete, los negocios los manejamos nosotros; si ganamos más exportando, vamos a exportar todo lo que podamos, pagando, si queremos, retenciones de 35 por ciento, y “el que quiera comer lomo que lo pague 80 pesos el kilo”; el pueblo es ignorante, se equivoca cuando vota, y nosotros podemos quebrar las decisiones de un Gobierno que fue electo hace pocos meses con 46 por ciento de los votos; tenemos un negocio redondo y no permitiremos que nuestras ganancias, altísimas, sean alcanzadas por un gobierno determinado; generamos muy poco empleo y apostamos al país agroexportador, apostamos a vender al extranjero materias primas que no tienen valor agregado, porque hacer inversiones industriales –y dar empleo– es muy arriesgado; en otras épocas, no eran los partidos ni los dirigentes de derecha el mejor aliado, entonces, acudíamos a los cuarteles.


reconstrucción. El Gobierno de Cristina Kirchner acaba de comenzar. El planteo de las retenciones quizás fue torpe y el manejo del conflicto también. Lo cierto es que otra vez ganaron los que siempre ganan, los que mantienen una renta astronómica, los que nunca apostaron al crecimiento armónico del país, los que poco les importa el hambre del norte o las penurias de la Patagonia. A esto se suma un arco político decadente de dirigentes que fracasaron sistemáticamente y la “borocotización” de un mendocino que le dio la espalda al proyecto político que lo llevó a ser vicepresidente de la Nación y quien ahora “anhela”, pese a Gerarlo Morales, volver al radicalismo, ese partido que no sabe gobernar y que supo destacarse –ya no– por ser una oposición seria.
Como conclusión queda que la sociedad argentina, que se cree que sabe de los grandes temas y a la que le molesta la “soberbia” y el “tono”, no supo ver la pelea de fondo que se daba y quiénes eran los quejosos. Esto tampoco lo entendió Cobos.

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