De qué se trata

Según una máxima del periodismo, una noticia tiene que contestar cuatro preguntas: Qué, Quién, Dónde y Cuándo (What, Who, Where, When). Se trata de la teoría de las cuatro W. Pero si queremos ir más allá, tenemos que responder la quinta W: Por qué (Why). Esa es la idea. Bienvenido.

7 de septiembre de 2003

9) Fuga de cerebros: la UNCuyo quedó vacía

9) Fuga de cerebros: la Universidad quedó vacía

Por Pablo Icardi

El ambiente que había en la Universidad Nacional de Cuyo le hacía intuir al profesor René Gotthelf que algo iba a pasar ese día de marzo de 1976. Lo interrumpieron en medio de la clase de Metodología de la Investigación, en la Facultad de Filosofía y Letras, y media hora después estaba fuera de la UNCuyo. “Ese día volví al aula y terminé la clase como si no pasara nada. Pero después nunca más pude entrar. De hecho, no pude dedicarme más a dar clase ni a la investigación y tuve que ponerme un negocio”, cuenta René hoy, ya de vuelta en la vida académica y a cargo de la Editorial Universitaria (Ediunc).
Uno de los daños más graves que se produjo en la etapa de la dictadura fue el retraso a nivel educativo. Se sintió en todos los niveles, pero en la universidad se notó más por la imposibilidad de investigar, de discutir ideas y por la fuga de cerebros.
Más de 270 docentes e investigadores fueron expulsados y quedaron aulas vacías. Algunos debieron dejar la vida académica de golpe para dedicarse a otra cosa. Otros tuvieron que emigrar del país y muchos de los principales intelectuales de esa generación no volvieron nunca más. Es el caso de Carlos Basán, Enrique Dussel, Oward Ferrari y Sara Malvicin de Bonardel, entre otros, que hoy son prestigiosos académicos en otros países.
Para los que se quedaron la vida no fue fácil. Desde 1975 se produjeron atentados, secuestros y torturas a docentes y alumnos. Las facultades que más sufrieron fueron la de Filosofía y Ciencias Políticas, que quedaron casi vaciadas. La carrera de Sociología se transformó en posgrado (pero nunca se implementó), Ciencias Políticas pasó a ser Administración y a nivel provincial se cerraron las carreras de Periodismo, Antropología y Psicología.

Sin contenidos

El daño caló hondo en la Universidad Nacional de Cuyo. Desde 1973 se había gestado un proceso de cambio único. Se buscaba lograr un modelo democrático, eliminando el sistema de cátedras y con espíritu latinoamericanista. El proceso era impulsado por un grupo de 57 docentes entre los que estaba la actual rectora, María Victoria Gómez de Erice, y el filósofo Arturo Roig, gestor de ese modelo como secretario académico. Políticamente ese movimiento estaba identificado con la izquierda peronista, pero había convivencia con otras fuerzas.
“Eramos jóvenes que pensamos una universidad distinta. Luego de la llamada Misión Ivanisevich muchos se tuvieron que ir y nuca más volvieron. Fue una época marcada por la intolerancia. y sin discusión de ideas no puede haber conocimiento”, dijo Gómez de Erice, que luego de ser expulsada de la UNCuyo debió trabajar, entre otras cosas, como guía de turismo.
En 1975 se produjo “el derechazo”, como hoy le dicen, con la llamada Misión Ivanisevich. Desde ese momento comenzó la persecución oficial contra “la subversión”, que a la luz de los ojos del rector Otto Burgos, encargado en Mendoza de llevar adelante la misión, era toda persona que pensara distinto. Allí se armaron las primeras listas negras y se expulsaron docentes. “En todo el proceso se produjo un retraso cultural impresionante. Se perdieron algunos de los grandes pensadores del país”, dijo Arturo Roig, quien debió dejar la UNCuyo en ese momento y se convirtió, exiliado en México y luego en Ecuador, en uno de los principales filósofos del continente. A nivel estudiantil también existía una fuerte y violenta pelea.
Desde marzo de 1976 se formalizó la tendencia represora. Las fuerzas armadas llegaron a la UNCuyo, el comodoro Héctor Eduardo Ruiz tomó la posta del rectorado y se puso un oficial en la puerta de cada facultad. Incluso el dictado de clase era controlado por oficiales dentro de las aulas, se disolvieron todas las organizaciones políticas estudiantiles y la mayoría de los dirigentes fue encerrada en cárceles y centros clandestinos de detención.
El nuevo modelo de universidad era, según se decía, “argentino, occidentalista y cristiano”, manejado, claro está, bajo el mando militar y no académico. Entre otras cosas, se había prohibido cualquier tipo de reunión o participación política. Los libros que hablaran de ideología, o que “pudieran contaminar” la mente de los estudiantes fueron sacados de las bibliotecas. Obviamente, los hombres no podían tener barba ni las mujeres maquillaje.
Pero hubo algunos detalles que se les escaparon a los militares gracias a la falta de formación intelectual. “Mientras daba clase había un militar que controlaba. El marxismo estaba prohibido y en clase hablábamos de marxismo, como el militar no entendía nada, no se daba cuenta”, contó el antropólogo Luis Triviño, quien estaba en una lista negra, pero se salvó de ser expulsado. La segunda etapa del control de la dictadura en la UNCuyo estuvo a cargo de Pedro Santos Martínez, quien avaló todo lo actuado anteriormente. La tercera etapa estuvo liderada por Enrique Zuleta Álvarez.

No hay comentarios:

Publicar un comentario